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“Arquitectura de despecho”: Casas construidas con la única intención de fastidiar al vecino

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Harto de los mensajes de odio homófobos que difundía continuamente la Iglesia Bautista de Westboro, el vecino y activista por los derechos sociales Aaron Jackson pintó en 2013 su casa con los colores de la bandera gay, un precioso arco iris para que los retrógrados feligreses de la otra acera se impregnaran de homofilia y, quién sabe, salieran del armario.

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La colorista casa Peace Equality de Topeka es uno de los cientos de edificios erigidos -pintados, en este caso- en todo el mundo con el único fin de fastidiar al vecino, “spite houses”, en inglés. El alemán incluso tiene una palabra para definir estas construcciones: “Neidbau”, literalmente, “construcción de envidia”.

The Guardian ha elaborado una selección de algunos de los más curiosos “spite houses” del orbe, de Líbano a Argentina, pasando por Londres:

Foto: Sandra Rishani.

Al Ba’sa (El Resentimiento), Beirut, 1954

Con toda lógica, los hermanos mal avenidos son unas de las fuentes más habituales de las “casas de despecho”. Es el caso de este estrechísimo edificio, levantado por un hombre con la innoble intención de quitarle las vistas al mar a su hermano y, de paso, arruinar el valor de su propiedad. Con apenas 60 centímetros de anchura en su punto más estrecho, sigue siendo el edificio habitable más angosto de Beirut.

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Foto: Alamy.

Edificio Kavanagh, Buenos Aires, 1936

Corina Kavanagh era una boyante heredera de origen irlandés. En los años 30 del siglo pasado inició una relación con un joven argentino de los Anchorena, una familia de alta alcurnia bonaerense. La familia desaprobó la relación con los “nuevos ricos” y la despechada Corina tramó su venganza: ordenó construir un enorme rascacielos -el más alto de Sudamérica en su momento- con la única intención de dar sombra y anular completamente la aneja Basílica del Santísimo Sacramento, el sepulcro familiar de la familia rival.

Inat Kuca, Sarajevo, 1879

Cuando el imperio austrohúngaro tomó control de Sarajevo en 1878, ordenó levantar una serie de edificios en las localidades principales, incluyendo una nueva ciudad a orillas del río Miljacka. Pero se toparon con un problema: un vecino llamado Benderija, que vivía en la rivera, se negó a abandonar su casa. Finalmente, Benderija llegó a un acuerdo: vendería su casa por un saco gigante de monedas y la promesa de que sería reubicada, ladrillo por ladrillo, al otro lado del río. Se cuenta que el hombre se sentaba cada día, fumando en un puente cercano y observando el traslado de su hogar. Aquel edificio se convirtió rápidamente en un símbolo del desafío bosnio al invasor y hoy es un restaurante bastante popular para los turistas.

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Foto: Elf.

Casa de despecho de Alameda, 1908

A principios del siglo XX, la ciudad de Alameda, en el Bay Area de San Francisco, estaba en plena expansión. El ayuntamiento de Alameda requisó dos tercios de una finca perteneciente a Charles Froling, un carpintero, y, con ayuda de su vecino, pavimentó una calle. El enojado carpintero se vengó de su vecino construyendo una casa de tres metros de grosor y 16 de longitud en la estrecha franja de la finca que le quedó tras la tropelía.

Foto: PA.

Edificio piruleta, Londres, 2015

Enfrentado a sus vecinos, que no le permitieron reformar la casa, el inversor inmobiliario Zipporah Lisle-Mainwaring decidió pintar su casa con unas terribles bandas blanqui-rojas, a modo de piruleta. El vecino ha negado siempre que la pintura tuviera intención vengativa y finalmente logró el permiso para reformar el edificio.

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La casa estrecha, Boston, 1874

De nuevo, dos hermanos a la gresca, en este caso por la herencia de unos terrenos que pertenecían al padre. Uno de los hombres volvió de luchar en la guerra civil americana y encontró que su hermano había construido en la mayor parte de la finca. Ni corto ni perezoso, levantó un edificio de cuatro pisos y sólo tres metros por nueve, con la intención declarada de dejar sin luz del sol al cabrón de su hermano pacifista.

Foto: Getty Images.

Casa de verano isla de Plum, Newburyport, 1925

Una mujer aceptó el acuerdo de divorcio que le planteó su marido a cambio de que construyera una réplica exacta de la casa que compartían en Massachusetts. Dado que no especificó dónde había de construirse la casa, el encantador ex la erigió en aislado solar en las minas de sal de la isla de Plum, lejos de cualquier contacto humano y de agua potable. La casa nunca se habitó pero se convirtió en una suerte de icono local e incluso existe una campaña para evitar su desaparición.

Foto: Adam Fagem.

Townhouse, Alexandria, Virginia, 1830

John Hollensbury fue un fabricante de ladrillos de Virginia, amén de miembro del consejo local. Irritado por el pasadizo para carrujes que pasaba junto a la pared de su finca y rayaba sus paredes, el vecino construyó una estrella y larga casa en el solar, de apenas dos metros de anchura, dos pisos y ocho metros de larga.

Foto: Polylerus.

La “casa milagrosa” de Freeport, Nueva York, finales del siglo XIX

El constructor John Randall odiaba a los urbanistas que pretendían convertir la próspera ciudad de Freeport en una cuadrícula, así que para arruinar sus planes, levantó una casa en una finca triangular. Lo hizo en un solo día, y desde entonces es conocida como la “casa milagrosa”.

Foto: Ciudad de Virginia

Casa de despecho, Virginia, años 50

Estas casas pertencieron a dos mineros de plata que hicieron fortuna en los años 50. Cuando uno de ellos compró un terreno para levantar su casa en una calle residencial, el otro adquirió la finca colindante y construyó la suya, ligeramente más alta y a sólo unos centímetros de distancia.

Artículo original en The Guardian, vía Microsiervos. Con información de Goethe y Minuto Uno.

BONUS TRACK: Feísmo gallego, el cómo y el por qué

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