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Opinión · La oveja negra

‘El refugio de los canallas’: cómo se construye la locura

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El tiempo y su poder cauterizador. El que hace que callen las tripas y hable la mente. El que rompe la simplicidad del odio y permite algo tan complicado como pensar. El que consigue que analicemos al monstruo y sus actos, aunque no entendamos los motivos, aunque nos espante. El tiempo fue una de las causas del éxito de la novela Patria, de Fernando Aramburu, publicada por Tusquets. El tiempo transcurrido que rompía con un tema hasta entonces tabú para la literatura española. No, no se trataba de ETA ni de los GAL. De eso ya se había escrito. Era el del papel que jugó en todos esos años la sociedad vasca. Lo que hicieron el hermano, el primo, el vecino, el panadero y el compañero de oficina. De eso era de lo que no se había escrito. Aramburu ha sido el primero en colocar un espejo delante de una sociedad carcomida por el odio. Y el público ha respondido (600.000 ejemplares vendidos, 28 ediciones). Ya estaba preparado para leerlo.

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La novela negra va más allá. Siempre va más allá. Si no, perdería su esencia trasgresora. Y El refugio de los canallas, escrita por Juan Bas y editada por Alrevés, lo consigue. Haciendo referencia en el título a la célebre frase de Samuel Johnson (el patriotismo es el último refugio de los canallas), Bas hace un crudo recorrido por la sociedad vasca entre los años 1946 y 2015. Nos muestra el odio químicamente puro inculcado de padres a hijos, y sus consecuencias. Como el monstruo de ETA se alimentaba de estupidez,  crueldad inhumana y racismo. Y la respuesta primaria e inmoral por parte del Estado con los GAL. La locura del ellos y el nosotros. Los nuestros y los de fuera. Como los vecinos obligaron a una política del PP a que abandonase el edificio en el que vivía cuando aparecieron dianas pintadas con su nombre en la fachada. Como un etarra solicitó ser quien asesinase al hombre que lo salvó de morir cuando era niño. Las diferencias que se marcan desde el colegio con los hijos de los Guardia Civiles. La conexión entre las moquetas de los despachos y las frías celdas del cuartel de Intxaurrondo… Personajes reales, apenas camuflados, compartiendo escenarios con otros de ficción, aunque igual de verosímiles. Bas compone un collage de personajes con continuos saltos en el tiempo logrando que el lector pueda contemplar la extensión real de la gangrena, hasta dónde puede llegar el mal. Con una brillante profundidad en la descripción de personajes, en el ritmo y en la exactitud con la que Bas utiliza el lenguaje. Una novela singular y valiente. Hubiera sido fácil caer en la trampa del panfleto partidista, sin embargo, Bas consigue mostrarnos la totalidad de la locura, el monstruo con sus siete cabezas.

En otro orden de cosas, desde el pasado día 6 hasta el 15 de julio se celebra la Semana Negra de Gijón en la que participarán autores como Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett, Berna González Harbour, Carlos Zanón, Cristina Fallarás, Julián Ibáñez o Juan Madrid, entre muchos otros. Si lees esta columna deberías plantearte ir saliendo para allá. Vamos a pasar lista.

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