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Bienvenidos a la autoproclamada República del Rif, el estado rebelde que fue reprimido por España en los años 20

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“Defenderemos nuestra independencia con todos los medios a nuestro alcance y elevaremos nuestra protesta ante la nación española y ante su inteligente pueblo, quien creemos que no discute la legalidad de nuestras demandas”.  Así habló Abd-el-Krim, el Puigdemont rifeño, años antes de acabar en el exilio tras ser derrotado por las fuerzas españolas y ser detenido por otro país europeo. La República del Rif duró cinco años, más que la catalana, y tuvo su propia moneda y hasta fuerza aérea, aunque con un solo avión que fue destruido en una misión especial llevada a cabo por el  ejército español.

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Tras la forma del Tratado Hispano-Frances del 27 de noviembre de 1912, que establecía el protectorado español sobre el norte de Marruecos (con capital en Tetuán) los españoles habíamos penetrado en el Rif realizando pactos con los jefes locales y estableciendo pequeñas fortificaciones de madera y sacos terreros conocidos como “blocaos“. A muchos locales no les había hecho mucha gracia que unos infieles del norte les instalasen banderitas rojas y amarillas en sus tierras y prestaban a la ocupación, lo que exigió el envío de refuerzos. En 1913, según la Wikipedia, ya había la friolera de 50.000 soldados españoles allí. Y para nada tranquilos.

Abd-el-Krim, de funcionario a enemigo público número uno

Mohammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Jattabi, niño de buena familia, nació en Axdir (Provincia de Alhucemas) en 1882 y había estudiado derecho islámico en Fez. Trabajó luego como maestro, en una escuela de Primaria en Melilla y escribiendo artículos para el diario El Telegrama del Rif. En 1910 obtuvo una inesperada promoción, siendo nombrado cadí (juez) de la Oficina de Asuntos Indígenas en Melilla. En 1914 años fue nombrado cadí de los cadíes.

Un año después, en el marco de la Primera Guerra Mundial y ante las sospechas galas de que trabajaba para los alemanes, se le abrió un expediente que acabó  destapando sus sentimientos anti colonización europea. Fue enjuiciado y encarcelado protagonizando un chapucero intento de fuga en el que se partió una pierna, que sería mal curada, quedándole una cojera comos ecuela. A partir de 1920, Abd el-Krim comenzó la rebelión contra la presencia colonial española.

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El Bin Laden de España

En 1921 las tribus del Rif central se sublevaron bajo el mando del antiguo maestro, justo cuando las tropas españolas se aventuraban a establecer posiciones más arriesgadas y desprotegidas. Varias posiciones fueron duramente atacadas, en una campaña que duró todo el verano de 1921 y que culminó en el conocido como Desastre de Annual. Según el libro War in the Shadows: The Guerrilla in History  de Robert B. Asprey, las fuerzas rifeñas, que estaban formadas por unos 3000 guerrilleros, lograron derrotar el 22 de junio de 1921 a una fuerza superior compuesta por 13 000 españoles, más de 10.000 de los cuales fueron masacrados sin piedad por las fuerzas independentistas.

“Quedas proclamada la República

El 18 de septiembre, tres meses después de su aplastante victoria,  Abd-el-Krim convocó un congreso general para evaluar la situación y establecerá nuevas herramientas para un la consolidación de su movimiento de liberación. El antiguo funcionario colonial fue nombrado emir, se constituyó un Consejo Nacional de Notables, y se fijó el 18 de septiembre como Día de la Independencia. También se decidió que España debería pagar una indemnización a los rifeños afectados por la guerra ocupación militar. Se decidió establecer de relaciones amistosas con todos los estados. Se redactó una carta de los dirigentes rifeños dirigida a los españoles.

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“Nos causa sorpresa que ignoren los intereses de la propia España no haciendo la paz con el Rif, mediante el reconocimiento de su independencia, y así promover las relaciones de buena vecindad, en lugar de humillar a nuestro pueblo e ignorar todas las doctrinas humanas y legales de ley universal, tal como se hallan contenidos en el tratado de Versalles firmado después de la Gran Guerra”

Se procedía a la solicitud de ingreso en la Sociedad de las Naciones (la ONU de la época) y se enviaban a dos representantes a Londres en junio de 1922, para negociar la entrada del Rif en el club internacional.

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Además se aprobó una constitución de 40 artículos, basada en el principio de autoridad del pueblo. El gobierno creado estaba formado en su mayoría por jóvenes que no superaban los 45 años, con estudios superiores y que hablaban varios idiomas.

“El gobierno rifeño, establecido según las ideas modernas y los principios de la civilización [occidental], se considera asimismo independiente, tanto política como económicamente, con el privilegio de gozar de nuestra libertad como la hemos gozado durante siglos, y vivir tal como los demás pueblos viven.” Mhamed Azerkan, ministro de Asuntos Exteriores de la República del Rif.

La República del Rif, por supuesto, tenía además su propia bandera.

Cinco años de vida

El Dawlat Aljumhuriya Rifiya (Estado Republicano Rifeño) existió hasta el 27 de mayo de 1926, cuando fue disuelta por una intervención militar franco-española que se materializó con el famoso desembarcó de Alhucemas.

Antes, durante el lustro de existencia de este país norteafricano, dentro de sus fronteras se abolió la venganza, se crearon las primeras cárceles de la zona, una policía secreta, un Ministerio de Hacienda rifeño (según el periodista Hernández Mir, bastante efectivo) gestionado por el tío de Abd-el-Krim. También se estableció la Marina del Rif, que como explica el blog Marina Vasca, estaba dotada de 2 lanchas motoras y 30 marineros. A continuación, la foto de una de las dos unidades navales rifeñas.

Sanidad, educacion y hasta moneda propia.

La República del Rif contaba con dos hospitales mal surtidos (España y Francia vetaron la ayuda humanitaria a los habitantes de su colonia rebelde). Los funcionarios rifeños consiguieron reclutar para la causa, a pesar del embargo a un enfermero noruego (llamado Walter Heintgent) y un curandero negro tangerino llamado llamado Mohamed.

En el ámbito de la educación, se impulsó la obligación de la enseñanza y la alfabetización, llegándose a organizar una especie de Erasmus para los alumnos rifeños, que podían elegir entre estudiar en Turquía o Egipto.

En otro intento por modernizar la región, se creó el Banco del Estado del Rif, que (leemos en el blog Numismático Digital) asesorado por un británico (¿cómo no?) llamado Charles Alfred Percy Gardiner, llegó a emitir papel moneda. Aunque el “riffan” nunca circuló, siendo casi todos los billetes tirados al mar, pues el hijo de la pérfida Albión acabó estafando (¿cómo no?) a los rifeños.

La Fuerza Aérea rifeña (de un solo avión)

Abd-el-Krim había declarado muchas veces a la prensa su preocupación por la acción impune de la aviación española. Hacía declarado a Ward Price, del Daily Mail  “Aparte de las bombas de los aviones que matan a las mujeres y a los niños, nuestras pérdidas son pocas.”  Como afirma el blog especializado Aeropinakes en un interesante articulo, el presidente de la República del Rif intentó hacerse con una fuerza aérea propia con la que poder enfrentarse a España. En 1924, enviados rifeños consiguieron adquirir un Dorand A.R.2 biplaza que podría haber llevado alguna bomba y lanzarla sobre Melilla o Ceuta.

Los españoles no podíamos permitirnos semejante afrenta, así que, el 22 de marzo de 1924, ni cortos ni perezosos, enviamos 23 aviones para bombardear el lugar donde se guardaba el aeroplano, en Tizzi Moren, no lejos de Alhucemas. Del avión rifeño, o de lo que quedó de él, nunca más se supo.

 Abd el-Krim esquiva la justicia española

Las dos potencias coloniales acordaron en Madrid el enfrentar militarmente a los rebeldes. El imperio contraatacó el 8 de septiembre de 1925 bajo el mando del general “Darth” Primo de Rivera, derrotando a los rifeños sublevados en apenas unos meses. El 26 de mayo de 1926 Abd el-Krim se rindió a los franceses en su cuartel general de Targuist. No quería que le apresásemos los españoles, por aquello de “tener un juicio justo”.

Pese a nuestras repetidas peticiones de extradición, los galos lo mandaron a una prisión de máxima seguridad en Reunión, una islita cercana a Madagascar, donde habitó en un casoplón (como los que hay o había en Waterloo) mientras recibía un generoso salario anual.

El final de Abd el Krim

En 1947, Abd el-Krim logró fugarse (o algo) durante una escala en Puerto Saíd, en Egipto, país donde se le acogió como refugiado. Murió en Cairo en 1963, después de que el Magreb fuese descolonizado en su mayor parte.

Con información de War in the Shadows: The Guerrilla in History de Robert B. Asprey, La historia trascendida, Marina Vasca, Aeropinakes, Numismático Digital y la Wikipedia.

Jaime Noguera añora el norte de Marruecos y es autor de España: Guerra Zombi.

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