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Opinión · El ciudadano autosuficiente

En cuestión de alimentación, tú eres tu propio gurú

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Los mitos, contramitos, falsos mitos y falacias en materia de comida son tan abundantes como las arenas del mar. Todos los días nos asestan diez o doce en cualquier medio de comunicación: ¿creías que lo fresco es mejor que lo procesado? ¡Mentira! No hay más que fijarse en el tomate frito o el chucrut. ¿Te dijeron que el azúcar moreno es mejor que el blanco refinado? ¡Falso!, tienen prácticamente la  misma composición. Y así sucesivamente: los aditivos son malos o no para la salud, los alimentos ecológicos no son mejores o sí lo son, el pan no engorda, el pan sí engorda, el salchichón es (o no es) cancerígeno, etc., etc. ¿Dónde está la verdad? Con ánimo de añadir más leña al fuego, ahí van siete observaciones irrefutables sobre los alimentos. Si consigues detectar una falsedad en ellos, envíanos un comentario (fundamentado) y lo rectificaremos en la próxima edición.

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Una cosa es un alimento y otra los simulacros de alimentos

La mantequilla es un alimento, la margarina es un simulacro. Es decir, la mantequilla es la grasa de la leche batida y emulsionada (más o menos) y la margarina es el resultado de un largo proceso de refinado, desodorizado y amalgamado de grasas animales y vegetales de diversos orígenes, coloreado y saborizado a posteriori para que pierda su color grisáceo original y su desagradable sabor. En general, la gente prefiere los alimentos a los simulacros de alimentos, por alguna extraña razón.

Los vegetales no dan la felicidad, pero casi

Las dietas veganas son las mejores para algunas personas, mientras que otras declaran disfrutar de sus dietas ovolactovegetarianas. A algunas personas les gusta la carne, mientras que otras la detestan. Cada persona es un mundo. Lo que sí se ha conseguido demostrar es que una dieta con un consumo moderado de carne es mejor que una exageradamente carnívora. Es mejor para el Planeta, pues producir un kilo de carne ocupa mucho más espacio y consume muchos más recursos que producir un kilo de garbanzos. Es mejor para nuestra salud, apuntan innumerables estudios profesionales. Y desde luego es mejor para nuestro bolsillo.

Cocinar es la clave de la alimentación sostenible

Olvídate de nutricionismos, cientifismos, ecologismos y naturismos. La mejor manera de comer bien, a gusto y de manera sostenible, es comprando alimentos con conocimiento y transformándolos en comida. Las técnicas están a nuestro alcance, y van desde la elaboración de una sencilla ensalada a elaborar platos tan increíblemente complejos como unas croquetas.

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Una dosis reducida de veneno sigue siendo un veneno

La inmensa mayoría de los alimentos que están a nuestro alcance cumplen los estándares legales. Es decir, muchos de ellos contienen compuestos peligrosos en dosis perfectamente seguras, muy por debajo de la ingesta diaria admisible. Estos tóxicos derivan de los pesticidas usados en el cultivo o de los antibióticos empleados para engordar a los animales. Por muy debajo que estén de los límites legales, teniendo en cuenta que los vamos a ingerir década tras década y en muchos alimentos a la vez, es lógico que haya cierta preocupación. Y que veamos como una opción interesante los alimentos ecológicos, cultivados y criados con menos tóxicos.

En materia de ingredientes, la sencillez es una virtud

Tampoco hay límite legal en el número de aditivos de un alimento puesto en una tienda. Todos ellos son perfectamente seguros, además, después de pasar rigurosos controles sanitarios. El argumento general, rigurosamente cierto, es que los conservantes nos salvan de la proliferación de microorganismos no deseables. Eso es verdad, pero por desgracia la mayoría de los aditivos no se preocupan por nuestra salud, sino por aumentar las ventas. De ahí la proliferación de colorantes, texturizantes, saborizantes, etc. Como en el caso anterior, no debe ser bueno ingerir muchos años seguidos pequeñas dosis de compuestos que no son alimentos, sino simplemente disfraces de la comida.

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Los nutrientes no nos dejan ver los alimentos que hay detrás de ellos

La ciencia de la alimentación dio un paso de gigante cuando comenzó a identificar los componentes de los alimentos y su valor para la salud. No hay más que recordar las muchas vidas salvadas del escorbuto y el beri beri. El problema viene cuando nos quieren vender simulacros de alimentos dopados con vitaminas y minerales y que “aportan” hidratos de carbono, proteínas, etc. Con este truco, cualquier simulacro de alimento puede pasar por comida de verdad.

La cultura tradicional sigue demostrando su valor

La UNESCO reconoce varias culturas culinarias tradicionales como patrimonio de la humanidad, entre ellas la mediterránea, japonesa y mexicana. Cocinar es la base de la alimentación sostenible, y la cocina tradicional es la mejor base posible. Es lo que se llama la cocina de los nietos: la cocina de la abuela, pero con elementos que ella no tenía a su alcance, desde la quínoa a las ollas de cocción lenta.

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