Cargando...

Secciones

Publicidad

Exposición pornográfica del dolor

Publicidad

Opinión

Cristina Fallarás
Periodista

Antes de escribir este artículo he pasado un buen rato dudando si hacerlo. Luego he buscado en Wikipedia “gang bang” y he buscado también “bukkake”.

Publicidad

Yo no soy consumidora de pornografía, y mi consideración sobre ese asunto no viene al caso, pero no hace falta serlo para conocer la construcción simbólica que supone una mujer sometida por un grupo de hombres que eyacula sobre ella. Más allá de las consideraciones íntimas que dicha representación merezca, nadie podría afirmar que se trata de una práctica habitual. Para empezar, por la cantidad de personas que requiere, y se me perdonará la frivolidad.

La práctica sexual en la que varios hombres, pongamos que cinco, eyaculan sobre o dentro de una sola mujer podría resultar extravagante si no fuera por el muy popular consumo de pornografía. Sin embargo, durante todo el día 13 de noviembre de 2017, o sea ayer, he asistido a la difusión de los medios de comunicación españoles de la posibilidad de que una joven “consintiera” en dicha práctica. Pero no reside en tal desatino –la posibilidad del “consentimiento”– mi pasmo, sino en la soltura con la que telediarios, informativos radiofónicos y periódicos manejan una práctica más o menos insólita.

Los medios de comunicación se refieren a la violación en grupo de una mujer, perpetrada por cinco hombres, como un suceso en absoluto asombroso, y no solo eso, un suceso en el que cabe la posibilidad de que ella participara de forma gozosa y en un portal de una ciudad extraña.

Publicidad

Me permito tomar como ejemplo esta narración en la Cadena Ser (minuto 27): “La Fiscalía considera que los acusados obligaron a esta víctima a realizar diferentes actos sexuales con cada uno de ellos siendo penetrada vaginal e incluso analmente mientras le obligaban a realizar felaciones al resto”. Afirmación seguida por la inclasificable apostilla “todo ellos, por cierto, sin preservativo”.

A ver, sin ánimo de molestar, ¿qué caray está describiendo tal afirmación? Una escena porno. Y ¿cuál es la utilidad de dicha descripción en el asunto que nos ocupa? Ninguna. Eso se llama exposición pornográfica de la víctima y descripción pornográfica de su dolor.

Publicidad

Y ahora vamos con la bonita idea del “consentimiento”. Una vez expuesta la extravagante idea de la posibilidad del consentimiento por parte de la víctima, la definición de lo sucedido como “una relación no consentida” supone, por parte de los medios de comunicación un blanqueamiento de la violación. Se llama VIOLACIÓN. De la misma forma que difundir fotografías de la víctima con los agresores previas a la VIOLACIÓN se llama puñetero machismo y prejuicio.

Para finalizar, el uso de la denominación “La manada” difumina las sucesivas agresiones personales, y la identidad misma de los cinco agresores. Y los convierte en uno solo y de identidad simbólica y difusa.

Por lo tanto: Arranca el juicio a cinco hombres por la violación de una mujer en Sanfermines con una construcción pornográfica, y por lo tanto, masculina; con una víctima susceptible de protagonizar una película porno; y con la eliminación de los delitos individuales en una construcción borrosa llamada “La manada”.

Publicidad

Y no ha hecho más que empezar.

Publicidad

Publicidad