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Rosas y Espinas

Van diciendo los lenguaraces por ahí que el escándalo Cifuentes, también llamado Hazte-la Rubia-Gate, tiene muy preocupados a los alumnos de los másteres y doctorados de la Universidad Juan Carlos I. No veo yo la razón de tanto desasosiego, sino todo lo contrario. Aseguran estos abstrusos estudiantes que ahora sus títulos serán objeto de mofa y befa cuando los enarbolen ante tribunales académicos, revistas científicas y levitantes doctores. Creen, los pobres, que tan altas instancias no valorarán sus diplomas al saber que pudieron haber sido comprados, regalados o sorteados, como el de Cristina Cifuentes. Qué poco sabe el sabio de la vida real. Qué poco sabe el mar de los piratas.

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Tal y como van las cosas, creo que cualquier titulación expedida por la Juan Carlos I vale, desde hace 20 días, mucho más. Los lobbies y las universidades y hospitales privados se rifarán tu diploma, colega. Porque vivimos en un mundo en el que se valora más al que puede comprar un clavel que a quien lo alimenta, cultiva, estudia o dibuja. Son así de sencillas las aritméticas socioeconómicas de nuestra geoabsurdez.

El que se presente a partir de ahora con un máster en Derecho Autonómico de la Universidad Juan Carlos I, quizá no será recibido con mucha excitación en algunas ágoras académicas, pero las estupefacientes farmacéuticas, los orondos bancos, las ladrilleras más cool y las universidades más católicas lo recibirán con los brazos en cruz: “¡Es uno de los nuestros!”.

Aunque seas un puto estudiante pringao que se tuvo que prostituir para pagarse el máster, valió la pena. Eres uno de los elegidos. Has sabido codearte con los tiburones. Con las personas que saben vivir bien. Con los delegados de gobierno y presidentes de comunidades a los que vota la gente que te rodea. Que nos rodea.

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De pequeño, me llamó mucho la atención una frase muy clásica, muy tópica, que todos conocéis, pero a la que yo le daba una estúpida y profunda importancia: Lo que Natura no da, Salamanca no lo presta. Pues mira qué disgusto, pero ya no me gusta la frase. No me la creo. Me parece antigua. Apolillada. Precibernética. Quizá latina. Lo que Natura no da, Salamanca te lo vende, es la moda. Mola más.

No quisiera aquí pontificar enumerando todas las carreras universitarias que he cursado, pues sería interminable, ya que no he terminado ninguna. Se puede comprar a un político, se puede comprar un país, se puede comprar una chuche, se puede comprar un bosque, se puede cobrar por el sol, se puede comprar un alma, aunque no tengamos alma. Pero de lo que sí estoy seguro es de que no se puede comprar el saber. Y, sin embargo, ellos lo están intentando.

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Compran saber. Adquieren conocimientos que no tienen. Después están titulados para impartirlos. Me dan como ganas, o sea, de ponerme estudiar en la Juan Carlos I cualquier materia. Judicatura. Así podré encausar a muchos tuiteros e instagrámicos, sin mucho conocimiento ni cargo de conciencia.

Cuando éramos efebos de la educación, nos decían mucho los profesores aquello del cesto de manzanas con una manzana podrida que hay que apartar. Ahora, Cristina Cifuentes nos ha confirmado que no. Que lo que está podrido no se puede cambiar. Lo que está podrido es el cesto. Nosotros. O lo que es lo mismo, nuestra educación. Y, como diría Popeye, no olvidéis comer las espinacas, y que la educación es la única forma de hacer libre nuestro voto.

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