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Expediente Medellín: metaliteratura negra

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La oveja negra

¿Quería Raymond Chadler ser Philip Marlowe? ¿Le hubiera gustado a Dashiell Hammett vivir la vida de Sam Spade? ¿Tenía Jim Thompson el íntimo deseo de ser sheriff de Potts Country y custodiar sus 1.280 almas? Suele decirse que hay algo del autor en cada uno de los personajes que crea, consciente o inconscientemente. Pero hay creadores que van más allá en sus obras y se convierten en protagonistas de sus novelas. Cansados de pasar tantas horas sentados frente a sus mesas, necesitan ser parte de la trama. Habitar los dos mundos: el real y el imaginario que se esconde tras cada página. No solo escribir la historia, sino vivirla. Es lo que se ha dado en llamar metaliteratura.

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Ángel de la Calle, en su maravilloso comic “Pinturas de guerra”, editado por Reino de Cordelia del que ya hablamos en esta columna (por cierto, el próximo día 15, a las 19:00 horas, estará firmando esta obra en la librería Generación X de la calle Puebla 15, en Madrid), se convertía en un personaje más de la novela gráfica.

Lo mismo ocurre en Expediente Medellín, la última novela de Susana Martín Gijón, autora de la saga policiaca iniciada con Más que cuerpos, todas ellas editadas por Anantes. Porque aunque la protagonista de las novelas sea Annika  Kaunda, la propia Susana se convierte en uno de los personajes de sus obras. En Expediente Medellín la autora es la protagonista, lo que constituye uno de los aciertos del libro. Susana Martín Gijón es invitada a un festival literario, la Fiesta del Libro y la Cultura, que se celebra en la ciudad colombiana. Pero la escritora se encuentra por casualidad con Simone, un personaje que apareció en sus novelas anteriores. Un hecho que le pone tras la pista de Bruno, el novio desaparecido de su amiga Annika. La historia se complicará con la aparición de un comisario obsesionado con la venganza y un asesino en serie que ha encontrado un trabajo idóneo para sus habilidades.

Los juegos entre realidad y ficción son constantes en la obra, mezclando no sólo a la autora con sus personajes, de los que es plenamente consciente de ser la creadora durante toda la narración, sino con otros de carne y hueso como el crítico literario Simón Viola o el escritor y detective Rafael Guerrero. Pero si hay un personaje cautivador en Expediente Medellín ese es el de Raimunda, un verdadero hallazgo. Ritmo, originalidad, ambientación. Expediente Medellín es uno de esos libros que uno lamenta que se terminen cuando cierra la última página.

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