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Simplemente queremos dejar de rogar

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Opinión

Simona Levi
Fundadora de Xnet y 15MpaRato

Cuando en 2006 el Gobierno central les tumbó el Estatut de Autonomía a pesar de haber sido ampliamente aprobado en un referéndum que el propio Gobierno había permitido, yo no dije nada porque no era catalán;
cuando entonces pidieron diálogo al estado para hablar de federalismo y se les negó, yo no dije nada porque no era catalán;
cuando pidieron pactar un nuevo referéndum y se les dijo “de eso ni se conversa”, yo no dije nada porque no era catalán;
cuando le quitaron cualquier opción de ser escuchados, torpedearon su seguridad, sus escuelas, sus impuestos, sus administraciones para usarlos como excusas para tapar su corrupción haciéndose las víctimas, no dije nada porque yo no era catalán;
cuando coartaron su libertad de expresión, cuando intervinieron su correo y su economía, cuando entraron uniformados en sus organizaciones políticas y medios de comunicación, cuando requisaron sus publicaciones, cerraron web y arrestaron sus alcaldes, yo no dije nada porque no leía esa prensa ni ese era el alcalde que yo había votado. Incluso pensé que se lo merecían por quejarse tanto y deseé que les aplastasen.
Así que cuando anularon las reglas de convivencia de mi comunidad, mi derecho a vigilar mi administración, cuando vendieron mi seguridad y a mí como carne de cañón, reaccioné, pero ya había calado el sinsentido. Solo tuvieron que contestar: “es ilegal” y todos agacharon la cabeza.

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Por toda España el machaque de los medios oficiales ha conseguido que cale muy hondo que lo que piden una gran parte de los catalanes es ilegal y malvado.

Rajoy ha incluso dicho que “lo que es ilegal es antidemocrático” olvidando que es justo al revés; que es la fuerza de la gente lo que transforma lo ilegal en democrático, y sino que se lo digan a las mujeres cuyo derecho a voto estuvo prohibido hasta hace nada, a los homosexuales, a los divorciados, a los que no querrían hacer el servicio militar o cualquiera cuyo modo de vida actual por un motivo u otro estaba prohibido hasta ayer.

Ha calado hondo que lo que se merece una gran parte de los catalanes es ser aplastados, incluso con sangre, registros, detenciones o escenas inauditas, dignas de Turquía, China o indignantes dictaduras.

“Se lo merecen” como si esto, estas escenas grotescas, no fueran la España que sinceramente desean unida los que hablan así.

Entiendo. Puede parecer que en Catalunya se quiere socavar algo sagrado, la Unión, algo que todos los proverbios prometen ser la única receta para la Fuerza. “La unión hace la fuerza” dicen. Qué quienes hablan en contra de la unión ardan en el infierno.

Pero si hacemos memoria, el mito de la unión da terror.

Sin hablar de historia, solo basta recordar las vidas devastadas cuando la unión indisoluble del matrimonio. Ahora lo recordamos como una auténtica barbarie.

No es la unión que hace la fuerza. Y menos la unión forzosa.

He dedicado muchos años de mi vida a defender que la democracia es todo menos la unión, todo menos la unidad; es justamente la convivencia en la diferencia entre entidades separadas, libres, adultas o sea responsables de sí mismas y autónomas.

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Catalunya no se va a ninguna parte.

Catalunya tan solo lucha por sus derechos a su manera.

Simplemente quiere dejar de rogar.

Porque no deja de ser inquietante que en España no haya modo de hacer un referéndum. Y no me refiero a éste, me refiero a cualquier referéndum. La ley prevé que sea el gobierno el que decida si un referéndum se puede hacer o no. Y claro, el gobierno de España, decide siempre que no. O sino que se lo cuenten a la PAH a la que recoger 1.5 M de firmas para la dación en pago por los estragos de las hipotecas basura no le sirvió ni para que se tomase en consideración.

Básicamente en España cualquier referéndum es ilegal, según la ley.

Pero quizás sería más apropiado decir que la manera en la que están planteados ciertos aspectos de la gobernanza en España es una barbarie.

No es que los catalanes no pueden tener un referéndum porque la Constitución no les otorga la competencia. Es que los españoles no pueden tener un referéndum. Ni sobre este ni sobre ningún tema. Ni pactado ni sin pactar.

Y punto.

Así que lo que se pide en Catalunya, no es por Catalunya. Es porque el centralismo de quien manda en Madrid y de todos los partidos que lo propician en la camaradería del ritual parlamentario ningunea e invisibiliza a todos los pueblos de España – incluso el pueblo de Madrid – y solo los utiliza como materia prima extractiva, como colonia e incluso, como hemos visto desgraciadamente en temas de seguridad, como carne de cañón; todo esto para mantener y tapar privilegios, abusos, corrupción o simplemente las redes clientelares de todos y cualquier partido.

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Si algo no ocurre en Madrid es como si no hubiese ocurrido, ¿verdad? No contamos nada.

El enemigo no son los catalanes independentistas. El enemigo es un gobierno y unos partidos anquilosados que ningunean y asfixian.

Por esto el domingo 1-O votaré y defenderé las urnas como una más. No será por Catalunya – que también -, será por la voz organizada que debemos tener la gente, sin delegar y en cualquier parte, porque es por lo que he luchado toda mi vida.

La defensa de la unidad como ideología me da terror. Los partidos viejos y nuevos se fundan en la falacia de la unión ideológica. Difícilmente serán quienes nos saquen del atolladero si no hay solidaridad entre las personas de punta a punta del país. Llevo años defendiendo una nueva política que no se base en la fe y en la ideología sino en juntarse temporal y estratégicamente para resolver problemas comunes. No se puede estar realmente juntos en nombre de la unidad.  Solo teniendo intereses en común desde la libertad de cada uno. Los pueblos de España tienen vínculos de sangre y su prosperidad y democracia están unidas de forma natural. Una Catalunya independiente no se va a ninguna parte, únicamente gana la agilidad que no se le ha permitido tener de otro modo.

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Desde el centro se plantea subordinación, no se prevé gente libre que pueda avanzar. Puedo aportar mil ejemplos, pero el más claro es que se nos impide comunicarnos. No hay corredor del mediterráneo; no hay corredor atlántico. Un sinsentido que solo se explica por un centralismo anacrónico de gusto imperial.

La libertad que pide Catalunya no es una cuestión catalana.

Es la libertad que se merecen todos los pueblos de España.

Por esto el 1-O votaré; y votaré sí.

Pido, espero y deseo que la gente de España el día 1-O no se alegre de la represión y que proactivamente impida que se lleve a cabo en su nombre. Que la gente se sienta orgullosa del coraje, el optimismo, la visión de futuro, pacífica y ordenada de ciudadanos como ellos que ejercen su deber de cambiar leyes injustas e inmóviles que tienen a todos atrapados.

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