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Maruja Torres: "El desmantelamiento de 'El País' es un reflejo de la situación de España"

La periodista puso fin el jueves a una relación de más de 30 años con el diario del grupo Prisa. En su primer día fuera del diario afirma sentirse “más libre que nunca”. “Desde el ERE sabía que t

ALEJANDRO TORRÚS

La periodista Maruja Torres puso fin este jueves a una relación de más de 30 años con El País. Un día después, Torres asegura haber despertado con un pronunciado sentimiento de libertad. “Hoy, más que nunca”, afirma la columnista, que no se arrepiente de “absolutamente nada” de lo sucedido el  jueves en el despacho de Javier Moreno, director del diario. Aún tiene dos artículos dominicales pendientes de publicación que escribió hace 15 días. No duda de que serán publicados. “Parar las máquinas sale muy caro”, bromea Maruja Torres, a quien la decisión de apartarla de la sección de Opinión no le pilló por sorpresa. “Desde el ERE sabía que tarde o temprano me asestarían el golpe”, sentencia.

Maruja Torres, por su parte, decidió decir adiós al periódico que ha visto crecer. Lo hizo, asegura, con muchísimo dolor. Nada más entrar en el taxi rompió a llorar. Por los compañeros que quedan dentro, por la gestión actual del diario y por los grandes momentos que ha vivido entre sus paredes cuando “la actual dirección ni siquiera era estudiante del máster del diario”. Lo hace, no obstante, porque “no reconoce el diario” que cada mañana llega al kiosco. “Tengo a muchos compañeros dentro a los que quiero y respeto y hay mucha gente joven a la que están puteando mucho, que lo hacen muy bien y que trabajan con la lengua fuera. Pero esta carnicería no me gusta presenciarla”, asegura.

Su marcha, unida a la de Enric González y al ERE que llevó a cabo el diario hace unos meses supone para muchos el fin del reinado de un periódico que con sus editoriales, sus artículos de opinión y sus extensos reportajes permitían a la ciudadanía qué pensar y cómo hacerlo mientras tomaban el desayuno. El modelo tradicional de negocio periodístico se cae a trozos. Con él, o antes que él, también se desmorona el Estado que surgió de la Transición y que tomó como referente periodístico a El País.

El País es un reflejo de la situación de España pero en minúsculo”, afirma. “El periodismo refleja la sociedad a la que se dirige. Siempre es un espejo en el camino y el desmantelamiento que sufre España tiene su reflejo en el desmantelamiento de El País”. Para sustentar la afirmación, Maruja Torres expone los paralelismos: “El pensamiento único que se está imponiendo, la gente que se está expulsando del sistema y el miedo a que te puedan despedir por decir la verdad o por reclamar mejores condiciones laborales”. Un miedo contra el que Torres alienta a rebelarse. “Tenemos que alzar la voz, por el bien de España, por una parte, y del periodismo, por otra”.

La columnista identifica dos momentos que han llevado al diario del grupo Prisa a este punto de difícil retorno. Uno, la muerte de Jesús de Polanco. Día en el que la periodista, tras recibir la noticia mediante un mensaje, lloró a lágrima tendida. Primero por la pérdida de Jesús y segundo porque entendió que la marcha de Polanco suponía la desaparición del único freno que hasta entonces había conseguido parar a Juan Luis Cebrián, consejero delegado del diario. “Siempre pensé que Jesús sacaba lo mejor de Cebrián”, apunta.

Para llegar al segundo momento hay que retroceder a unos años antes de la muerte de Polanco, a la salida en bolsa del grupo Prisa. “El periódico comenzó a joderse cuando quisieron salir a Bolsa. Es decir, cuando empezaron a mear más alto del culo y quisieron quedarse con emisoras y querer abarcar más y más. Nunca pensé que un periódico pudiera hacer millonarios a unos pocos”, denuncia Torres, para quien el ERE no fue más que la estocada final para el prestigio del diario.

Por ello, lo ocurrido el jueves en el sofá del despacho de Javier Moreno fue la consecuencia lógica de la actitud mantenida hasta ahora por la columnista. Férrea defensora de sus compañeros, Torres denunció públicamente la mala gestión del diario que llevó a los despidos. El día que El País hizo público su ERE ella se encontraba en la Universidad Autónoma de Barcelona donde debía dar una conferencia a los estudiantes.

“Estaba hablando a los muchachos de la verdad y del periodismo. Por eso, cuando me preguntaron por la deriva de Cebrián y el diario no podía cortarme. Debía decir lo que pensaba y ser consecuente. Entonces dije lo que pienso de él, de su juego con la finanzas, del dinero que ha hecho El País y del agujero de 3.000 millones. Creo que no me perdonó que le llamara 'sardinita' de Wall Street” reflexiona.

La casualidad ha querido que su último artículo publicado en el diario antes de su discusión con Moreno, a falta de los dos dominicales, cargara contra “la gente de la cúpula”; “los ejecutivos de las grandes empresas y de los grandes bancos que se blindan los sueldos y las pensiones y los bonos”; y del “canalla que al saberse aupado por sus pares a la cresta del capitalismo caníbal ha perdido toda compostura”. No fue un artículo de despedida. Ella no sabía lo que, a la postre, sucedió en el despacho de Moreno. Pero Torres, como tantas otras veces, no guarda las pistolas con las que apunta: “Javier Moreno es el director de la ignominia”.

“Para mí ellos forman parte de la cúpula aunque, obviamente, no lo digo en el artículo porque es muy corto. No están abajo con nosotros. Es el lector el que debe decidir si los mete a ellos o no y todos tenemos nuestra cúpula encima del coco. Se trata de ver por donde la agrietamos”, afirma Maruja Torres, quien a pesar de la amargura de la despedida de la que ha sido su casa durante tantos años asegura marcharse contenta por haber conseguido retratar a la actual dirección del periódico. “La torpeza que han demostrado con el manejo de este asunto demuestra hasta que punto van a llevar mal el periódico”, vaticina.

Pero su adiós a El País no significa su despedida del periodismo. Torres seguirá escribiendo “mientras esté viva”. Aunque manda un aviso a navegantes. No volverá a escribir ni una sola letra en ningún medio tradicional ni tampoco en aquellos diarios digitales que funcionan como tal. “Esto necesita revolucionarse”, concluye.

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