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¿Estamos bien preparados para afrontar una nueva sequía?

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Opinión

Santiago Martín Barajas 

Una de las características propias de nuestro clima es la de que cada cierto tiempo tiene lugar un periodo de sequía, que puede extenderse durante varios años. La última sequía importante que tuvo lugar en nuestro país fue la de 1990-1995, de la que ya han pasado más de 20 años. En ese periodo se produjeron restricciones para los diferentes usos del agua, incluyendo el abastecimiento de poblaciones. De hecho, sufrieron cortes y restricciones una buena parte de los habitantes de la mitad sur del país.

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Actualmente nos encontramos con que en los últimos 3 años las precipitaciones se han situado del orden de un 6% por debajo de la media del periodo 1981-2010, pero en los primeros diez meses de 2017, comparando con los mismos meses del periodo mencionado, la reducción que se ha producido ha sido nada menos que del 24,33%. Durante septiembre y octubre ha llovido aproximadamente un tercio de la media para esos meses del periodo 1981-2010, y noviembre, que habitualmente es el segundo mes más lluvioso del año, apunta a que también va a ser bastante seco.

En definitiva, existen numerosos indicios que nos empujan a pensar que estamos entrando en un periodo de sequía de varios años que, por otra parte, repito que es propio de nuestro clima.

Durante el periodo 1990-1995, en el que ya hemos indicado que se produjeron restricciones para los diferentes usos, la eficiencia en la utilización del agua era muy baja, pues las pérdidas en las redes de distribución eran muy altas, y era muy mayoritario el riego por inundación, el menos eficiente. En ese sentido hemos mejorado mucho. Es innegable que la eficiencia en la utilización del agua se ha incrementando notablemente en los últimos años en nuestro país, tanto en el regadío como en el abastecimiento a poblaciones. Sin embargo, hay por el contrario otros elementos que, como veremos a continuación, nos hacen actualmente mucho más vulnerables a un episodio de sequía como el de 1990-1995.

Aunque la eficiencia en el regadío se ha incrementado mucho, la casi totalidad de los ahorros obtenidos se han empleado en abastecer a nuevos cultivos, de tal manera que la superficie actualmente regada en España supera ya los cuatro millones de hectáreas (planes hidrológicos de las demarcaciones hidrográficas), frente a los 3.344.000 hectáreas que había en 1998 (Plan Nacional de Regadíos-Horizonte 2008). En tan sólo 17 años, la superficie de riego en España se ha incrementando en más de 700.000 hectáreas. Lo cierto es que actualmente el consumo total de agua del regadío es bastante mayor al que había en los años noventa, y ahora además, el margen para el incremento de la eficiencia se ha reducido ya sustancialmente.

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Pero hay otro elemento nuevo que no estaba tan presente en la sequía de 1990-1995. Nos referimos al cambio climático que ya se está produciendo. Uno de los efectos derivados del mismo son la subida de las temperaturas, que producen un incremento de la evapotranspiración, reduciendo el volumen de agua que va a parar a los cauces y los acuíferos, que es la que podemos aprovechar. Es decir, para un mismo nivel de lluvias, el agua disponible y aprovechable es menor. Según los datos de AEMET, la temperatura media en España se incrementó en el periodo 2006-2016 en 0,89 grados centígrados con respecto a la del periodo 1971-2000. A consecuencia de ello, en los últimos 25 años, para un nivel de lluvias similar, las aportaciones a los cauces se han reducido del orden del 20%. Pues bien, entre enero y octubre de este año, la temperatura media se ha incrementado con respecto a la de los mismos meses del periodo 1981-2010, nada menos que en 1,4 grados centígrados, por lo que las aportaciones a los cauces y acuíferos van a reducirse aún más.

Por todo ello, parece evidente que, frente a un periodo de sequía de varios años, nuestro país es ahora mucho más frágil y vulnerable que en los noventa, pues nuestro consumo actual es bastante mayor y, a la vez, a causa del cambio climático, el volumen de agua disponible para un mismo nivel de precipitaciones es bastante menor que hace 20 años.

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Ecologistas en Acción solicitó públicamente la primavera pasada al Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, que limitara las aportaciones al regadío este pasado verano, pues se podía estar regando con un agua que podríamos necesitar para beber en 2018. No se nos hizo ningún caso. A consecuencia de ello, muchos embalses ahora están anormalmente bajos.

Llevamos ya una buena parte del otoño, y apenas ha llovido. Esto cada vez tiene peor pinta. El Gobierno debería limitar sustancialmente el agua destinada para riego durante la próxima campaña, de cara a garantizar el abastecimiento a las poblaciones. No podemos permitir que en pleno siglo XXI haya en nuestro país restricciones al abastecimiento de agua a las personas, que está reconocido por la ONU como un derecho humano, porque se haya gastado en actividades económicas, como es el regadío, que según el INE suponía en 2015 el 84,3% del consumo total de agua en nuestro país.

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*Santiago Martín Barajas es Ingeniero Agrónomo y coordinador del programa de aguas de Ecologistas en Acción 

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