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Opinión · Punto de Fisión

Yo soy español, español, español

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No había muchas diferencias entre la presentación de la plataforma España Ciudadana y la celebración de una victoria de la selección española de fútbol. De hecho, no había ninguna diferencia, salvo, quizá la poca afluencia de gente que fue a animar al seleccionador nacional, Albert Rivera, la reencarnación de Luis Aragonés, el Sabio de Hortaleza. Por lo demás, todo eran banderas españolas, gritos de “¡Viva España!! y cánticos de “¡Yo soy español, español, español!”, una fiesta de la hispanidad que culminó cuando Marta Sánchez se puso a cantar a capella su versión del himno, donde le da las gracias a Dios por nacer aquí y no en algún otro país de tres al cuarto que vete tú a saber. Hay que reconocerle coraje a Marta Sánchez por intentar ponerle letra a una pieza tan pastelera como la Marcha Real, más conocida como el chunda chunda, sobre todo cuando la única letra oficiosa que ha canturreado alguna vez un español no es la de Pemán sino aquella de “Franco, Franco, que tiene el culo blanco”, que pegaba la mar de bien.

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Más coraje todavía después de que, el pasado febrero, después de su primera performance, le llovieran encima acusaciones de que mucho presumir de española pero paga sus impuestos en Miami. Entonces salió a defenderla su representante, Mariola Orellana, para aclarar que de eso nada, que Marta paga sus impuestos en España, como debe ser, y que además lo del himno, en realidad, no era ningún himno, sino una canción que le había brotado del corazón y que no tenía nada que ver con la política: “La gente ha intentado politizarlo, pero ella nunca se ha metido en esos fregaos“. Bueno, no se habría metido hasta ayer, porque cantar en un acto a mayor gloria del seleccionador nacional, Albert Rivera, y proponerse como musa rubia de Ciudadanos constituye un fregao político de máximo nivel.

Otra cosa no, pero a Ciuadadanos no se le puede negar el marchamo de ser más españoles que nadie. En 2009, como demostró una exclusiva de Público, empresarios vinculados a agencias de inteligencia estadounidenses y contratistas militares norteamericanos financiaron la campaña del partido de Albert Rivera en las elecciones europeas. Igual que en el fútbol, si hay que nacionalizar a un fichaje con talento, se le nacionaliza y punto, así se llame Diego Costa o Manuel Valls.

No menos españolas son sus políticas a favor del copago en Sanidad y Educación siguiendo las recomendaciones del FMI en 2015; su voto en contra de la subida de pensiones en octubre de 2016; su voto en contra de la creación de un abono social de transporte gratuito para las personas inscritas en la Renta Mínima de Inserción durante la enmienda a los Presupuestos celebrada en la Asamblea de Madrid en marzo de 2017; el informe del Tribunal de Cuentas que ponía en duda la contabilidad de Ciudadanos durante 2015; la trama de financiación ilegal establecida por Ignacio Aguado durante la campaña de 2015; su apoyo incondicional para mantener a Cristina Cifuentes al frente de la Comunidad de Madrid en medio del escándalo del mastergate y su vergonzosa abstención durante la votación del dictamen que consideraba ilegal la venta de inmuebles sociales a fondos buitres por Ana Botella.

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Como explicaba Eduardo Bayona el sábado en este mismo digital y resumía Carlos Enrique Bayo en un certero tuit “la gran banca española se ha embolsado 250.000 millones de euros en comisiones, 50.000 millones en intereses de la deuda pública triplicada por Rajoy y 42.000 millones del rescate bancario, todo pagado con nuestros impuestos”. Mientras tanto, toda España mirando hacia un chalet. Tiene mucha razón Marta Sánchez al dar gracias a Dios por nacer aquí.

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