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Seis intentos de acallar (sin éxito) el Carnaval de Cádiz

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Este 2018 muchos gaditanos, que no todos, estamos hartos de recordar que el carnaval debe ser no solo libre, sino también puñetero, porque la esencia de Don Carnal es el exceso, el vicio y la provocación. Sin esto el carnaval sería otra cosa, quizás algo más parecido a las Fiestas Típicas de la dictadura, pero por supuesto estaríamos ante un acontecimiento alejado de la irreverencia y mala uva que debe tener esta época de antes de la cuaresma. El carnaval de Cádiz ha sufrido a lo largo de su historia cortapisas de todo tipo, intentos, casi siempre infructuosos, de liberarlo de su carácter canalla. A continuación un repasito a algunos de ellos:

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Disfraz de frailazo que el alcalde de Cádiz, José María González, se puso en 2017 en homenaje a los fusilados por salir en la murga "Frailazo y los tragabuches" y colgó en sus redes sociales.

6. Chirigoteros al paredón (1936)

Poco después de que los fascistas dieran su golpe de estado en 1936, en la plaza de las Viudas de Cádiz fue ejecutado Guillermo Crespillo Lavié, que dirigió en 1932 Frailazo y los tragabuches, una murga que satirizaba a la iglesia. Según Santiago Moreno, especialista local en carnaval, se le había ajusticiado simplemente por pertenecer a una murga muy comprometida en tiempos de la Segunda República. No fue el único represaliado del carnaval de Cádiz en esos días, pero, a pesar de estas ejecuciones y de que Franco prohibiría el carnaval, los gaditanos continuaron cantando en bares y locales cerrados aquello que les venía en gana. Otros autores, en cambio, escribieron loas al caudillo y sus “hazañas”, pero el verdadero carnaval se vivía en la clandestinidad.

Foto: Todo Colección.

5. La ominosa conversión a "Fiestas Típicas" (1948)

Despojado el carnaval de todo su sentido, en 1948 Carlos María Rodríguez de Valcárcel levanta su prohibición, pero por supuesto no para dar rienda suelta a los autores, sino para edulcorarlo de tal manera que hasta se le cambió el nombre: primero Fiesta de Coros, luego Fiestas Folclóricas Típicas Gaditanas, después Fiestas Típicas y por último, de 1966 a 1977, Fiestas Típicas / Antiguos Carnavales. Durante algunos años se trasladó incluso de fecha: de febrero a mayo.

Durante la dictadura franquista, la censura intentó que los autores no se desmadrasen y se mantuvieran dentro de los cánones de corrección que marcaba el régimen. Sin embargo, en ocasiones las letras presentadas a Censura para su revisión no se correspondían con las que luego se cantaban en la calle, con lo que los autores se saltaban a la torera las imposiciones. Muchos de esos autores fueron llevados a comisaría en no pocas ocasiones, pero esto no solo no los asustaba, sino que una vez encerrados se atrevían a cantar allí mismo los temas por los que habían sido apresados.

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4. Ni Tejero paró el Falla (1981)

Mientras el 23 de febrero de 1981 se producía el intento de golpe de Estado en el Congreso de los Diputados, el teatro Falla celebraba su concurso de carnaval. Aunque entonces no había móviles y era más difícil que las noticias llegaran al interior del teatro, las agrupaciones sí supieron de lo que estaba sucediendo en Madrid, pero un tío con un tricornio y una pistola no iba a frenar algo tan sumamente importante para el gaditano y el concurso continuó. Días después, ya en la final del concurso, el cuarteto Cuatro parlamentarios parlanchines y estrafalarios bromeó con el ya frustrado golpe de estado.

3. Cubatas para todos (1986)

A veces las represalias han llegado desde los propios implicados en el carnaval. En 1986 se produjo el “cajonazo” (agrupación con mucha calidad que se queda fuera de la final) más sonado de toda la historia del concurso de agrupaciones: el de Los cubatas. Que no pasara a la final una chirigota que llevaba años demostrando su valía supuso todo un escándalo entre los aficionados, que manifestaron su descontento con el fallo del jurado una y otra vez.

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Según narra uno de los autores, Paco Rosado, la ausencia de Los cubatas de la gran final pudo venir motivada por una rencilla personal del entonces responsable de la Federación Provincial de Peñas con Chico Rosado, su hermano, y es que el poder que la entidad tenía en el concurso era notable. Pero si Los cubatas quedaron fuera de la final en un presunto intento de ninguneo, el efecto fue contrario: sin estar en las tablas del Falla cobraron un protagonismo extraordinario. Muchas de las agrupaciones que sí subieron al escenario en la final del concurso le dedicaron guiños que el público vitoreó y, ya en la calle, Los cubatas se convirtieron en la gran sensación.

2. Con el Papa hemos topado (1993)

En 1993, la comparsa de Antonio Martínez Ares, ese año llamada Los miserables, cantó el pasodoble ">“Ha dicho el Santo Padre…” que arremetía contra el mayor tótem de la Iglesia Católica: el Papa Juan Pablo II. Entre otras cosas, Martínez Ares decía “recordarnos los mandamientos / viviendo como un marqués / si usted es el Dios aquí en la Tierra / por qué se encierra en ese palacio…” La polémica letra le valió a Martínez Ares la expulsión de la cuadrilla del Nazareno a la que pertenecía, pero lejos de callarse, el autor continuó escribiendo sin tapujos y al año siguiente, con su comparsa ">La ventolera, respondió a la expulsión con otro pasodoble: “ sin llevarte a hombros / me dejan los santos, / los mismos que aplaudieron / y enorgullecieron de ser mis hermanos / cuando llegó el momento / guardaron silencio y lavaron sus manos / lo mismo que Pilatos”.

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Montaje: La Voz del Carnaval.

1. Puigdemont y Andreíta (2018)

Este 2018, el ya muy pero que muy cacareado asunto Puigdemont de la chirigota La familia Verdugo, por cierto exponente sin ambages de lo que debe ser Don Carnal (más allá de que nos guste o no su humor), ha sacado a relucir los cuernos de lo políticamente correcto y el rabo de la censura. A su vez, y desde otro frente, Andrea Janeiro se ofendió por el chiste que sobre ella hizo la chirigota sevillana Una corrida en tu cara y hasta lo puso en mano de sus abogados… Lo que parecen no saber los unos ni los otros es que tan exageradas respuestas provocan un efecto tsunami que ha llevado a las agrupaciones, tanto del concurso como de la calle, a continuar haciendo bromas con Puigdemont y Andreíta.

El carnaval debe ser “grande y libre”, pero no como el lema del fascismo, sino más bien como el estribillo de la chirigota callejera Las del régimen, que representan con guasa a un grupo de mujeres fascistas que la quieren “grande y libre” (y no hay que echarle mucha imaginación para saber el qué). Pues eso, y para que le den a los fascistas que quisieron acabar con su idiosincrasia, recurrimos a su lema desvirtuándolo: el carnaval de Cádiz es uno, grande y debe ser aún más libre. Tanto como la concejala de fiestas María Romay vestida de la estatua de Gades y demostrando que no está reñido ser feminista con representar un desnudo con absoluta coherencia. Al carnaval de Cádiz no lo calla nada ni nadie.

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