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Opinión · Comiendo tierra

¿Qué más tiene que pasar, justicia?

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Uno de los miembros de la manada, Antonio Manuel Guerrero, guardia civil, publicó una carta desde la cárcel. En ella le daba las gracias a forocoches y burbuja.info por “no dejarse llevar por el rebaño”. Esos foros que publicaron la foto y el nombre de la víctima, su DNI, su dirección, lo más amable que le llamaron fue zorra, puta y malnacida. Era responsable de lo mal que lo estaban pasando los de la manada. Esa horda -la verdadera jauría- están ahí ahora para ayudar a sus héroes. Los magistrados de Navarra están armando un ejército de odiadores.

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Este tipo, cuyo comportamiento describió el auto como el de un violador, dice en esa carta que nos arrepentiremos por haber apoyado el #yositecreo. Este tipo, que sabe manejar armas, dice en su carta que la víctima consintió y se ríe de quien no lo vea como él. “¿De verdad alguien se creerá que cuando tienes el pene en la mano fue porque te tropezaste y te agarraste para no caerte?”. Qué miedo imaginarle de uniforme. Este tipo, que no honra a la guardia civil, se atreve en esa carta también a encarar a la víctima: ¡Acláranos si entraste a la fuerza o a fumarte un porro! ¡Acláranos si eran 4 o 5! Y le dice que ella, frente a cinco monstruos, en un portal sin salida, “en ningún momento dice que no”. A este tipo, la Audiencia de Navarra lo ha soltado, junto con sus compinches, porque ha sobrepasado la prisión provisional que les corresponde a la espera de la sentencia firme. Los jueces han entendido que no concurren circunstancias para dejarles en prisión. Ni siquiera al energúmeno éste, pese a que hoy, esta noche, cientos de miles de mujeres tienen un poco más de miedo que ayer por esa decisión.

Cuando defendemos las garantías procesales las defendemos contra el poder. Estamos en un Estado de derecho capitalista, colonial y patriarcal que, principalmente, garantiza la propiedad privada, a los blancos y a los hombres, pero que también, porque le hemos obligado, tiene que ser garantista. Pero a esas garantías se les han quedado los tiempos viejos y  benefician, como hoy, a monstruos. No es momento de quedarse en el sillón lamentándonos. Es esencial salir a las calles, no para doblarle el brazo a los jueces, que si se equivocan tendrán su momento procesal, sino porque lo que están mal son unas leyes y un régimen patriarcal que permiten que lo que describes como una violación luego no sea sentenciado como una agresión sexual. Y porque de tres jueces deliberando sólo dos se han dado cuenta de lo que está pasando. Lo que no miras no lo ves. Urge la formación en género en la judicatura.

La carta de este energúmeno coloca a la víctima en una situación de daño potencial, además de repetirle el daño. Pero, de momento, los jueces no lo han visto así. Cuesta trabajo entenderlo. La presunción de inocencia debe existir hasta que haya sentencia firme y la prisión provisional es una herramienta excepcional. Pero es que en este caso podríamos entender que se hubiera aplicado. Porque nos resulta fácil imaginar que esta gente pueda volver a reiterar sus comportamientos delictivos y alguno de ellos, además, no muestra el más mínimo arrepentimiento. ¿Que la gente conoce su cara? Se habrán quedado extenuados los jueces con el razonamiento. Así que si alguno de estos cafres viola una mujer, poco menos que la culpa es de ellas por no haber memorizado sus rostros.

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La prisión provisional “no puede ser una pena anticipada” y la existencia de recursos, las dobles instancias y todas las garantías del derecho son instrumentos contra el poder. Lo hemos defendido cada vez que se ha abusado de la legislación antiterrorista o se ha aplicado la nauseabunda ley mordaza. Pero entendiendo que la indignación y la rabia no pueden sustituir al derecho es muy difícil asumir que el derecho sirva de una manera tan clara hoy para defender no a los débiles sino a los poderosos: cinco violadores que agredieron sexualmente a una mujer.

Poco serán los que no deseen que llegue pronto esa sentencia definitiva y pocos serán los que leyeron el relato inhumano que no esperen que esa sentencia sea condenatoria. Hubiéramos entendido mucho mejor que se aplicaran medidas que mantuvieran a los que nos estremecieron con su brutalidad en la cárcel. Para que en estos Sanfermines los que jalearon a la Manada no se sientan impunes. Queda mucho por cambiar y la indignación tiene que oírse muy alto porque el patriarcado está escrito muy profundo en nuestra sociedad. Si no entendemos a la justicia es que algo no funciona en nuestra democracia.

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