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Los rohingyas saben que no volverán nunca

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Vista aérea del campo de Kutupalong. Con una población de más de 500.000 personas, es el campo de refugiados más grande del mundo, según datos de ACNUR. Ignacio Marín

A finales de agosto del año pasado, la frontera entre Bangladés y Myanmar fue testigo de un éxodo sin precedentes. Los rohingya, la minoría étnica más perseguida del mundo, huía de Myanmar para escapar de lo que las Naciones Unidas han clasificado como una “limpieza étnica de manual”.

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Una vez en Bangladés, cuando fueron trasladados a los campos de refugiados, se reencontraron con familiares y vecinos que hacía décadas que no veían: eran otros rohingya que, como ellos, buscaron refugio en el país vecino durante los estallidos de violencia de la década de los 90 o los 2.000.

Hoy, tras nueve meses de estancamiento y con el acuerdo de repatriación entre los dos países pospuesto hasta nueva orden -por preocupaciones acerca de la seguridad de los que retornen-, tanto los refugiados como las agencias internacionales se preparan para una crisis que puede durar indefinidamente.

De acuerdo con las estadísticas, cuando una situación de desplazamiento pasa la barrera de los seis meses, lo más probable es que dure años. Sin ninguna razón para creer que esta crisis será diferente, sin nada que hacer y sin sitio adonde ir, los refugiados rohingya saben que no volverán nunca.

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Una niña sostiene en brazos a su hermana pequeña en el campo de Jamtoli. Según UNICEF, los niños suponen más de la mitad (54%) de los refugiados – Ignacio Marín

Decenas de refugiados esperan a que empiece un reparto de ropa en el campo de Kutupalong. El 90% de los refugiados depende de forma directa de la ayuda humanitaria y repartos como estos para sobrevivir – Ignacio Marín

Una niña avanza en la fila durante un reparto de ropa en el campo de Kutupalong – Ignacio Marín

Bul Bulaker, de 17 años, cuida de su bebé nacido hace tan solo dos días. Según Save the Children, más de 48.000 niños rohingya nacerán en los campos de refugiados a lo largo de 2018 – Ignacio Marín

Un grupo de refugiados cruza un río en el campo de Kutupalong. La llegada inminente del monzón y sus consecuencias en forma de inundaciones y desprendimientos de tierra suponen un peligro directo para más de 100.000 refugiados – Ignacio Marín

Un grupo de hombres rohingya descarga un camión cargado con cañas de bambú en el campo de refugiados de Jamtoli. El bambú es uno de los materiales más utilizados por los refugiados para la construcción – Ignacio Marín

Un hombre prepara la tierra para el cultivo en una pequeña parcela en el campo de Kutupalong – Ignacio Marín

Una mujer compra verduras en un mercado improvisado en el campo de Kutupalong. A pesar de que legalmente los refugiados no tienen derecho a trabajar, muchos mercados improvisados como este han aflorado en los campos – Ignacio Marín

Un grupo de niños durante una clase en una escuela para niños refugiados en el campo de Jamtoli. Según UNICEF, más de 262.000 niños rohingya no tienen acceso a educación – Ignacio Marín

Un niño deambula por las calles en el campo de Kutupalong. Aproximadamente 362.000 niños necesitan ayuda humanitaria – Ignacio Marín

Una mujer acompaña a su hija de 4 años ingresada con sarampión en la clínica de Médicos Sin Fronteras de Jamtoli. Debido a la negación de atención sanitaria a la comunidad rohingya en Myanmar, la mayoría de los niños no están vacunados, por lo que un brote de sarampión o rubeola puede tener consecuencias gravísimas – Ignacio Marín

Una mujer lleva a su bebé en el campo de refugiados Jamtoli. Según UNICEF, cerca del 10% del total de los refugiados son mujeres embarazadas – Ignacio Marín

Un grupo de hombres rohingya trabajan en la mejora de sus refugios en el campo de Jamtoli. Con el estancamiento de la crisis y en previsión de la temporada de lluvias en los próximos meses, muchos refugiados han comenzado a reforzar sus refugios con materiales más duraderos como el bambú o la lona – Ignacio Marín

Una mujer junto a su casa en Kutupalong – Ignacio Marín

Refugiados rohingya finalizan los trabajos de mejora y construcción de sus refugios en el campo de Jamtoli – Ignacio Marín

Tres generaciones conviven en el campo de refugiados de Kutupalong. Algunos de los refugiados de mayor edad llegaron de niños a los campos durante las primeras crisis en la década de los 90 y viven ahí desde entonces – Ignacio Marín

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