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Cifuentes se hunde en el fango

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Posos de anarquía

Cifuentes nos trata como a idiotas. He de admitir que, en algunos casos, está acertada porque quien se ponga de su lado tras su sarta de mentiras, contradicciones y despropósitos, o bien es idiota o cínic@ con fines espurios. A estas alturas de la película que venga renunciando al máster, esperando hacer borrón y cuenta nueva es, como poco, un insulto a nuestra inteligencia.

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No hay marcha atrás. La honorabilidad de Cristina Cifuentes ha explotado en mil pedazos. Con su carta al rector Javier Ramos, agudiza su hundimiento en el fango de la mentira y la ruindad. En los oídos de tod@s resuena su tonillo prepotente del vídeo amenazando con seguir en el cargo, mezcla entre macarra barriobajera y sádica impía. ¿Se puede tener tamaña desfachatez?

Ahora, humillada, pretende renunciar a lo que nunca tuvo, el máster, intentando hacer gala de lo que también carece, honestidad. Su honorabilidad no puede ser restituida desde un despacho pagado con dinero público; ha de serlo en la quietud de su hogar, pues el primer paso para hacerlo es dimitir. Todo lo que sea caminar en otra dirección, incluido su cese por moción de censura, será sumergirse aún más en el lodo hasta el punto de que resulte complicado, sino imposible, salir de la ciénaga en que se ha convertido el PP de Madrid y, por extensión, el PP nacional.

Bastan estos cuatro párrafos para resumir lo que muchas personas sentimos hoy, con mayor o menor intensidad, así como para describir la estulticia y desvergüenza de quienes se pongan del lado de la todavía presidenta de la Comunidad de Madrid. Sumida hoy, todavía más, en el ridículo absoluto, Cifuentes es el hazmerreír de barra de bar, de charla de metro, entre sus propias filas, cuyas risotadas se escuchan sordas en el secretismo hipócrita que siempre ha caracterizado a los de Génova.

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