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PP: Presos Políticos

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Opinión

Hace unos meses nos enteramos de que ninguna de las grandes cabeceras de papel prensa alcanza ya los 100.000 ejemplares de venta. Pues no será por adjetivos. Los adjetivos, en prosa periodística, acostumbran a ser mucho más venenosos que en cualquier otro género literario. Sobre todo en paisajes como titulares o editoriales, donde un duendecillo inmanente que sobrevuela las redacciones invita a la mesura, al sosiego y a una aparente neutralidad. Cualidades que en España…, bueno, ya tal. Aquí al duendecillo inmanente se lo ha llevado un ERE, para que me entendáis.

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Titula hoy El Mundo (Orbyt), por ejemplo: Cheque independentista para liberar a la renegada Forcadell. Adjetivos como renegado no se utilizaban ni en los carteles de wanted del lejano oeste. Suena pelín revanchista y vengativo, por abusar yo de la finezza. Aquí llega Condemor, el vengador de la pradera, por recordar al recién fallecido Chiquito de la Calzada.

El editorial de El País arranca con el sintagma “la infausta carrera política de Carme Forcadell“. Se puede leer en otro momento una frase propia de telenovela venezolana: “El destino de Forcadell estaba cantado desde el principio”. Y, al final de este sutil y desapasionado análisis, se confirman las capacidades pitonisas de la prensa seria contemporánea: “Su final será aun peor. Cívica y jurídicamente”.

En La Razón, tenéis que creerme, se muestran mucho más moderados, con un titular de portada que no transcribo porque es perfectamente asumible, y con un editorial que solo se permite licencias adjetivales como “las huestes de la CUP” y otros perdonables excesos. Incluso, actuando de verso libre en la banda izquierda del poema, Mikel Buesa –nada sospechoso de podemita– se atreve a reírse de los heraldos del Armagedón que aseguran que el proceso secesionista va a dinamitar la economía española: “Que no nos vengan con milongas de patriota sobrevenido” (esto sí que es adjetivar). “Las empresas que se marchan acaban promoviendo sus negocios, sus ampliaciones, sus nuevas inversiones fuera de la región. Por eso lo único que supone para España es una redistribución espacial de la actividad económica; no su decadencia, pues lo que pierda Cataluña lo ganarán otras regiones”. Disparate o no, recordaros que Buesa no es opinador zangolotino, sino veteranísimo catedrático economista de la Complutense, libertas perfundet omnia luce.

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El jueves, ABC abría portada con un muy terrorificante titular: La kale borroka de Puigdemont; y un sonoro antetítulo para justificar la foto de portada con un fulano de rostro cubierto por la estelada: Cegados por el independentismo. Observo un inequívoco tufillo a revista colegial en estos tratamientos. Editorializando, tampoco se cortan un pelo. Bueno es Bieito Rubido para estas cosas. Solo escribe para repetir las consignas tabernarias de la más rancia y anciana derecha, que no lee el periódico porque dice lo mismo que él/ella ya escucha en sus misas y en su sopa de los pobres. Los adjetivos suenan mucho mejor en un bar que en un periódico. “¿Realmente nadie del movimiento independentista se ha dado cuenta de que son rehenes de su propia inconsistencia?”, editorializa el torcuatiano diario. Más: “Lo que hace Puidemont es mofarse de una figura tan seria como es el exilio forzado por razones políticas”. Más: “La calidad de nuestra democracia está a salvo de personajes como Puigdemont”.

Hace cierta gracia que los hagiógrafos del franquismo afeen a nadie el vindicarse preso político. Pero es una enfermedad de todos los medios de comunicación, progresistas o fachendosos. Tenemos miedo a reconocer que, quizá, es España sí hay presos políticos. Hubo ya ensayos previos, como los titiriteros encarcelados de Madrid. Nos fueron acostumbrando a la idea de que esto no son presos políticos, sino víctimas de aisladas, excéntricas y no sistémicas actitudes judiciales. Por no ser maniqueo, también señalar que considero a Luis Bárcenas, Rato o Correa como presos políticos. Están encausados por defender las ideas del partido al que pertenecen: el saqueo, la desigualdad, la impunidad. Esta semana, el policía que más sabe de la Gürtel ha declarado en sede judicial que Mariano Rajoy, de forma indiciaria, cobró pasta en negro. A ver si al final va a acabar también como preso político. El Mandela de la Gürtel. Soraya llevándole a la cárcel de Soto bocatas de jamón con cajas b dentro. Cuánta belleza.

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