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Berri Txarrak: la reivindicación de lo sencillo

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El Sótano del Indio

Berri Txarrak nació en 1994, un año después que un servidor, por lo que se podría decir que formo parte de una “nueva” tanda de seguidores de la banda. Cuando actuaron en Blanes, el municipio en el que me crié, apenas tenía 11 años y solo pude conformarme con la crónica que a duras penas empalabró mi hermano mayor al volver. Justamente por ser un grupo que aglutina a diferentes generaciones es por lo que se genera un clima tan especial en sus actuaciones, en las que conviven los fanáticos de los primeros discos y los más jóvenes, que nos enganchamos a través de los riffs pegadizos e incluso bailables de sus últimos trabajos.

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Después de la presentación en Barcelona, todavía con el cuerpo temblando después de dos horas de pura energía, dejé en manos de algunos amigos del equipo de los Berri una decisión que no me atrevía a tomar solo: “¿Y si me voy a ver el show de Bilbao la semana que viene? Son cuatrocientos kilómetros desde Madrid, ¿creéis que vale la pena?”. A lo que respondieron con un rotundo: “Vente. Va a ser la hostia”. Ellos, los que trabajan detrás (luces, backline, sonido, producción…) estaban casi más emocionados que la misma banda. Tenía sentido, era la primera vez en 24 años de historia que levantaban un concierto desde cero. Pau, manager del grupo lo explicaba en la ETB semanas antes: “Queremos dar más a la gente que nos da tanto cariño”. Wero, del equipo de producción, lo resumió así: “Te dan cuatro paredes muy anchas y llénalo”. Y vaya si lo llenaron.

Una de las cosas que más me llama la atención de un concierto es el comienzo. La entrada al escenario dice mucho sobre las intenciones de la banda, y es determinante cómo se capta la atención de la audiencia desde el principio. Los navarros salieron el pasado sábado al escenario del Bilbao Exhibition Centre sin parafernalia: ni música de entrada, ni un espectáculo de luces llamativo. Caminaron aplaudiendo hacia la parte frontal y —visiblemente emocionados— mostraron sus respetos a las más de 10.000 personas que abarrotaron el recinto. Acto seguido, cada uno de los tres de Lekunberri tomaron posiciones y arrancó un show de 3 horas que difícilmente se borrará de la memoria de todas y cada una de las personas que asistieron.

Ese montaje enorme que el equipo se tomó como un reto fue un ejemplo de cómo trabaja el grupo: sencillo y efectivo. No había llamaradas, ni hologramas, ni demás posibilidades que da actuar en un espacio tan grande: solo un refuerzo de sonido y luces impresionantes (a la altura del recinto) y dos pantallas gigantes para que los espectadores que se encontraban más lejos del escenario no se perdieran detalle. Berri Txarrak no necesita más. Ellos mismos se encargaron, con un setlist medido al milímetro pero cerrado en los últimos minutos, de hacer que su noche más especial se convirtiera en un espectáculo que justificara, sin atisbo de ninguna duda, atravesar media península para verles.

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En el BEC se percibía cierta nostalgia entre los más veteranos, esa sensación que roza el egoísmo cuando una banda que seguimos desde hace tiempo crece y ya no son unos pocos privilegiados los que llenan una sala pequeña: “Yo los vi hace 5 años y éramos 50”. Pero la humildad con la que enfocan el éxito Gorka, David y Galder hace imposible no alegrarse de que las cosas les vayan bien. Cualquiera que conozca su trayectoria sabe que la noticia que se viralizó sobre su concierto en Nantes (Francia) —en la que tuvieron que actuar para una sola persona— no fue algo tan excepcional; se entregan de igual manera ante 1 espectador que ante 10.000.

Desde Dardararen Bat hasta Ohiu, el repertorio convenció a todas las generaciones de fans. Hubo margen para pogos y empujones, también para que los espectadores de las gradas se sentaran y apreciaran las canciones más lentas, y no podía faltar la memoria histórica con Urbizu tocando Maravillas en solitario… Tras los últimos acordes y la rigurosa foto del final, parecían no querer abandonar el escenario. Fue una noche muy especial: la prensa regional y la especializada dejaron constancia en titulares del estilo Berri Txarrak hace historia. Epígrafes que se sucedieron a lo largo del fin de semana y que —paradójicamente— cabe pensar, tratándose de los de Lekunberri, que lo presenciado en Barakaldo no diste tanto de lo ocurrido en Nantes. Tres tipos humildes que están recogiendo lo sembrado y eso no son berri txarrak, eso son buenas noticias.

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