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La Haya condena, otra vez, a España

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Rosas y Espinas

El Tribunal de Derechos Humanos de La Haya es una de las instituciones internacionales que más gracia me hace desde que no me queda sentido del humor. Tal zingolotino tribunal de derechos humanos acaba de condenar al Estado español a pagar 50.000 euros a dos presos de ETA. Se ha demostrado que fueron sometidos a trato “inhumano y degradante” por la Guardia Civil tras ser detenidos. No sé si será significativo añadir que tres de los siete magistrados del tribunal de derechos humanos de La Haya quisieron añadir el calificativo de “tortura” a las actuaciones guardiacivileras.

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Eran dos presos. No me importa de dónde vinieran, de ETA, de los GAL o del Frente Barbado anarco-Hipsteriano. Eran dos presos. Van a recibir, entre los dos, una indemnización de 50.000 euros del Estado español por haber sido sometidos a trato “inhumano y degradante”, y a tres séptimos judiciales de tortura.

Si tres de siete jueces hablan de tortura, a mí se me va poniendo cara de Juana de Arco.

El Estado, o sea tú y yo, y ella, yo vosotros y nosotros y ellos, acabamos de pagar con juestros impuestos 50.000 euros a dos tíos por haberles degradado, inhumanizado y (al 3/7) torturado. Pues a mí me parece baratísimo esto de degradar, inhumanizar y toturar. Estoy seguro de que existen honorables banqueros y reyes que pagan más pasta por orgías sadomaso.

Mis trolls, que siempre están más atentos que un tonto al dedo que señala a la luna , me acusarán inmediatamente de defensor de los asesinos de ETA, dado que estas dos gentes, Igor Portu y Mattin Sarasola, son los dos terroristas que atentaron contra la terminal T-4 del aeropuerto de Barajas el 30 de diciembre de 2006. Hubo dos muertos inocentes que nunca tendrán derecho ya a ningún tribunal de derechos humanos de ningún sitio.

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Pero no deja de mosquearnos a algunos pocos esto de que se pueda extraer confesión o información alguna bajo tortura. Quizá cualquiera de nosotros también hubiéramos confesado. Y tampoco son casos aislados. Es la novena vez que nuestro país es condenado en La Haya por ni siquiera investigar este tipo de denuncias.

La multa por tratar inhumana y degradantemente a dos seres humanos tampoco nos va a elevar la prima de riesgo, ni a aumentar nuestra deuda pública de manera alarmante. Con 50.000 euros uno paga el cumple de los hijos de Ana Mato y poco más. Pero son pequeños borrones que a mí me ensucian enormemente el patriotismo, la bandera y algún que otro sentimiento más, como mi ética europeísta, si tal cualidad o defecto existiere.

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En su sentencia, el alto tribunal inútil de La Haya resalta que las lesiones de estos dos presos “no han sido negadas ni por el Tribunal Supremo ni por el Gobierno”.¿Para qué negarlas? Son prácticas normales en cualquier país civilizado. A nadie le incomoda que se torture un poquito a un etarra o a un yihadista. Solo observo una salvedad: que bajo tortura todos hubiéramos confesado ese atentado y más. Si medió tortura, cualquiera tiene derecho a sospechar que Igor Portu y Mattin Sarasola quizá no fueran los autores de ese atentado.

Pero bueno. Se pagan los 50.000 euros de la caja B de nuestros derechos humanos y ya nos vamos a la cama tan tranquilos. Vivimos en la mejor de las democracias. En la mejor de las europas. En la cuna de la civilización. No le demos más vueltas: lo de la tortura, nunca te va a suceder a ti. Dejémoslo pasar. Al fin y al cabo, solo son dos etarras. Y a Martin Niemöller que le den por saco. Solo era un sermoneador. O, lo que es peor, quizá un poeta.

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