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Un gobierno europeísta, ¿y qué más?

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Fernando Luengo
Economista y miembro del circulo de Chamberí de Podemos

El nuevo gobierno socialista y sus ministrxs más destacados se han apresurado en proclamar su “europeismo”. Ante tanto torbellino que circula por Europa, teniendo muy presente el ascenso de la extrema derecha y los populismos, han considerado necesario proceder cuanto antes a despejar dudas y presentar sus credenciales ante la opinión pública y, sobre todo, ante el establishment.

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Pero ¿qué significa, en estos momentos, ese término? Para no perdernos en la melodía de unas palabras que pueden indicar una cosa y la contraria, lo primero que hay que exigir a este gobierno (y a cualquier otro), para que sepamos cuáles son sus intenciones, es concreción. A continuación, habrá que pedirle coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. No es poca cosa, estamos acostumbrados a declaraciones vacías y a incumplimientos reiterados.

Sin duda, se apela al europeísmo como sinónimo de progreso, apertura, democracia, solidaridad, salida de la crisis. Pero lo cierto es que en nombre del europeismo se han justificado y se justifican políticas -en las que han tenido arte y parte buena parte de los partidos socialistas europeos; pensemos, por ejemplo, en la indecente y reaccionaria posición de la socialdemocracia alemana ante el gobierno de Syriza; por cierto, no recuerdo que nuestro PSOE la haya criticado- que han empobrecido a las periferias y a los trabajadores, enriqueciendo a las elites y a las oligarquías.

¿Significa europeísmo para el nuevo gobierno más Europa para luchar contra los paraísos fiscales y contra los privilegios e irregularidades de las corporaciones transnacionales, llevar adelante un plan de inversiones con un perfil social, ecológico y de género, reestructurar la deuda soberana para abrir la posibilidad de otra política económica, corregir y penalizar la política no cooperativa practicada por Alemania y otros países de su esfera de influencia, legislar desde Bruselas en lo social y lo laboral, aumentar de manera sustancial el presupuesto comunitario y financiarlo con criterios progresivos, gestionar de manera solidaria y democrática el drama de los refugiados?

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No lo sabemos. El gobierno recién elegido tendrá que despejar estos y otros interrogantes. Esta será la prueba del algodón de su voluntad política, y no las declaraciones retóricas y vacías sobre su europeismo
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