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El día de los desenamorados

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Punto de Fisión

Cada día que pasa queda más claro que los altos cargos del PP no saben ni por dónde les da el aire. Cristina Cifuentes ha declarado que ella no participaba ni en la distribución de fondos, ni en la gestión económica ni administrativa. Ella era secretaria territorial, un cargo tan accesorio -según sus propias palabras- que ya no hace ninguna falta. Hará cosa de un mes Mariano confesaba que había olvidado por completo el funcionamiento de un operativo policial, a pesar de su experiencia como ministro del Interior. A veces da la impresión de que el país lo dirigen desde una tómbola, una posibilidad que no habría que descartar. Con tanta ignorancia y tanto desconocimiento no es extraño que el fondo de pensiones haya entrado en números rojos o que Bruselas alerte de la brutal caída de ingresos familiares en España. Si saben tanto de la economía del país como de la economía de su propio partido, lo extraño es que España entera no se haya ido a la mierda.

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Según se acerca la festividad de San Valentín, las desavenencias entre las parejas habituales del PP cobran un impulso inédito. José Luis Alvite decía, comentando sus diversos matrimonios, que la primera vez se había casado por la iglesia y la segunda por lo civil, pero de hacerlo una tercera le tocaría probar por lo penal. Ya se sabe que la derecha española suele oponerse por principio a cualquier tipo de intervención judicial en los asuntos amorosos, desde el divorcio hasta el matrimonio gay, pero después le cogen el gusto y se lanzan a los juzgados de carrerilla. Ahora el PP prefiere directamente abalanzarse por la vía penal, tirándose los trastos a la cabeza y llamándose de todo, pero ya se sabe que los amores reñidos son los más queridos.

La última guerra de los Rose en la Comunidad de Madrid ha dado lugar a una escalada de improperios entre el ex Secretario General del PP, Francisco Granados, y la actual presidenta, Cristina Cifuentes, que ejercía de secretaria territorial en calidad de accesorio. Granados ha dicho que Cifuentes, aparte de estar implicada en la financiación ilegal del partido, mantenía con el anterior presidente, Ignacio González, una relación sentimental que era conocida por todos. La acusación de Granados evoca aquel apasionado alegato del abogado defensor Jesús Maria Silva, quien dijo que la infanta Cristina actuó como lo hizo movida por su amor a su marido. Al mezclar una vez más en la batidora política el amor y el dinero, la Operación Púnica ha entrado en la fase Sálvame DeLuxe, donde la acción de la justicia podría derivar hacia los platós de Tele5 con Felipe González haciéndole sombra a Belén Esteban.

De momento, quien le ha pedido prestada la retórica a Belén Esteban es Cristina Cifuentes, que ha llamado a Granados miserable, mentiroso y mezquino, no necesariamente en ese orden. Hay un momento concreto en que los imputados del PP empiezan a recibir estos calificativos de sus viejos compañeros de partido, curiosamente el momento en que ingresan en prisión y no el momento en que empiezan a hacer oposiciones al traje a rayas. El motivo de este retraso -ya lo hemos explicado- es que ellos no se enteran ni del Nodo. Felipe González, un auténtico experto en el tema, ha confirmado que aquí no hay ningún problema de corrupción sino un descuido generalizado. Es decir, que los políticos españoles llevan varias décadas en babia, señalando a la luna de Valencia mientras los votantes miran al dedo. En cuanto a Granados, Felipe ha dicho que no le merece la menor confianza un señor que no admite ninguna responsabilidad, no como él, que se enteraba puntualmente del saqueo a las arcas públicas del PSOE gracias a la lectura del periódico por las mañanas.

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