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Cuando la prensa mundial anunció que Franco tenía platillos volantes nazis

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Aunque pueda parecerlo, no, no le hemos vuelto a dar a la botella. En los años de postguerra, varios periódicos norteamericanos publicaron que unos científicos alemanes, en el paro tras la caída del Tercer Reich, buscaron reciclarse profesionalmente fabricando una serie de “armas maravilla” para el Caudillo. Según estos medios, Franco en persona habría sido testigo del lanzamiento de algunos de los avanzados ingenios tecnológicos, de forma oblonga, creados por sus germanos de alquiler. Para ello, y con su estilazo habitual, el “único vencedor del marxismo en el campo de batalla” viajó en su yate hasta la Costa del Sol, fondeándolo frente a Marbella. Allí, según un periodusta (o algo) canadiense, existía un laboratorio secreto nazi.

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La cosa esta de los “platillos volantes”

Por mucho que los magufos amantes de la serie Ancient Aliens se dejen la vista en ver platillos volantes hasta en los posos del té egipcio, el fenómeno OVNI nació el 24 de junio de 1947, cuando el piloto Kennet Arnold, que sobrevolaba la Cordillera de las Cascadas aseguró haber visto 9 objetos voladores no identificados que se movían  “erráticamente, como un plato lanzado al agua”. Prácticamente un mes después se producía el incidente de Roswell, el legendario supuesto accidente de una avanzada nave extraterrestre carente de asientos eyectables, airbags, ni nada parecido a un plan de evacuación , en Nuevo México.

¡Ni de Marte de de Venus, son españoles!

Por aquel entonces los platillos volantes en nuestro país eran los que aparecían en los sueños de los miles y miles de niños huérfanos por la guerra, ocupados por chorizos y morcilla, nada de marcianos. Aquellos pequeños no se enteraron de la terrible noticia que apareció en el diario estadounidense The Denver Post el 9 de noviembre de 1947. “Los Platillos Volantes llevan a Franco; armas secretas fabricadas por alemanes”. El reportero de guerra y novelista Lionel Shapiro revelaba la tenebrosa alianza entre el águila nazi y el polluelo nacional-católico.

“Tres científicos alemanes que trabajan bajo el patrocinio personal del Generalísimo Francisco Franco han desarrollado dos armas de guerra muy avanzadas, según las especificaciones y los planos sacados de España por un agente de una organización espía europea independiente”

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¿Comorrrrl? ¿Qué hacían tres científicos germanos fabricando armas para el “vigía de Occidente”?

Los ingenieros alemanes que trabajaban para el derrotado gobierno nazi tuvieron que buscarse las habichuelas una vez terminado el conflicto. Algunos, como Werner von Braun acabaron en los EEUU y ayudaron a los americanos a colocar al primer hombre en la Luna. Otros, como los hermanos Horten, pioneros en la fabricación de alas volantes, optaron por comer mejor carne mudándose a Argentina.

A finales de los años 40, España era un lugar seguro para cualquier nazi de pro. Bajo el sol de Franco, aquí se refugiaron individuos como Otto “caracortada” Skorzeky, legendario rescatador de Mussolini, o el infame belga León Degrelle, que tras amerizar con un bombardero en la playa donostiarra de La Concha se instaló primero en Sevilla y después en Benalmádena (Málaga).

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De constructores de platillos volantes, no tenemos constancia, pero Willy Messerschmitt, ingeniero aeronáutico creador de alguno de los cazas más temibles de la Luftwaffe alemana sí se instaló en nuestro país, creando el primer avión a reacción Made in Spain: el Ha-200 “Saeta”, que surcó los cielos de Sevilla en 1955.

Skorzeny, gravemente enfermo, recibió la visita de Manuel Fraga Iribarne.

Un laboratorio secreto nazi… en Marbella

En la película Iron Sky pudimos ver una base secreta nazi en la Luna. Lo que nunca nos hubiésemos imaginado es que hace setenta años una serie de poderos armas secretas fuesen creadas en plena Costa del Sol. The Denver Post publicaba que las grandes potencias seguían la pista de los platillos volantes hasta las playas favoritas de Torrente.

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“Según la información disponible, las armas habían sido desarrolladas en laboratorios secretos localizados cerca de Marbella”.

Un ensayo para el Caudillo

En las soleadas instalaciones, dos ingenieros alemanes supuestamente llamados Knoh y Mueller habían creado un cohete bautizado como KM2. Este arma puntera, según  había sido probada en la costa de Málaga ante la atenta mirada del Francisco Franco, desde su yate (imaginamos que el Azor V-o, apodado “Azorín”). Una imagen que nos recuerda a los memes de Kim Jong Un mirando cosas.

Según Hitler’s Flying Saucers: A Guide to German Flying Discs of the Second World War, “Paquita” contempló como un proyectil nuclear había sido lanzado “en aguas de Baleares (extraño salto geográfico propio de un redactor poco leído y menos viajado) “desde cañones montados en un dragaminas español. Imaginamos que el dragaminas había sido convenientemente tuneado por los ingenieros nazis, que si no, no iba a disparar ni un gargajo.

También desvelaba (o algo) Shapiro que nuestro Caudillo había usado su amor por la pesca de altura como tapadera para poder asistir al ensayo misilístico sin despertar sospechas.

“Franco desapareció de Madrid varias veces en primavera, a comienzos del verano, y cuando volvía se decía que había estado pescando en su yate.”

¿Pero entonces, no eran platillos volantes?

Como describió Magonia, el cohete, con un alcance de nada menos que 16.000 kilómetros, se controlaba por radio y era “atraído por las vibraciones eléctricas de los aviones o el magnetismo de la masa de metal más cercana”. Shapiro revelaba al mundo la verdadera naturaleza de los misteriosos platillos volantes. No eran naves extraterrestres, eran misiles (con muy mala idea) de Franco.

Los cohetes se habían lanzado hacia Norteamérica y que eran responsables de uno y probablemente dos accidentes de aviones de transporte (en Estados Unidos) que, a falta de mejor explicación, se habían achacado a defectos estructurales”.

El otro armatoste sobre el que fantaseaba Shapiro en su (ehem) “investigación”, que fue reproducida en muchos  medios escritos en el orbe anglosajón,  era un proyectil de artillería con capacidad nuclear. También contaba que habia tres importantes países interesados por hacerse con los planos de los nueves juguetes de Franco. No, el Timonel de la dulce sonrisa no estaba pensando en sacarse un extra con la exportación de armas secretas. Un espía lo había robado todo y lo vendía al mejor postor.

Todos estos bulos sirvieron para que el juntaletras canadiense se sacase unos dólares (y un servidor, unos euros).

Con información de Hitler’s Flying Saucers: A Guide to German Flying Discs of the Second World War, The Denver Post y Magonia.

La imagen de cabecera es un exquisito montaje de Javier Ramos, extraterrestre concupiscente en Agudeza Visual.

Jaime Noguera busca rollo con marcianas y es autor de la novela alienígena España: Guerra Zombi

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