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Quítate de encima los plásticos desechables

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El ciudadano autosuficiente

De todas las buenas ideas que ha tenido la humanidad, los plásticos son una de las mejores. Un material moldeable en infinitas formas, con infinitos usos, barato, ligero y disponible en toda clase de colores brillantes. Hacia 1950 eran realmente el material del futuro, pero a comienzos del siglo XXI están revelando una cara oculta cada vez más fea.

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Los plásticos desechables se fabrican por millones de toneladas y, como su nombre indican, terminan convertidos en residuos tras un ciclo de vida muy corto, de algunos meses. Los residuos plásticos atascan los vertederos y en buena parte se envían a países lejanos, como China, que recientemente se ha negado a seguir recibiendo más material basuril plástico de mala calidad procedente de Europa.

La tasa de reciclaje de estos residuos es todavía muy baja. Si se queman en incineradoras es necesario tratar los humos de salida con costosas técnicas.

Los plásticos componentes de los envases ligeros (como el poliespán) tienen una capacidad inaudita de fragmentarse y dispersarse por el paisaje, ensuciándolo hasta el último rincón. Si los plásticos alcanzan el mar encuentran su camino hasta alguna de las inmensas islas de basura plástica que existen en todos los océanos.

Además, un creciente número de plásticos usados para objetos de uso cotidiano están revelando que pueden ser potencialmente tóxicos. Es el caso del Bisfenol A usado en latas de conserva, que aguarda un dictamen de la UE desde hace años. Hay decenas de miles de variedades de plásticos comerciales, cada una con una fórmula distinta y compleja para hacerlos más duros, o blandos, o flexibles, o transparentes. Si las ingerimos, estas moléculas complejas de plásticos pueden suplantar a moléculas orgánicas necesarias para la vida (como las hormonas), produciendo estragos en nuestra salud.

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En resumen, ya es tiempo de quitarnos de encima toda esa masa de plásticos desechables, cuyos inconvenientes superan ya de largo a sus ventajas. Ya se está haciendo mucho: por ejemplo, el consumo de bolsas desechables se ha reducido a la mitad en menos de una década.

¿Y qué podemos hacer nosotros? Pues muchas cosas, y casi ninguna del género del ecologista heroico, sino basadas en el sentido común.

La primera y evidente es llevar una bolsa de tela en el bolsillo y rechazar las bolsas de plástico desechables. Como ahora las cobran en todas partes, eso es fácil (próximamente se espera la implantación de un impuesto europeo a los plásticos).

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La segunda y algo más difícil consiste en no comprar nada en envases de plástico desechable. La mayoría de las cosas que se venden en plástico se venden también en envases de vidrio o metal, así que no es tanto problema. Un apartado importante es dejar de comprar tantas botellas de plástico de agua, la del grifo es igual de buena y mil veces más barata. Puedes embotellarla tú mismo para usarla en la calle.

Una tercera, para usuarios algo más avanzados, es la compra a granel, que evita los inconvenientes de toda clase de envases desechables.

Una cuarta, para usuarios valerosos, consiste en ir a comprar carnes, pescados, encurtidos y variantes llevando nosotros nuestros propios envases o recipientes.

Hay mucho más, que podemos ir viendo según las circunstancias de la vida. En este blog, Vivir sin plástico, está toda la información necesaria. Este artículo “Una despensa sin plástico”, tiene toda clase de ideas interesantes. Por ejemplo, que un mortero con su mano te permite dejar de comprar toda clase de tarros de especias en polvo. Esta calculadora de plásticos te permite saber cuánto plástico desechable produces. Hay miles de ideas más, buenas para tu salud, tu bolsillo y tu planeta aligerado de tanto plástico desechable.

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