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Opinión · Sobre el tapete

El Monstruo nunca se fue

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Las fuerzas del orden que marchan desde sus acuartelamientos a Catalunya por el referéndum “ilegal” del 1 de octubre de 2017 son despedidas desde la España profunda por gargantas enfervorizadas al grito de “a por ellos”: a repartir estopa.

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Trescientas mil personas, según cálculos de la guardia urbana de Barcelona, desfilan el 29 de octubre por el centro de la ciudad enarbolando la bandera española rojigualda (no la tricolor) contra la independencia de Catalunya. Con la inestimable colaboración de los refuerzos llegados de fuera, muchos catalanes piden “Puigdemont al paredón”, “Mas, cámara de gas” y otros lindos mensajes moderados y conciliadores.  Algunos festejan el encuentro con el “cara al sol” y los gritos de rigor. En su intervención en la tarima al final de la marcha, Vargas Llosa, recién separado de su esposa legítima, fulmina con su fogoso verbo hispanoamericano el separatismo de los catalanes. El exministro y ex muchas otras cosas, Borrell, que hace una parte de su discurso en catalán y que es abroncado por ello, asegura que no quiere fronteras (los independentistas tampoco), aunque no ve problemas en las que España tiene en Ceuta, Melilla y en el mar donde la gente se deja, literalmente, unos la piel y otros la vida, un año detrás de otro; es el mismo Borrell que días después recibirá la buena noticia de que ya no está imputado por el caso Abengoa, en cuya ruina fraudulenta él, uno de sus administradores, dicen ahora, no ha tenido responsabilidad alguna, probablemente porque estaba muy ocupado escribiendo un libro dedicado a “las cuentas y los cuentos” de los separatistas. Días después en plena campaña electoral, siempre abrazado a Iceta, lanza una propuesta muy festejada en los medios constitucionalistas: “desinfectar, para comenzar, los medios de comunicación”; después al resto de los catalanes. Y es que la higiene y la salud es lo primero para un auténtico demócrata español que quiere curar heridas. Los fabricantes de cal viva, desinfectante muy enérgico, pueden hacer buenos negocios, otra vez.

Las elecciones catalanes del 21 de diciembre de 2017 se celebrarán bajo la alargada sombra del artículo 155 de la Constitución Española de 1978 y la sospecha de que la convocatoria de Rajoy es ilegal. Podemos ha presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la aplicación del artículo 155 en Catalunya al considerar que lo ha sido de forma fraudulenta al considerar que no autoriza para cesar al Govern ni a disolver el Parlament ni a convocar elecciones. El régimen del 78 está diseñado para que los independentistas puedan participar en el teatrillo del Congreso, pero no para que puedan recurrir al Constitucional, para lo que se necesitan 50 diputados, cosa que nunca podrán lograr por razones socio-demográficas. No estaba previsto que los “díscolos” de Podemos llegaran a esta cifra. Esto también preocupa al Monstruo.

Cuando en Madrid y desde la Audiencia Nacional (antes Tribunal de Orden Público) trasladan al vicepresident Oriol Junqueras a la prisión, unos policías se mofan y le pronostican al “osito” toda suerte de experiencias.

Iceta, un candidato que quiere ser president a toda costa en nombre de la concordia y para desinfectar heridas, pasea de los brazos de García Albiol y Arrimadas, clamando por la unidad de la patria. Para demostrar su firme voluntad de poder y que es hombre de pactos “democráticos”, incluye en sus listas para el 21-D a las huestes del socialcristiano Ramón Espadaler, devoto lugarteniente de Duran i Lleida, el comisario político “catalanista” que la oligarquía “catalana” colocó para controlar desde la derecha a la CDC de Pujol. Iceta, después de pasear con los anaranjados y los azules y de pactar con la derecha catalana más rancia (que haría todo lo que pudiera para prohibir el matrimonio entre homosexuales), baila en sus actos electorales mostrando su desparpajo, pero sin perder su aire compungido, en honor de su antiguo president y de sus anteriores colegas en el Parlament a los que también él ha enviado al exilio y a la cárcel. Seguramente, por su propio bien; el suyo. Han sido sonadas las intervenciones de González, Guerra, Fernández Vara, Susana Díaz, Leguina, Corcuera, Bono y un largo etcétera. El espectáculo de los socialistas, incluyendo sus votos a favor del 155, no tiene precio… Bueno, sí, algún precio han pagado con los militantes y dirigentes que han roto su carnet en las últimas semanas, aunque la entrada de los votos de la derecha reaccionaria catalana les compensará electoralmente en el corto plazo. Los que se han ido ahora, siguen la senda de la mayoría de cuadros y militantes que se fueron antes. Del primer jefe nacional de Iceta, Felipe González, dijeron que tenía “lengua de serpiente”. Cuando la mayoría del socialismo catalán decidió unirse al PSOE firmaron el Pacto de Abril (1977) en el que, en uno de sus cinco puntos, ambas partes reconocían el derecho a la autodeterminación. ¿En qué partido entró Iceta?

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Nada tiene de sorprendente que la dirección nacional del socialismo español aplauda el 155. El PSOE de Largo Caballero colaboró con la dictadura de Primo de Rivera, una dictadura que no tuvo piedad ni con los anarquistas ni con los separatistas.  El socialista Juan Negrín, presidente del Consejo de Ministros de la República Española al final de la guerra, prefería entregar el poder a Franco antes de que España se partiera: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz (Recogido en El Confidencial del 10 de julio de 2017). Yendo un poco más lejos, geográficamente, los socialdemócratas alemanes no dudaron por amor a la patria a la hora de votar los presupuestos de guerra del Imperio que pusieron en franquicia la Primera Guerra Mundial. Traicionaron sus solemnes compromisos adquiridos en la Internacional Socialista con sus hermanos proletarios, que pasaron a ser “enemigos”. Nunca pusieron en duda que “sus” polacos eran alemanes. Polonia obtuvo su independencia al final del conflicto militar.

Toca ocuparse de los Ciudadanos Inés Arrimadas y Albert Rivera. Primero socialdemócratas, luego liberales, nacidos anticatalanistas para siempre jamás. Llamar Ciudadanos a un partido político presupone una acotación que deja explícita e implícitamente fuera del concepto a los “otros”. Sus miembros sí son “ciudadanos”; el resto, los otros, quedan excluidos. Aplicando esta lógica, que debería repugnar a un demócrata, la candidata ciudadana Inés Arrimadas ha dicho que es la hora de la gente “normal”. Uno de los principales líderes catalanes del partido naranja, el eurodiputado Javier Nart, nacido en Laredo (Cantabria), quiere esterilizar a las mujeres que tengan alta probabilidad de parir hijos “subnormales”. Unos desinfectan catalanes, los otros esterilizan… y es que no son “normales”. El jefe de todos ellos hizo de meritorio en las Nuevas Generaciones del Partido Popular y ahora goza de la protección de la FAES y de José María Aznar (el Padrino) y de la generosa financiación del IBEX 35 y de otros empresarios rumbosos. Arrimadas es una criatura engendrada por el marketing político, bien envuelta en un papel primoroso y delicado que encierra una sustancia muy tóxica. Los “otros” no merecen ser ciudadanos porque no son “normales”. Arrimadas, de Jerez de la Frontera, la patria pequeña de los Primo de Rivera (padre, militar y dictador; hijo, fundador de Falange), hace unos pocos años que llegó a Catalunya y ya está lista para arreglar a los catalanes que no son “normales”. De casta le viene, tal vez. Su padre, policía en Barcelona en los años 60 en plena era franquista, y su tío, Moisés Arrimadas, Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento en Cuenca y Albacete. Si, como señalan las encuestas, los independentistas son mayoría entre los nacidos en Catalunya, y los pro-españoles son mayoría entre los que nacieron en otras partes del Estado (su caladero electoral preferente), la conclusión es clara: los nacidos en Cataluña son anormales. De fuera vendrán que de casa te echarán, dice el refranero… “porque eres anormal o subnormal”. Andan los Ciudadanos empeñados en hacer desaparecer el catalán de las aulas. La lengua construye las naciones.

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En las primeras elecciones autonómicas de Galicia (febrero de 1981), la Alianza Popular de Fraga Iribarne superó a UCD por primera vez; hundimiento de Adolfo Suárez a continuación y cambio de ciclo. Cada vez más al derecha. Si el 21-D Ciudadanos obtiene cinco o seis veces más diputados que el PP, a Rajoy se le atragantarán los turrones con la alargada sombra de Aznar en el cogote y por su derecha.

En Valencia, hay manifestaciones agresivas contra los que salen a la calle para celebrar el Día 9 de octubre. En Madrid, hay policías que en las redes sociales expresan su admiración por Hitler y le desean la muerte a su alcaldesa…

Albiol no puede ni quiere disimular su machismo y su racismo, quiere limpiar TV3 y Catalunya Radio para poner gente “normal” y que sea tan plural como la TVE del PP; y presenta al electorado un programa reaccionario en el sentido más riguroso de la palabra. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, jurista de profesión, nos aclara a los legos que el alcance del “delito de odio” va más allá de lo que recoge el Código Penal como “delito de odio”. ¡Qué suerte tenemos! Este hombre ha leído a Lewis Carrol. Algo así como “las palabras dicen lo que yo quiero que digan”. Es una gran aportación la suya, el Estado de Derecho-Chicle-Elástico. Pablo Casado, palentino y dirigente  del Partido Popular, pronostica que Puigdemont acabará como el President Lluis Companys. O sea, primero exilio y después cárcel y fusilamiento por los militares… Sáez de Santamaría, a la que algunos medios de Madrid dan el tratamiento de Presidenta de Catalunya, presume que han sido Mariano Rajoy y su Partido Popular quienes han descabezado el independentismo encarcelando a sus líderes. Confesar que la división de poderes y la independencia judicial en España no existen demuestra una extraordinaria grandeza de espíritu… ¡Cómo deben sufrir los equidistantes y los moderados! Tal vez esto ayude a comprender por qué los jueces y los fiscales llevan ocho largos años investigando quién es el M. Rajoy de los papeles (amarillos) de Bárcenas que cobraba sobresueldos en sobres marrones, sin encontrarlo.

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El País (5 de diciembre) publica un artículo (“Alicia en la Bélgica de las maravillas”) que denuncia la hispanofobia que se respira en Bruselas. La leyenda negra persigue a los españoles y en los colegios de Flandes adoctrinan a los niños para odiar a España y a los españoles. Lo de los Tercios de Flandes. La culpa es de los eurodiputados nacionalistas vascos y catalanes. Una de las firmantes es una eurodiputada salida de las listas de la UPD de Rosa Díez (ex-socialista). Mucho adoctrinamiento hay por el mundo.

El 1 de octubre la policía española y los militares de la Guardia Civil dejaron un millar de heridos en sus cargas contra la gente que, pacíficamente, quería votar, y entre los que había mujeres y ancianos (como en cualquier votación). Uno de los heridos perdió un ojo. Las fuerzas del orden recibieron felicitaciones y serán condecoradas por la Real Orden de San Cristobal (El confidencial digital, 4 de noviembre). Estas actuaciones han sido declaradas secreto oficial por el Gobierno por razones de Defensa Nacional.

El 3 de octubre triunfa una huelga general que prácticamente paraliza Catalunya en protesta por la violencia policial el 1-O. El monarca español, jefe de la fuerzas armadas, impuesto en línea directa por el dictador Franco y a quien no le ha votado nadie, lejos de calmar los ánimos,  amenaza en TVE  con la Ley del Embudo y con el uso de todos los recursos del Estado para regresar al orden constitucional que ha roto el gobierno y el parlamento catalanes; que sí fueron votados democráticamente. Mensaje con intenciones obvias. La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal había asegurado que la unidad de España se defendería por tierra, mar y aire y  después del 1-O afirmó que el Ejército Español está preparado para defender la integridad de España. Su segundo, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa añadió que las FAS están listas para defender la nación y el 12 de octubre en los corrillos de la Fiesta Nacional rubrica la amenaza. “Creo que no hará falta que el Ejército tenga que intervenir en defensa de la integridad de España”. Cuando Marta Rovira, secretaria general de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), en declaraciones el 17 de noviembre a Rac-1 dijo que el gobierno de Rajoy había hecho llegar amenazas al Ejecutivo catalán de que si no reculaban habría “muertos en la calle” porque “no dudaría en utilizar el Ejército llegando si fuera necesario a la violencia extrema”, en la Moncloa se apresuraron a desmentirla calificando sus palabras de burda patraña y de delirio. El excoronel Martínez Inglés en un informe publicado en Canarias Semanal (7 de diciembre) da la razón a Marta Rovira aunque señala que se quedó corta. Sostiene que el gobierno de M. Rajoy había diseñado un operativo secreto para “hundir la moral de los políticos catalanes” con la ayuda de especialistas en guerra psicológica. Martínez Inglés, aparte de aportar otros detalles, valora las consecuencias de una intervención militar que habría dejado “desgraciadamente muertos sobre el terreno, con multitud de daños directos sobre el enemigo (vidas humanas y material de guerra) o colaterales (vidas humanas de civiles y haciendas y bienes materiales”. La revista Interviú (13-19 de noviembre) publicó un informe detallado del plan para asaltar el Parlament de Catalunya por las Fuerzas del Orden. Andrea Levy, vicesecretaria general de Estudios y Programas del PP no se corta y dice ante los micrófonos de Radio Nacional de España (la emisora fundada por Franco en Burgos durante la guerra civil) que “Puigdemont ha puesto en riesgo la vida de todos los catalanes”. Hay que preguntar: ¿pensaban matarlos a todos? Quisling, el político noruego que dio un golpe de Estado contra el gobierno democrático y legítimo mientras los alemanes invadían su país, y que impuso una dictadura fascista durante la ocupación nazi, lo justificó para “salvar las vidas y las haciendas de los noruegos”.

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