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Opinión · Postdatas

Por el abismo de las malas personas

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Como he contado en alguna ocasión, yo decidí hacerme periodista (estudié en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid) por Manuel Vázquez Montalbán. Fueron tantos libros (Manifiesto subnormal, Informe sobre la información, La rosa de Alejandría, Galíndez, Los mares del Sur, etc…) y tantos artículos (De cómo don Mariano Rajoy se convirtió en un ovni, Coplas, Triomf, Vacíos, Rumores, Di Stéfano, Kubala, Suárez…) para admirarlo, para recordarlo, para no olvidarlo…

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Cuando murió me sentí absolutamente desolado, huérfano.

Pero con los años ha ido ocupando esa vacante sentimental Almudena Grandes. La mayoría de sus libros contienen un embrujo que te atrapa del prólogo al epílogo (Las edades de Lulú, El corazón helado, Inés y la alegría, el lector de Julio Verne, Las tres bodas de Manolita, Los besos en el pan, los pacientes del doctor García…). Y son terapéuticos para la memoria.

Y sus artículos llevan un dardo en cada palabra, son pequeños monumentos de valentía y sensatez…

El último que me ha marcado ha sido uno de los cortitos, de los que se visten a una columna y está formado por unos pocos pelotones de palabras. Me refiero a Peores.

Es lógicamente sobre Cataluña, pero también sobre España: “La crisis política e institucional que ha resultado del proceso catalán  nos ha hecho peores. Nadie debería celebrar que se fuguen empresas, que se suspendan eventos, que se enrarezca el aire que respiramos todos… La miseria moral que desencadena tanto rencor está envileciendo nuestra vida cotidiana… El destino de Cataluña ya no es solamente un asunto catalán. En la medida en la que nos está convirtiendo en personas peores de lo que somos, todos los españoles necesitamos por igual una buena solución política al conflicto. Y la necesitamos ya”.

No puedo estar más de acuerdo. Por el camino que vamos, el problema catalán se eternizará de nuevo, entrará en un nuevo laberinto de Dédalo de puñaladas traperas y Minotauros criminales y se deteriorarán más las relaciones entre personas y territorios hasta hacer imposible la reconciliación, los besos, las caricias, los polvos mágicos…

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Hace falta una actuación política decidida que ponga fin a esta deriva que nos empuja cada vez más a una confrontación civil soterrada pero permanente.

El PP y Ciudadanos defienden la actual línea judicial y ‘leña al independentista’ que solo está empeorando la situación. ¿De qué vale tener a Oriol Junqueras y otros líderes secesionistas en prisión preventiva? ¿Para que no se fuguen? ¿Para que se ablanden? Venga ya.

Es verdad que mientras los populares no están logrando réditos electorales, los naranjitos se han disparado en las encuestas. Pero, más pronto que tarde, este viaje a ninguna parte en el que está embarcado el partido de Rivera, con Inés Arrimadas echando gasolina al fuego cada vez que habla, se diluirá como un azucarillo.

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Y en el otro lado del cuadrilátero, donde campan los secesionistas a sus anchas, las cosas no anden mejor: el esperpento ha devorado el senit, y el independentismo se ha quedado sin gasolina y sin sentido común: y sin procés, claro. Es una caricatura de sí mismo, con un toque supremacista que apesta.

Ante este panorama de odio tibetano a partes iguales, es la izquierda (PSOE y Unidos Podemos, principalmente) la que tiene que abrir una nueva vía que ponga pie en pared contra este disparate de odios y rencores; es la que tiene que encontrar una solución política por el bien de los catalanes y de los españoles; es la que tiene que centrar la acción política en los verdaderos problemas de los ciudadanos; es la que está obligada a parar esta dinámica perversa que nos empuja a despeñarnos por el abismo que caen las malas personas.

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