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Opinión · Postdatas

Un mundo con serios problemas de próstata

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Hasta hace nada y menos, España, nuestra querida España, era un pastel que se repartían entre el PP y Ciudadanos, socios de legislatura en el Congreso de los Diputados y varios parlamentos autonómicos. Según los sondeos, todo para ellos, y la izquierda, en crisis, siempre en crisis, con diecisiete teóricos del Carnaval teorizando sobre la grave crisis de la izquierda, claro.

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Aunque la recuperación es una cagarruta pinchada en un palo, la prensa del Nuevo Movimiento aplaude con las orejas los logros del Gobierno del PP y sus compinches anaranjados. Responsabilidad, eficacia, sentido de responsabilidad y leche frita forman una cortina de humo perfecta para ocultar la precariedad de la recuperación, que consiste en verdad en una nueva forma de explotación de los trabajadores y las trabajadoras, sobre todo de los más jóvenes, que no son ya ni mileuristas.

Sí, una nueva versión de España va bien, pero sin el bigote de Aznar de por medio; otro trágala con vaselina de los mangantes vitaminados de toda la vida.

Pero mira por dónde, los pensionistas se hartaron de un 0,25 por ciento de caca de la vaca de subida y salieron a la calle para decir hasta aquí hemos llegado, hijos míos, cabrones.

Gracias a este pie en pared en babuchas y juanetes, el sacrosanto Pacto de Toledo está a punto de saltar por los aires ante la presión social de unos abuelos que levantaron España y que ahora ven cómo este puñetero país los quiere hundir en la más absoluta de las miserias. Y que encima amenaza a sus hijos y nietos con devolverlos a la beneficencia.

Y con el centro-derecha con el pie cambiado –casi vendiendo Celia Villalobos pólizas privadas al personal- por las protestas de los pensionistas, resulta que el calendario nos trae el 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer Trabajadora, que en España es sinónimo de paro y huelga apoyada por los sindicatos y por los partidos de izquierdas, PSOE y Podemos.

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De entrada, el PP reacciona de nuevo enviando por delante a sus ministras y dirigentes femeninos más relevantes anunciando una huelga a la japonesa, desmarcándose descaradamente del clamor popular por un paro o una huelga, por una protesta como Dios manda.

Los chicos de Ciudadanos, con Arrimadas de vocera televisiva, argumentan que las protestas programadas no son inclusivas y que ellos pues que no pero que sí.

Los populares ni aparecieron por las manis, y los naranjitos se pasaron de tapadillos y les cayó algún que otro chaparrón, Villacís y alguna dirigente más de Ciudadanos sufrieron alguna consigna y música de viento. Un chaparrón ante tanta ambigüedad y tanta pamplina que para el Niño Rivera, que le gusta más un agravio que a un tonto un pito de goma, es acoso.

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Al final, por mucho lazo morado que portaran Rajoy y Rivera, el PP y Ciudadanos pincharon en hueso: no se enteraron hasta que fue demasiado tarde de que las mujeres de este país, incluidas muchas de sus votantes, están hasta el moño, y que quieren que los malos rollos que les hacen infelices (brecha salarial, violencia de género, explotación doméstica, etc.) se acaben desde ya. Y tenían ganas de gritarlo públicamente, tomando calles, plazas y avenidas.

Así las cosas, la histórica movilización de las mujeres cogió al centro-derecha español haciéndose pajas mentales contra las feministas, dándole, en el fondo, algo de pábulo al obispo Munilla, que sabe tanto de mujeres que las asocia con el Demonio Pincha Papas. ¿Dónde se habrá metido su reverendísima para saber tanto de este negociado humano?

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Por cierto, ¿el destape de cintura para arriba ante la catedral de San Sebastián, bajo el lema “Munilla, el diablo te busca”, de una veintena de mujeres atenta o no contra la libertad religiosa?

No estaría mal que las enchironaran para completar la cafrada tras la epidemia de condenas contra los raperos. Hasta un Nobel de latón le podrían dar al ministro del Interior, el tal Zoido.

En fin, histórico que cienes y cienes –que diría Sabina- de mujeres mandaran por tabaco a esta pandilla de neoliberales y meapilas que llevan siglos explotándolas como madres y fregonas, robándoles la bolsa y la vida, maltratándolas de palabra y obra, atándolas como en la cumbia de la cabra.

Quizás ellas sean la solución para cambiar un mundo que empieza a tener serios problemas de próstata.

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