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Opinión · Aquí no se fía

Los Presupuestos, ahora, no son la clave

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Por una de esas paradojas que a veces proporciona el sistema electoral, la estabilidad política del país lleva semanas en manos de cinco de los 350 diputados: los que tiene en el Congreso el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Sus votos fueron fundamentales para que Mariano Rajoy sacara adelante los Presupuestos Generales del Estado correspondientes a este año, que se tramitan con inusual retraso. Y lo son también para que prospere la moción de censura presentada por el PSOE, con Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia del Gobierno, cuyo resultado se conocerá definitivamente hoy.

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Los diputados del PNV, pese a haber obtenido sustanciosas contrapartidas para el País Vasco, valoradas en 540 millones de euros, dieron su apoyo a los Presupuestos de muy mala gana. Después de haber jurado que no moverían un dedo a favor de Rajoy mientras mantuviera en vigor el 155, tuvieron que envainársela cuando el Gobierno aceptó, contra todo pronóstico, la vinculación de la subida de las pensiones con el IPC que ellos habían exigido. Un asunto de especial sensibilidad social en su comunidad, escenario de grandes manifestaciones contra los recortes en esa  materia.

Desde el punto de vista político, la demoledora sentencia sobre la Gürtell dejó al PNV en una situación desairada, ya que la Audiencia Nacional reconocía en sede judicial la corrupción del partido del que se había convertido en socio presupuestario. La presentación de la moción de censura fue, en cambio, una tabla de salvación, una oportunidad perfecta para distanciarse de Rajoy, siempre que no se cuestionaran las ventajas logradas. Sánchez se comprometió ayer a respetarlas, al anunciar que mantendrá las cuentas que salgan del Parlamento, aunque tengan el sello de su adversario.

Eso significa que gobernará con unos Presupuestos heredados, contra los que su partido votó; pero, siendo eso un serio desafío, es mejor que verse obligado a negociar otros contrarreloj con los variopintos partidos que puede darle respaldo parlamentario. Aparte de que tampoco sería ninguna novedad: ¿cuántas veces no se han visto en la misma situación dirigentes políticos que han tenido que asumir responsabilidades institucionales en mitad de un ejercicio fiscal?

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Además, un Gobierno siempre tiene mecanismos para modular los Presupuestos y, si requieren el visto bueno de las Cortes, puede recurrir a eso que se llama “geometría variable”, de la que los partidos suelen echar mano cuando no cuentan con la mayoría necesaria. Tener limitado el margen de gestión económica en poco más de medio año es, por lo tanto, un mal menor, comparado con la indecencia de mantener en la Moncloa a un presidente y un partido enfangados hasta las cejas por la corrupción.

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Puedes seguirme en Twitter: @vicente_clavero

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