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No somos así

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Opinión

Lo primero que dijo Puigdemont es que “lejos de ser un tema interno o doméstico, Catalunya es un problema europeo”. Se dirigió también a “los que no se han movilizado” y a los votantes del no, a esos hoy llamados unionistas: “Formamos un solo pueblo y así deberemos seguir pase lo que pase”. Sobre el 1-O recapituló un poquito, sin autocrítica, validando el resultado castrati con no pocas razones: “El objetivo [del Gobierno español] era provocar el pánico generalizado y que la gente se quedara en casa: no sabemos cuántas personas lo intentaron [intentaron votar] sin éxito”. Calcula que unas 770.000.

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Se jactó con toda la razón de que el referéndum se celebrara. A pesar de las admoniciones de Rajoy, del cierre de 140 páginas web, de la “violación de la correspondencia”, de la intervención de las comunicaciones telefónicas.

Agradeció el trabajo de los voluntarios, y puso especial énfasis en destacar el papel –nunca mejor dicho– de los impresores de las papeletas, y de los informáticos, esos hipsters heterodoxos capaces de vacilar a un gobierno español o a la CIA sin pedir –muchas veces– nada a cambio.

También se acordó de “los heridos y maltratados”. Aquí Puigdemont se enflora de épica: “Las imágenes quedarán en nuestra memoria para siempre. Nunca las olvidaremos”.

Incluso peregrinó hacia la Zarzuela, hacia el franquismo heredado, para medio inclinarse ante Felipe VI: “La última esperanza era la monarquía, pero el discurso de la semana pasada confirmó la peor de las hipótesis”. Palabra de republicano. ¿No dice que está proclamando la república catalana? Coño: y su “última esperanza” era el rey de España. Estoy a un hipo de gritar yo soy español español español, por suerte no sé lo que es, lo que es, lo que es.

Me gustó esta frase de Puigdemont: “Una intención de diálogo recorre Europa”. Como todos lo alejandrinos, es mentira. Pero sería tan hermoso que no fuera alejandrino.

Miquel Iceta, socialista catalán, hombre a mi parecer cabal y honrado, criticó al PP cuando dedujo que “el Estado cometió el error de amparar actuaciones violentas”, y suponemos que se refiere a eso de apalear ancianas sin que se sepa qué policías. La prensa rosa siempre quiere conocer el nombre y apellidos de sus héroes. La roja, también. Pero a Iceta no se le pasó por la cabeza perecer en el intento. ¿El Estado cometió el error de amparar actuaciones violentas? Oh, Iceta. Si yo fuera socialista, a “amparar actuaciones violentas” no le llamaía solo error. Salvo si estuviera intentando ligar con Pinochet.

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Inés Arrimadas, que cada día que pasa es más divertida, dijo que “las fronteras son el drama de Europa”, y con esa sola frase dejó al universo convencido de que Cataluña es España y es Europa, esos dos paraísos sin fronteras donde todos conviviremos bailando sardanas. Los aplausos de los refugiados, esos excéntricos amantes de los mundos sin fronteras, se escucharon hasta en Turquía.

Anna Gabriel sale a decir que anda buscando la República catalana, “la que los fascistas nos quitaron”. Y lleva razón. Pero los relojes son muy cucos. Y ha pasado demasiado tiempo.

Jo, esto todo que he contado hoy ha pasado en un solo día, en unas pocas horas. No puedo sacar conclusiones. Mañana tendría que cambiarlas. Mañana sucederán otras palabras, otras cosas. No sé de dónde sacan el tiempo nuestros políticos para poner tan asimétricas sus convicciones. Yo creo que nosotros no somos así.

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