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"Es imposible predecir cuándo habrá una vacuna contra el sida"

Es vicepresidente para Europa de la Iniciativa Internacional para una Vacuna contra el VIH/Sida (lAVI) lleva seis años trabajando a favor del desarrollo de una vacuna preventiva contra la infección por VIH/Sida

Por: ANTONIO GONZÁLEZ

18/10/2007 20:10:00

Frans van den Boom trabaja desde 2001 en el desarrollo de una vacuna preventiva que frene la epidemia de VIH/sida en los países en vías de desarrollo. Con una amplia experiencia en otros campos de la salud, como los trastornos mentales o las enfermedades crónicas, el vicepresidente de los programas europeos de la Iniciativa Internacional para una Vacuna contra el VIH/Sida (lAVI ) desarrolla su labor bajo la convicción de que es esencial la colaboración de los países más afectados y el apoyo del mundo occidental si se quiere conseguir resultados en el futuro. El científico holandés prefiere no jugar a vaticinar cuándo podría ser una realidad la vacuna contra la infección, una auténtica lacra en los países africanos, entre otros lugares del mundo.

La iniciativa se centra en países en vías de desarrollo, ¿por qué?

Los efectos de la epidemia del sida son mucho mayores en estos países y los esfuerzos para la creación de la vacuna se han centrado en ellos. Es esencial asociarnos y crear alianzas con los países más castigados por la pandemia.

¿Cuáles son los beneficios de trabajar con estos países?

Es muy importante colaborar desde el principio, implicando a las comunidades locales, trabajando sobre el terreno, de forma que al avanzar hacia fases más avanzadas de investigación se haya creado el clima necesario para conducir grandes ensayos clínicos.

Desde IAVI, se centran en la vacuna preventiva. ¿Cree que esta solución vendrá de África?

La solución vendrá de la colaboración esencial entre el norte y el sur. Aunque la mayor parte del trabajo de investigación clínica está teniendo lugar en países en vías de desarrollo, la investigación básica se está realizando todavía en el norte, aunque hay países en desarrollo, como Suráfrica o India, que cada vez se implican más. El esfuerzo debe ser global, la colaboración ha de ser global y ninguno de esos países podrá por sí solo hallar la solución a la pandemia.

¿Estamos lejos de alcanzar la colaboración económica ideal con los países desarrollados?

En los últimos 10 años, el horizonte ha cambiado drásticamente. Ahora, hay un interés creciente por parte de las compañías de biotecnología y la gran industria farmacéutica, pero necesitamos también atraer e involucrar a investigadores e iniciativas que no han estado trabajando en la vacuna del sida, aunque sí en las de otras enfermedades. En segundo lugar, es importante pensar en mecanismos de innovación que estimulen al sector privado para que invierta de forma significativa en enfermedades relacionadas con la pobreza.

Actualmente, hay 30 vacunas en fase clínica y en 2009 se esperan resultados de la primera de ella. ¿Es prometedora?

Tras la decepción general en la comunidad del VIH cuando se conoció el fracaso de la vacuna que preparaba la farmacéutica Merck, es muy difícil especular con lo que pueden ser los resultados de otros productos en desarrollo. El consenso es que, de haber alguna eficacia en este nuevo producto, sería parcial. Los datos hablarán por sí mismos.

Aunque no hay una previsión concreta sobre cuándo habrá vacuna preventiva, ¿no se puede jugar con algún horizonte temporal, a 20 ó 30 años?

No se pueden predecir los avances científicos que abren nuevos caminos, es imposible. En última instancia, los resultados van a depender de la perseverancia, de trabajar muy duro, de encontrar y persistir en las mejores ideas científicas y de conseguir esos avances de los que estamos hablando.

Sin embargo, todos damos por hecho que, antes o después, la vacuna contra el VIH/sida será una realidad...

Desde luego, hay un consenso general en que la vacuna es posible.

¿Por qué está tan seguro?

Sabemos que los monos pueden ser protegidos del virus de la inmunodeficiencia simia y que la inmensa mayoría de personas infectadas controlan el virus por sí solas, sin tratamientos, durante varios años. Además, hay un grupo pequeño, pero significativo, de individuos que no desarrolla el sida en larguísimos periodos sin necesidad de antirretrovirales y mujeres trabajadoras del sexo que, pese a su exposición repetida al virus, nunca se han terminado de infectar.

¿Cómo se pueden aprovechar las lecciones que proporcionan estos casos?

Si consiguiéramos replicar uno o varios de esos mecanismos de protección, tendríamos una vacuna eficaz, pero hay que utilizar nuestra mejor ciencia para resolver esas preguntas que intentamos responder, para que la vacuna sea una realidad.

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