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Opinión · Comiendo tierra

La resistible ascención de Pablo Casado

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Uno de los peores momentos del año es cuando toca poner las notas.¿Qué nota se merece realmente un estudiante? ¿Mide el examen lo que realmente sabe? Conviene que el examen no sea el único elemento de evaluación. La asistencia a clase también cuenta, porque es una señal de que en la participación del alumno algo se ha aprendido. Los exámenes son un viejo mecanismo, quizá gastado, que sirve para el último esfuerzo de los estudiantes y para garantizar el aprendizaje. Copiar es hacer trampa, y quien, en su desesperación, copia, se arriesga a ser arrojado a los infiernos despojado de cualquier honra. Hacer trampa en los exámenes es querer tener ventaja sobre los demás y engañar a toda la sociedad. Es el momento del rigor, de la rendición de cuentas, de hacer valer el esfuerzo.

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Cuando un alumno aprueba una asignatura, se le está reconociendo de manera oficial, que ha cumplido un trámite y por eso un título, es un reconocimiento que faculta para hacer cosas que no pueden hacer los que no se han licenciado. Cuando tienes un título, te colocas de manera más fácil y en mejores puestos de trabajo que los que no han podido estudiar o no han logrado superar todas las pruebas.

Pablo Casado obtuvo un máster porque se lo convalidaron con la carrera. La carrera de Derecho se la convalidaron con el bachiller y el bachiller lo aprobó cuando aprobó la ESO. La ESO se la convalidaron con la escuela primaria y la infantil con la partida de nacimiento. De nacimiento como cargo del PP. Como Cifuentes, como Granados, como González, como Rato, como Galllardón, como Esperanza Aguirre. Así son estos liberales: haciendo trampas con lo público para tener siempre ventaja. Y, de paso, hundir lo público. Porque todos sus chanchullos los hacen debilitando lo público. Lo último, las Universidades.

Esta gente del PP que falsifican todo lo que tocan, siempre se creen mejores que nosotros. Tienen que exhibir más títulos igual que los aristócratas exhiben sus apellidos compuestos. Tienen que trazar una línea para dejar claro que no son como la chusma. Esa que se deja los cuernos pagando las carreras de sus hijos y que vive en la angustia del esfuerzo de sus padres, que se desespera cuando repite una asignatura porque no sabe si va a encontrar los 300 euros de la segunda matrícula, que estudia por las noches porque trabaja por el día para pagarse los estudio, que corre porque hay pocos libros en la biblioteca y quiere ver si tiene suerte de sacar el último, que llora cuando ha tenido un mal día en el examen y que llora cuando le regala la orla con su foto a sus padres o a sus abuelos.

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Desde jovencitos les enseñan a pisar fuerte, a amenazar, a levantar la voz a los de abajo. Pablo Casado, como le ocurre a todos los dirigentes del PP desde al menos Aznar, les enseñaron a ser chulos con impunidad y nos han mentido con tanto desparpajo porque una parte importante de los españoles les han votado para eso, para que se rían de nosotros.

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