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Koh Dong-jin, presidente de la Unidad de Negocio de Comunicaciones Móviles de Samsung, da explicaciones sobre la Galaxy Note 7 en Seúl. /REUTERS

Samsung ya conoce al culpable de las explosiones de las Galaxy Note 7

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La compañía coreana concluye que las baterías tenían dos fallos: su dimensión estaba mal calculada y hubo un defecto en el sistema de soldadura. La crisis le costó más de 4.800 millones de euros. El gigante tecnológico se compromete a mejorar la seguridad.

Ciencias

SEÚL (COREA DEL SUR).- La multinacional surcoreana Samsung ha desvelado este lunes datos de la investigación sobre los peligrosos incendios del modelo Galaxy Note 7 y ha confirmado que las baterías fueron responsables de esta avería que ha costado a la empresa más de 4.800 millones de euros.

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El responsable de la división de telefonía móvil, Koh Dong-jin, presentó en Seúl los resultados del análisis después de que durante meses la empresa guardara silencio sobre las causas del problema, algo que contribuyó a empeorar aún más su imagen tras el fiasco de estos dispositivos.

En todo caso, las conclusiones del estudio, realizado por Samsung y otras tres entidades (las consultoras estadounidense UL y Exponent, y la empresa alemana de inspección técnica y certificación TÜV Rheinland) descartaría la teoría de aquellos analistas que consideran que se exprimió hasta el límite el diseño del aparato. Así, la existencia de problemas de hardware o software que ruborizaran en mayor medida al mayor fabricante mundial de móviles quedarían aparentemente descartados.

"En estos últimos meses, junto a organizaciones independientes de expertos de la industria, hemos llevado a cabo una investigación exhaustiva para hallar la causa de los incidentes ocurridos con Galaxy Note7", ha afirmado DJ Koh, presidente de la Unidad de Negocio de Comunicaciones Móviles de Samsung Electronics.

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Durante el esperado evento, con el que la compañía surcoreana da el primer paso para recuperar la credibilidad tras el duro golpe que supuso la retirada del mercado de este terminal, Koh ha asegurado que las baterías contaban con "dos errores diferentes", procedentes de sendos proveedores escogidos para su fabricación.

De esta forma, explica que se produjo en primer lugar un fallo en el cálculo de las dimensiones de la batería, lo que derivó en la deformación de una de las esquinas superiores. Por este motivo, se provocaron cortocircuitos en algunas celdas y, como consecuencia, el sobrecalentamiento que hizo que algunos móviles se incendiaran.

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Los cerca de 700 ingenieros de los grupos de trabajo independientes que examinaron 30.000 baterías encontraron otro defecto en las baterías, en este caso en el sistema de soldadura de los componentes, tal y como ha indicado la compañía surcoreana, que ha retransmitido la rueda de prensa completa a través de la web.

Aumento de los protocolos de seguridad

El presidente de la Unidad de Negocio de Comunicaciones Móviles de Samsung Electronics ha expresado sus sinceras disculpas y gratitud hacia los usuarios del Galaxy Note7, las operadoras móviles, los 'partners' comercializadores y distribuidores y los socios de negocio "por su paciencia y apoyo incondicional".

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"Hoy, más que nunca, estamos comprometidos con ganarnos la confianza de nuestros clientes a través de la innovación que redefine lo que es posible en seguridad", ha agregado Koh, que pretende cerrar de esta forma uno de los incidentes más duros en la historia reciente de la compañía.

Basándose en lo que la compañía ha aprendido a partir de la investigación, Samsung ha anunciado la puesta en marcha de "una amplia variedad de procesos internos de calidad y seguridad" para mejorar la seguridad de sus productos, incluyendo protocolos adicionales como las medidas de seguridad en múltiples capas y la comprobación de la seguridad de las baterías en ocho puntos.

Terminales que se incendiaban

La crisis del Galaxy Note 7 arrancó apenas días después de que comenzara a venderse el 19 de agosto, cuando la compañía recibió reportes de baterías que se incendiaban durante el proceso de carga hasta el punto de anunciar una rellamada del producto el 2 de septiembre.

Tras ofrecer a los 2,5 millones de personas que habían comprado el "tabléfono" aparatos de reemplazo con baterías fabricadas por otro proveedor y que volvieron a dar problemas, Samsung decidió el 11 de octubre dejar de fabricar este modelo.

El suceso generó una pérdida operativa, según estimaciones de Samsung, de unos 6,1 billones de wones (unos 4.863 millones de euros/5.209 millones de dólares).

Para resarcirse, la empresa tiene por delante el lanzamiento de su nuevo teléfono de bandera, el Galaxy S8, y la presentación, mañana mismo, de sus resultados financieros de todo 2016, en los que se espera una notable recuperación de su beneficio operativo gracias a las mayores ventas de chips y pantallas.

Esto vendría a suponer un consuelo tras el fiasco del Galaxy Note y la implicación de la compañía en el escándalo de corrupción de la "Rasputina" que ha sacudido Corea del Sur.

Esto último llevó a la fiscalía a pedir la semana pasada una orden para detener al número uno del grupo y vicepresidente de Samsung Electronics, Lee Jae-yong, que finalmente no se materializó al ser desestimada por un tribunal, evitando el que habría sido un durísimo golpe para el conglomerado.

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