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Viernes Santo- Maldito en Gaza

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Por Óscar Pantoja, miembro de La Comuna.

Desde el pasado Viernes Santo, los francotiradores sionistas disfrutan de una cacería humana en la frontera con Gaza. Ya son tres los viernes en los que asesinan a los gazatíes sin sufrir ni un rasguño. Cuando se abrió la veda el Viernes Santo, cazaron a “unos 15 o 18” venaditos gazatíes. El segundo viernes, a “unos 12”; el tercero, las cifras son aún más imprecisas. Durante las intifadas, la orden era cazar a dos palestinos diarios –si un día mataban a tres, ya sabíamos que el siguiente matarían sólo a uno-. Ahora, parece que mantienen la misma contabilidad homicida salvo que concentrada en los viernes. En cuanto a los heridos, la cifra es aún más elusiva: si el primer viernes hirieron a “unos 1500”, poco sabemos del total acumulado –¿digamos que “unos 3500”?-. En todo caso, ¿cuántos habrán muerto o morirán en las próximas horas?, ¿cuántos han quedado o quedarán inválidos, ciegos o tetrapléjicos para el resto de sus vidas? Y, para completar el cuadro, ¿cuántos heridos han sufrido los soldados sionistas? Esta pregunta tiene una respuesta facilísima: ninguno, cero.

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Ya estoy viendo los muy cosmopolitas bares sionistas con sus parroquianos aullando “¡Israel 40: Gaza, cero!”, o también “¡Israel 3500: Gaza, cero!”.  Aunque más de uno se quejará de que, comparando esa docena larga de asesinados con los miles de ‘genocidados’ en anteriores matanzas de Gaza, no parece un hecho noticiable.  Y desgraciadamente, no lo es. Pero sí hay un punto que merece destacarse: días antes de la marcha palestina hacia la valla de Gaza, Israel no se molestó en enviar a la zona ni tanques ni drones bombarderos ni batallones ni nada de nada: sólo envió “más de un centenar de francotiradorees”. Sólo snipers.

Contra los cautivos de la “mayor prisión del mundo”, Israel ya había empleado armas químicas, uranio empobrecido, fósforo blanco, minas antipersona, buster bombs –bombas de gran penetración-, las bombas de racimo, el DIME (Dense Inert Metal Explosive) o bomba de tungsteno, etc. Todo el catálogo de armas prohibidas por todas las convenciones de la ONU. Esta vez los sionistas han dejado la experimentación industrial en muertes no menos industriales y han vuelto a la artesanía del sadismo individual. ¿Habrá sido a petición de los soldaditos/as del Tsahal/IDF, hartos de matar en videojuegos de drones y ansiosos uno a uno por satisfacer su vesania?, ¿se han vuelto primitivos cazadores en lugar de matarifes asalariados?

Evidentemente sí. Los francotiradores sufrían nostalgia de sus buenos años; había que satisfacerlos no fueran a sufrir un absceso de humanidad. Ay, aquellos buenos años -en realidad, hasta la semana pasada- en los que emulaban a los tiradores olímpicos o a los cazadores de elefantes en Botswana… Si alguien quiere rememorarlos, que vea Z 32, el documental sobre un soldado que mantiene el anonimato bajo esa clave, dirigido por el israelí Avi Mograbi; ya más específicamente, que baje de Internet el documental One Shot (Con una sola bala, año 2004) de Nurit Kedar; en él, los francotiradores israelíes se vanaglorian de sus hazañas y las certifican adjuntando los videos grabados desde su fusil. También en Internet se pueden descargar otras proezas muy detalladas; por ejemplo, cómo el sargento Sholmo Penski mató en el año 2.001 a su primer niño. Fue con un disparo a 200 mts., con viento de 22 kph, usando un fusil Galil con telémetro Bausch&Lomb de 4 a 12 aumentos; todo ello documentado por el propio sargento (ver http://judicial-inc.biz/IDF_Snipers.htm ), pero, ¡ojo!, recuerde todo aquél que consulte temas delicados en Internet que cualquier dato no sionista puede haber sido manipulado por la brigada de la Hasbará o unidad militar –tratándose de Israel, todo es militar- especializada en la contra-propaganda cibernética.

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Frente a estas verdades como puños, ¿qué menú nos ofrecen los medios de desinformación? Pues manipulación cinética -en la tele se ve que los sionistas disparan en parabólica contra los gazatíes- para insinuar que los genocidas disparan sólo lacrimógenas y manipulación escrita cuando insisten en que están usando “balas de goma”. Y, por supuesto, para mantener su “equidistancia”, repiten cientos de veces la imagen de un chaval utilizando una honda.

Ahora bien, si nos fijamos en el escenario general que reflejan las fotos y videos publicados, observaremos que los francotiradores disparan desde el talud que han levantado sus bulldozers; es decir, desde una distancia a la que no llega ninguna honda. De ahí que no hayan sufrido ni un solo herido. El modus operandi de los genocidas es evidente: asesinan a los gazatíes con absoluta impunidad y desde el ventajismo más escandaloso. Sin duda, han sido premiados con un puesto o un hide en esta montería humana.

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Conste que buena parte de los datos anteriores los leí en el periódico israelí Haaretz, una suerte de El País tan panfletario como el diario español -por cierto, dominado por la parte israelí de su accionariado-. Además de esconder unos hechos -los muertos- y de tergiversar otros -la cacería humana-, Haaretz se permitía asegurar que, muy a menudo, los gazatíes “se acercan a la valla para ser detenidos y así poder trabajar en Israel”. No digo que, entre dos millones de presos hacinados en Gaza, no surjan individuos trastornados; es más, no me explico cómo esos millones de gazatíes no se han vuelto psicópatas todos pero, de ahí a insinuar que los palestinos quieren entrar en las cárceles sionistas, hay una gran distancia. Exactamente, la distancia que separa lo inverosímil de lo posible, la que separa el melifluo Cielo sionista del Infierno palestino. O, si lo prefieren, el abismo entre la sangre ajena y la sangre propia.

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