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Carli Slepoy, ejemplo de humanidad y lucha… Hasta siempre

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Opinión

Jorge Fonseca
Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

Ha fallecido Carlos Slepoy. Resulta muy difícil y duro escribir sobre una persona muy querida cuando se está partido por el dolor de su pérdida. Si esa persona es además alguien que ha hecho honor a la humanidad el dolor es más fuerte. Esa es la situación en la que escribo (escribimos, debería decir, todas las personas que le lloramos) estas líneas sobre nuestro amadísimo Carli, Carlos Slepoy, el grandísimo ser humano, el grandísimo defensor de derechos humanos. Carli es uno de los abogados que junto al juez Baltasar Garzón impulsó la Justicia Universal. Inició las causas contra los genocidas de la dictadura cívico-militar argentina dirigida por Videla,  que dieron lugar a  que se detuvieran en España a varios torturadores argentinos que fueron parte del aparato represivo que implantó el terrorismo de Estado causante de la muerte de decenas de miles de personas, de las cuales más de 30.000 están “desaparecidas”, es decir  asesinadas y arrojadas al mar o a fosas comunes. Carli es también unos de los principales impulsores de la  querella argentina contra los crímenes del franquismo, iniciada  el 14 de abril de  2010 –la coincidencia con el día de la República no es casualidad-, también uno de los abogados que promovió el juicio contra el régimen terrorista de Pinochet, juicio que provocó que el genocida dictador Pinochet estuviera detenido dieciséis meses en Londres. También promovió el juicio contra el genocida guatemalteco Ríos Montt.

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La historia de Carli es una historia de amor a la vida y a la humanidad. Desde que se graduara de abogado en Argentina, ejerció como laboralista y creó una red de defensores de activistas sindicales y políticos junto a otros once colegas. Cinco de ellos fueron posteriormente asesinados “desaparecidos”.  Carli, militante político revolucionario, de la izquierda que entiende que en el capitalismo son imposibles  la justicia y la democracia verdadera, pero que luchar por ellas es luchar contra el capitalismo y por una sociedad humanizada, fue detenido en marzo de 1976 unos días antes del golpe de Videla, cuando el gobierno de Isabel Perón y su brazo derecho López Rega había desplegado los terribles escuadrones de la muerte. Fue llevado a  la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), que ya empezaba a funcionar como centro clandestino de torturas de secuestrados, y que después del golpe cívico-militar se convertiría en el mayor centro de  tortura y exterminio del régimen terrorista, donde  fue sometido a tortura incluyendo un simulacro de fusilamiento. Posteriormente su detención fue “legalizada” y enviado oficialmente  a un penal estatal, donde igual que el resto de detenidos políticos sufrió otras diversas formas de maltrato. Su compañera Andrea- madre de sus hijos- y una de sus hermanas también fueron secuestradas y liberadas al cabo de unos días. La presión familiar y de organismos defensores de detenidos políticos consiguió que la dictadura lo deportara a España a fines de 1977. Desde entonces Carli fiel a su ética siguió defendiendo trabajadores y con el resto de exiliados argentinos denunciando los crímenes de la dictadura y trabajando por el retorno a la democracia en Argentina. En ello estaba cuando a principios de 1982  un guardia civil español borracho y fuera de servicio,  le dejó inválido de la cintura para abajo con un tiro por la espalda, cuando Carli intervino para pedirle que dejara de intimidar con su arma a unos adolescentes en una plaza de Madrid. Desde entonces los problemas de salud derivados de esa situación fueron frecuentes, pero Carli siempre los llevó con fortaleza y sin perder su eterna sonrisa que no olvidaremos jamás. En los últimos años, las secuelas de aquel atentado se agravaron hasta llevarlo a la muerte. Muerte que le llega después de un largo periodo de recaídas en su salud, quebrada hace treinta y cinco años por aquel impune disparo a traición.

A pesar de su dura vida cotidiana debida a las secuelas físicas de aquélla criminal agresión, Carli no descansó hasta el último momento en su trabajo por los derechos humanos universales, no dejó de luchar ni de sonreír. Por ese trabajo, recibió numerosos reconocimientos. Precisamente para este jueves 20 estaba prevista la entrega del Premio Internacional de Derechos Humanos concedido por el Diario Público, en el que todos los que le amamos esperamos estar. Sin embargo Carli, ante cada reconocimiento, con sincera humildad, decía que el mérito era de los movimientos sociales y organismos de derechos humanos, especialmente de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, símbolo universal de la de denuncia de las violaciones y de la lucha por la verdad, la memoria y la justicia. Estos días Estela Carloto, referente de Abuelas de Plaza de Mayo, decía a la familia de Carli que éste era el más maravilloso ser humano. Nos adherimos todos los que le conocemos.

Carli dedicó su vida a defender derechos y a dar amor, por eso somos inmensa legión las/los amigas y amigos, familiares, que hoy nos sentimos huérfanos, junto a sus amados Natalia, Paula y Óscar, y lloramos su muerte. Pero no olvidaremos que Carli no dejó nunca de luchar. No dejaremos de reclamar memoria, verdad y justicia. No dejaremos de creer que una humanidad socializada es posible y necesaria. Recordaremos a Carli con su sonrisa eterna, su voz y su guitarra. Buen guitarrista y mejor cantante, con  voz de tenor con marcado acento porteño –cordobés yo, le decía en broma que “le operaríamos” ese acento, pues a los no porteños les suena como altanero, muy lejos de la personalidad de él-. Ni olvidaremos las guitarreadas con asado que reunía a argentinos, latinoamericanos y españoles que sin renunciar a nuestros orígenes y patrias creemos que la única patria grande es la Humanidad. Nos resonará para siempre su voz cantando entre todos Hasta Siempre, canción que nos une a todos los que no queremos dejar de sentir “en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo” como escribió el Che en la despedida a sus hijos. Los hijos de Carli, y todos los que le queremos, no nos olvidaremos de ello y asociaremos siempre con Carli aquéllos versos del revolucionario  Julius Fucik  que como recuerdan sus hermanas Silvia y Norma, Carli leía en su adolescencia junto a  ellas: “Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla.  Humanidad os he amado. Que la tristeza jamás sea unida a mi nombre. Llorad un momento, si creéis que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, pero no os lamentéis. He vivido para la alegría…. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba una tristeza”. Te lloramos Carli, pero con pena que es semilla de vida y alegría por haber compartido vida y luchas con vos querido amigo, querido hermano, querido padre, querido abuelo, querido suegro, querido tío, querido compañero. Porque estas sencillas palabras las escribe todo un inmenso amor colectivo.

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