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“Todo buen español debería mear siempre mirando hacia Inglaterra”

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Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias.

El héroe español más reivindicado de los últimos años, un tipo conocido por su tenacidad… y porque tenía complejo de Mr. Potato. Con todo el respeto para ambos. Blas de Lezo ha pasado a la posteridad por ser el mejor marino español de la Historia y por una frase atribuida que le retrata: “Todo buen español debería mear siempre mirando hacia Inglaterra”. Si en lugar de militar hubiera sido profeta, hoy los mingitorios españoles estarían orientados hacia la Pérfida Albión como las mezquitas hacia la Meca.

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Aunque conocido por la defensa de Cartagena de Indias frente al almirante Vernon, Lezo ya llevaba en ese momento mucha mochila militar a las espaldas. Repasemos un poco su vida.

A la tierna edad de doce años, este guipuzcoano se embarcó en una escuadra naval francesa (a principios del siglo XVIII era aliada de la española), y empezó su carrera como marino. Con quince años, en 1704, Blas estaría empezando a afeitarse, pero eso no era excusa para no darle un par de hostias a los ingleses, que en ese momento luchaban del lado del archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión española.

Francia apoyaba a Felipe V, nieto del rey Luis XIV. Pues bien, una semana después de la captura de Gibraltar (4 de agosto de 1704), la armada franco-española se lanzó a retomarla.

De camino, se toparon con la flota inglesa y se desató un combate que terminó sin claro vencedor, aunque los ingleses mantuvieron la plaza.

El que sí que perdió algo por el camino fue Lezo, que vio cómo su pierna izquierda se independizaba de su cuerpo gracias a una bala de cañón. Tocó amputar por debajo de la rodilla sin anestesia ni nada, a palo seco. Palo, ¿lo pillas?

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Pero no se fue con las manos vacías, ya que fue ascendido a alférez (por los franceses, ojo) por su valor.

Alférez dentro, pierna fuera

No te calientes mucho la cabeza, todos los cuadros de batallas son iguales. Solo cambian las banderitas. (Batalla de Málaga, de Isaac Sailmaker).

De nuevo bajo mando francés, y defendiendo la fortaleza francesa de Tolón en 1707, se ganó una lluvia de esquirlas ocasionada por otro cañonazo a mala fe. Una de esas esquirlas viajó directamente hasta su ojo izquierdo, que acabó hecho pulpa.

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Años más tarde, entre 1713 y 1714, un ejército mayormente francés, apoyado por españoles y algunos extranjeros, asediaron Barcelona. En el mar, Lezo comandaba un buque que se dedicó al bombardeo y bloqueo de la ciudad, pero en uno de los rifirrafes, un balazo le dejó el brazo derecho tonto.

Tenía 26 años y ya era cojo, tuerto y manco

El futuro no es que pintase muy bien para el joven Blas. O al menos accesible para una persona con una diversidad motora y sensorial como la suya.

Ya tenemos a Blas completo, o incompleto.

Después de eso, Lezo vio muchos mares americanos, escoltó la Flota de Galeones, patrulló las costas para detener a piratas, y para 1723 era general y jefe de la Escuadra del Mar del Sur (cuatro barcos, literalmente).

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Como un buen millenial, se casó a los 36 años con una limeña de 16, pero su estrella casi se apagó tras una serie encontronazos con el virrey del Perú, que quería recortar gastos navales. Terminó volviendo a España, donde se le dio el mando de la escuadra del Mediterráneo.

En 1732 participó en la reconquista de Orán (hoy Argelia), perdida en 1709, y en 1737 volvió a América, donde le encargaron la defensa de Cartagena de Indias (hoy en Colombia) y combatir la piratería. Precisamente los problemas con la piratería inglesa derivaría en la guerra del Asiento (1739-1748) contra los ingleses, momento en el que ocurrió su más hazaña más famosa.

Queriendo desestabilizar el control español sobre las colonias americanas, los ingleses lanzaron una gran ofensiva comandada por el almirante Edward Vernon. Tomó una plaza en Panamá y le envió una carta a Lezo donde se expresaba con total cortesía pero con importantes dosis de ironía que eran correspondidas por el vasco en sus respuestas.

Vernon tenía motivos para chulearse, ya que disponía de una flota enorme de 186 naves con 23600 hombres. ¿Cuáles eran las defensas españolas? Unos 3000 soldados y seis barcos. La cosa estaba más turbia que el café en Inglaterra.

El 13 de marzo de 1741 Vernon cayó sobre Cartagena de Indias con todo su poderío.

Los barcos españoles habían sido destruidos por los defensores para taponar los accesos a la bahía, pero los ingleses consiguieron penetrar, y en poco tiempo cayeron todas las defensas (que no eran pocas) menos una, en concreto este amigo:

Castillo de San Felipe de Barajas. (Fuente: KenWalker).

En ese fuerte aguantaron desde el 13 de marzo hasta el 20 de mayo. Quedaban 600 defensores, así que los ingleses intentaron atacar por tierra, pero aquello estaba rodeado de selva y el ataque fue rechazado tras una salida de los defensores.

Causaron numerosas bajas a los ingleses y estos tuvieron la mala fortuna de ser visitados por la fiebre amarilla. La noche del 19 de abril hubo un nuevo intento de asedio, pero los defensores habían preparado fosos profundos que dejaron inútiles las escalas de los enemigos. Se vieron avasallados por los defensores, así que la combinación de desastres les obligó a retirarse.

Británicos atacan Cartagena de Indias, de Luis Fernández Gordillo.

Aunque Vernon todavía mantuvo el bombardeo un mes, tuvo que retirarse por la gran cantidad de bajas (alrededor de 7000-8000, más otros tantos heridos), los problemas de aprovisionamiento y enfermedades.

Lo gracioso es que, semanas atrás, viendo que tenía la victoria al alcance de la mano, había enviado correo a Inglaterra avisando de la victoria. Encantados con la noticia, se hicieron medallas conmemorativas de una victoria… que nunca existió:

Medalla de la izquierda: aparece Blas de Lezo (Don Blass), representado con ambas piernas, arrodillado frente al almirante Vernon y entregando su espada.
La leyenda dice «The pride of Spain humbled by Ad. Vernon», es decir, «El orgullo de España humillado por el Almirante Vernon». Museo Naval de Madrid.
Medalla de la derecha: la leyenda dice «Admiral Vernon veiwing the town of Carthagana», es decir «El almirante Vernon observando la villa de Cartagena». El reverso tiene la inscripción: «The forts of Carthagena destroyd by Adm Vernon» («Los fuertes de Cartagena destruidos por el almirante Vernon»)Museo Naval de Madrid.

Blas de Lezo murió poco después del asedio, el 7 de septiembre a causa de infecciones provocadas por astillas que le alcanzaron en uno de los bombardeos ingleses.

Ahora bien, tenemos malas noticias: el tan cacareado mote de Mediohombre tiene visos de ser más falso que su pierna. No hay ningún indicio de que en su época se le llamase de esa manera.

Ah, ¿y este texto os suena?

Dile a mis hijos que morí como un buen vasco, amando y defendiendo la integridad de España y del Imperio… Gracias por todo lo que me has dado, mujer… Ah, pero te ruego que no me traigas plañideras a que giman y den alaridos sobre mi cadáver…; no lo podría soportar… –Y luego murmuró casi imperceptiblemente–: ¡Fuego!, ¡Fuego…!

Supuestamente lo dijo antes de morir, pero su esposa estaba al otro lado del Atlántico y, de hecho, no hay ninguna constancia de que las pronunciase.

Con información de Historia absurda de España y ABC.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

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