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¿Armas o pensiones?

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Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

María Dolores de Cospedal ha anunciado el nuevo ciclo inversor del Ministerio de Defensa concretado en siete programas especiales de armamentos (PEA) con un coste inicial de 10.805 millones. Estas nuevas armas, algunas de ellas ya anunciadas, son los blindados 8×8 Piraña, la fragata F-110, 4 drones Reaper, helicópteros NH-90 y Chinook. A los que hora se añaden: aviones de entrenamiento, aviones de reabastecimiento en el aire y la modernización de sistemas de mando y control aéreo. Unos nuevos sistemas de armas que vienen a engrosar los PEA ya existentes, algunos de ellos aún en construcción y que han representado un coste para el erario público español de 34.240 millones de euros, y de los cuales aún se adeuda la cifra de 21.351 millones (Agustín Conde, Secretario de Defensa, Comisión de Defensa 26/04/2017). Cifra a la que se deben añadir la devolución de los créditos en concepto de I+D que todos los años se conceden a las empresas militares desde el Ministerio de Industria, a las empresas que construyen esos artefactos y que según el anterior Secretario de Defensa (Pedro Argüelles, (Comisión de Defensa 23/05/2013) eran de 15.000 millones.

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Es decir, existe una enorme deuda generada por la adquisición de armamentos y se prepara ampliarla. La justificación de estos nuevos PEA viene dada por el compromiso verbal (que no firmado) por el presidente Mariano Rajoy en la sesión de la OTAN en Gales en septiembre de 2014, donde se comprometió, junto al resto de países miembros de la OTAN, de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar en el año 2024. Una cifra del 2% del PÌB que no viene determinada por ningún análisis, si no que sale de la chistera de los mandos militares del Pentágono, y que el presidente de Estados Unidos, sea repúblicano o demócrata, han venido repitiendo machaconamente en los últimos años, y que el actual presidente, Donald Trump, llegó al extremo de amenazar con abandonar la defensa de Europa y la OTAN si los países europeos no contribuían a su mantenimiento. Una insistencia en aumentar el gasto militar europeo, que seguro está determinada por el interés de EEUU en favorecer su propia industria militar y sus ventas de armas a Europa y al resto del mundo, pues EEUU es el principal fabricante de armas del mundo y cualquier aumento del gasto militar beneficia a su industria.

En un artículo anterior hice un cálculo aproximado que aquí preciso con exactitud, sobre qué representaría para España, y para el conjunto de los países de la OTAN y de la Unión Europea alcanzar el 2% del PIB en gasto militar. Para España, considerando sólo el gasto del Ministerio de Defensa de 2017 (8.776,5 M€), y no el resto de gastos militares repartidos por otros Ministerios, fue el 0,75 del PIB, y si se quiere alcanzar el 2% se deberían destinar 23.403 M€ del gasto público a Defensa. Eso sin contar el crecimiento anual del PIB, que en 2024 será superior al actual, lo cual seguro situaría el gasto militar en no menos de 25.000 millones de euros.

Algo similar les ocurre a los países europeos miembros de la OTAN, que en 2016 tuvieron una media de gasto, según el SIPRI 2017, de 1,50% del PIB y que en su conjunto gastan en defensa 254.000 M€, alcanzar el 2% del PIB representarían 339.000 M€.

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El incremento para la UE aún sería superior, pues en su conjunto, los países gasta en defensa de media un 1,46% respecto del PIB (287.000 M€), y pasarían a gastar 393.000 millones.

Cuesta de creer que en medio de la crisis que desde el 2008 azota a Europa y España, los gobiernos europeos se lancen a tan increíble aumento de gasto. Pero es de especial gravedad el caso español, donde el incremento rondará los 17.000 millones, cuándo, por el contrario se ha recortado el gasto en sanidad, educación, infraestructuras, cultura; con las pensiones de jubilación amenazadas, sin viviendas sociales que frenen el auge de su precio, y con un paro estructural del 16%. Un descabellado aumento del gasto militar sin justificación, cuando ni España ni Europa deben afrontar amenazas militares. Pues según indican las propias Directivas de Defensa de España y de la UE el máximo peligro proviene del terrorismo, y no parece que los ejércitos, como ya se ha demostrado, puedan hacer nada para frenar atentados; ni la desestabilización que enfrenta a Estados Unidos y Rusia, Europa deba contestar con una mayor fuerza militar, cuándo lo aconsejable es que se negocie y la OTAN deje de tensionar las fronteras con Rusia.

Entonces, ¿Qué proporciona mayor seguridad a la población, los armamentos o los gastos sociales?

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