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Alteración de la política en la era digital

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Opinión

José Fernando Juan
Profesor en el Colegio HH. Amoros (Carabanchel, Madrid)

Con anterioridad he hablado de tres alteraciones en la era digital: relacionestiempo espacio. Todas en la misma línea y con una cierta coherencia. Pero al hilo de estos días he procurado no dejar pasar las circunstancias para reflexionar algo sobre la relación entre política y redes sociales. La política en la era digital también se ve claramente alterada. Hablar de alteración significa pasar a otra situación diversa. Qué duda cabe entonces de que existe la alteración política en la era digital.

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  1. La construcción de relatos. Aquí tenéis un buen artículo con los elementos básicos, de los cuáles destacaría la vuelta al mito, la construcción de identidades al margen de la razón, compartidos por una comunidad fuerte que se compromete activamente en él. Quien construye el relato se convierte en el líder, en fuente de pensamiento para otros. Es recibido acríticamente y aplaudido fervientemente.
  2. La capacidad de presión. La política en la era digital no se hace al margen de los elementos de presión, que aceleran los tiempos y quieren resultados inmediatos. Esta presión es pública, mientras que el arte de la buena política tiene mucho de privado, de contacto discreto, de diálogo y discusión con puertas cerradas. La política, tal y como la conocemos ahora mismo, no está diseñada para ser sometida a la opinión continua de miles de personas, que a la postre sólo piensan en una cosa y no se dan cuenta de la complejidad de la situación global e ignoran, a su vez, muchos flecos.
  3. De la exposición al posicionamiento. Las redes sociales convierten a los ciudadanos en agentes políticos de primer orden, que actúan en masa aunque escriban o suscriban en solitario. Cada red social es un auténtico campo de batalla ideológico. Porque el ciudadano también siente la presión de su propia exposición y está paulatinamente más obligado a justificar su opinión o parecer. Lo cual, como he dicho muchas otras veces, lejos de convertirlo en un agente dialogante lo transforma en una persona progresivamente más encerrada en sus planteamientos.
  4. El valor de la gente joven. Toda política ha buscado ganarse a los más jóvenes. Porque en el fondo sabe de lo mucho que cuesta cambiar de opinión y ser flexible ideológicamente. Aunque no hablen directamente con ellos o para ellos, los tienen siempre presentes. Si bien antes, esta tarea ideologizadora se dejaba más a la familia, ahora las redes sociales ejercen un ámbito de influencia mucho mayor. No pocas políticas hoy desearían rebajar la edad del voto, conscientes de la entrega en bloque de los jóvenes a ciertas causas con las que se identifican más.
  5. La emoción frente a la razón, la imagen frente a la palabra. La política está emparentada con la razón y la palabra, con la capacidad de llegar a acuerdos. Pero la irrupción descontrolada (o directamente controlada e intencionada) de la emoción y de la imagen en el discurso político se perciben como impedimentos para la serenidad y la prudencia. Son las fuentes desde las que hoy se genera una mayor presión colectiva, dirigida hacia políticos, que en el fondo son quienes toman decisiones.
  6. La gestión de la participación. Nos encontramos, en el contexto digital, con una sed voraz de protagonismo y de participación ciudadana. A nadie se le escapa hoy que es una de las vetas más frágiles del sistema democrático. ¿Están los ciudadanos hoy dispuestos, o preparados, para elegir a sus representantes y quedarse al margen de las decisiones que toman? ¿No se percibe hoy como una cesión excesiva, que puede ser contrarrestada fuertemente en las redes sociales? ¿Esta es realmente una forma democrática realmente activa y participativa? ¿Hasta qué punto las opiniones, que sabemos que no siempre son igualmente respetables, son sólo expresión de la manipulación a la que el ciudadano está sometido?
  7. ¿Cuáles son las tribunas actuales en las que hablan los políticos? ¿No tenéis la sensación de que la estrategia se dirige al titular, en lugar de centrarse en la argumentación, siempre más tediosa y sacrificada? ¿Se han convertido las redes sociales en púlpitos, en los que los políticos están obligados a participar, sin conocer bien las reglas que las construyen, y en las que muchos ciudadanos también participan buscando ser escuchados? La apertura y amplitud de las redes sociales está siendo potenciada, además, por los medios de comunicación tradicionales, que hacen continua referencia a mensajes publicados en ellas por los líderes políticos o sacan listas de “los mejores memes” de tal o cual momento. En el fondo, existe una complicidad y relación entre ellas. Pero no vendría mal recordar que hacer política no es tuitear, ni hacer oposición es reaccionar a un mensaje en este espacio público.
  8. Los nuevos políticos. La nueva política la harán los nuevos políticos, nacidos en una generación distinta, acostumbrados a sus círculos y entornos en los que van cobrando significación, visibilidad y fuerza. La política no cambiará sin nuevos políticos, pero estos ya están apareciendo, y generan reacciones muy polarizadas, entre simpatías y antipatías declaradas. Lo suyo es directamente la comunicación, ésta es su primera competencia. Hablan no sólo a los de su propio partido sino que buscan la reacción general, a la que otros se resisten. Sus argumentos, no pocas veces, están centrados en las personas como reacción y contraataque a las decisiones de otros. Pero las propuestas se hacen esperar, porque no cabe su desarrollo en la buena intención del eslogan.
  9. La política siempre será compleja. Sólo hace falta mirar la segunda mitad del siglo anterior, del que ya tenemos buena perspectiva. Comprobar entonces que el mundo es mucho más complejo de lo que las buenas intenciones y declaraciones simples son capaces de comprender. Por supuesto, caben los deseos y los ideales, y nunca deberíamos renunciar a ellos. Pero hacer política es algo lento, costoso y difícil. Las cosas no cambian de la noche a la mañana, porque las personas no cambian de la noche a la mañana. Exige tiempos lentos, pasos cuidadosos, en lugar de declaraciones alarmistas o saltos en el vacío. Las redes sociales, sin embargo, exigen (muchas veces) lo ideal, lo mejor, lo excelente sin atender a los flecos, a la finitud, a lo humano. En 140 caracteres no caben matices, ni tampoco en 280. En la exposición pública la tentación siempre es responder a la masa hablando desde “el cargo”, en lugar de entablar relaciones personales y dar voz a nuestra humanidad.

Texto publicado por primera vez en Entreparéntesis.org

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