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Redefiniendo a los “malvados” hackers

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Opinión

Javier Pérez Gontán
Periodista y miembro de la Comunidad del Máster de Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

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Durante estos convulsos e históricos días que hemos vivido con Cataluña, muchas han sido las voces que han ido apareciendo para crear esa gran cortina de humo y ruido que no nos deja ni enterarnos bien de lo que está sucediendo, ni reflexionar profunda y tranquilamente sobre ello. Las grandes corporaciones mediáticas como Prisa también han contribuido, publicando una serie de artículos y editoriales en los que han relacionado en un mismo mix de teorías conspiranoicas a Cataluña con la Rusia de Putin, el colectivo de hackers Anonymous, Julian Assange y hasta el “entramado de perfiles en redes sociales que ayudó a impulsar a Donald Trump en EEUU, el Brexit en Reino Unido y partidos extremistas en Francia y Alemania, según El País.

Pero, ¿cuál es el hilo conductor que aparece en todos estos temas y que medios como El País o El Mundo (que se ha sumado recientemente) utilizan como argumento en sus teorías? La figura del hacker. Ojo con los hacker rusos, que últimamente no se pierden ni una. La ciberguerra empezó hace ya años y los grandes medios tradicionales son un instrumento de los centros de poder financiero, comercial y estatal. Ya estuvieron en la palestra de la opinión pública figuras como Chelsea Manning, Edward Snowden o el mencionado Assange por haber desvelado o filtrado una información sensible, pero de interés general. Y los tres pagaron un precio muy alto por decir la verdad. Por supuesto, las corporaciones mediáticas desviaron el debate a sus respectivas figuras, sus supuestos intereses personales y sus capacidades como hackers, presentándolos ante la opinión pública como sujetos que tienen el poder de hacer temblar a un gobierno y a todo el sistema socioeconómico de un país. Esta vez, han presentado a los hackers como los que han engañado y desinformado a Cataluña y al resto del país sobre la brutal actuación policial del 1-O. Una teoría de la conspiración poco sólida.

El concepto de hacker está sufriendo un proceso de degradación de su significado al ser usado de manera indiscriminada para orientar la actualidad hacia determinados intereses. Por ello, creo que es necesario recordar la importancia que este tipo de ciudadanos tienen en la realidad. La creación de Internet a mediados de los sesenta no hubiera sido posible sin la participación de expertos informáticos, que se reconocían como hackers, participaban de la contracultura y compartían los valores del conocimiento científico: abierto, compartida y revisable. La Red se creó para compartir, cooperar y crear conocimiento de manera colaborativa a partir del libre acceso a la información. Por si esto fuera poco, todos estos valores proceden del entorno universitario en el que se desenvuelven, pues como señala el filósofo finlandés Pekka Himanen en su libro La ética del hacker y el espíritu de la era de la información: “Este parentesco con el modelo académico de investigación no es accidental: la transparencia puede considerarse un legado que los hackers han recibido de la universidad”.

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Sin embargo, los medios de comunicación aplican el término para referirse a criminales informáticos que dedican su tiempo a producir virus informáticos y a lucrarse personalmente gracias a sus habilidades y conocimientos sobre la Red. La realidad es que frecuentemente, los hackers participan en todo tipo de actividades altruistas y solidarias, como la producción de software libre, la defensa de la libertad de información y la colaboración con movimientos sociales y ciudadanos. Así queda claro en eventos como los Hackmeeting que reúnen cada año a hackers de todo el país con actividades con un claro sesgo social.

Según la definición más clásica de hacker, la que viene recogida en el diccionario del argot hacker, el “jargon file”, compilado y actualizado de manera colectiva en la Red, los hackers son personas que se dedican a“programar de forma entusiasta y creen que poner en común la información constituye un extraordinario bien, y que además para ellos es un deber de naturaleza ética compartir su competencia y pericia elaborando software gratuito y facilitando el acceso a la información y a los recursos de computación siempre que ello sea posible”. Hace especial hincapié en la idea de que un hacker es básicamente “un experto o entusiasta de cualquier tipo. Uno puede ser un hacker astrónomo, por ejemplo”.

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Tal y como señala Eric Steven Raymond en su guía Cómo convertirse en un hacker “hay quien aplica la actitud del hacker a otras cosas además del software, como la electrónica y la música; en realidad, cualquiera de las ciencias y de las artes muestra esa actitud en su máxima expresión”. Si echamos un vistazo a la historia del ser humano, esta ética hacker es la que nos ha permitido avanzar y progresar en todos los ámbitos de nuestras vidas. Por ello, ahora más que nunca, se hace necesario reivindicar el verdadero significado del término hacker, así como su ética implícita, teniendo en cuenta la importancia que han tenido en el desarrollo del conocimiento tecnológico que ha hecho posibles la Red, los ordenadores y el software libre.

La implicación de los hackers con los movimientos sociales y la producción del bien común se centra en hacer posible el software libre, es decir, el conjunto de programas informáticos y sistemas operativos que pueden ser copiados, estudiados, modificados, utilizados libremente con cualquier fin y redistribuidos con o sin cambios o mejoras.  El movimiento del software libre, fundado por el programador estadounidense Richard Stallman a través de la creación en 1985 de la Free Software Foundation, coloca la libertad del usuario informático como propósito ético fundamental. Existe una relación evidente entre el software libre y la ética hacker, ya que en ambos casos se fomenta el libre acceso a la información y la compartición de conocimientos.

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Más allá de las distorsiones mediáticas, esta cultura hacker se sigue celebrando en eventos como el hackmeeting que se celebrará este fin de semana, entre el 12 y el 15 de octubre, en el centro social de comunes urbanos de La Ingobernable en Madrid. Esta es una oportunidad única para aprender sobre todos estos temas y para poder comprobar el funcionamiento de una ética que, por el bien de todas las personas y del propio planeta Tierra, deberíamos aplicar más en nuestras vidas. Además, en el hackmeeting no todo girará en torno a la programación se hablará sobre monedas sociales como Faircoop, sobre las violencias machistas en la red y se abordarán desde una perspectiva crítica las tecnologías de la comunicación.

Para evitar hablar varias veces de un tema es mejor ponerlo al final.

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