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Opinión · El ciudadano autosuficiente

Cuando el coche más vendido es el más peligroso

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Foto: Pixabay

Los SUV (Sport Utility Vehicles, los todoterrenos urbanos) son una de las bestias negras de los ecologistas, al mismo nivel que la energía nuclear o los plásticos desechables. Este tipo de vehículos llevan a extremo el derroche de recursos en el transporte, pues solo llevan un conductor, con suerte acompañado por un pasajero, en una máquina que puede alcanzar fácilmente las dos toneladas de peso.

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Los SUV, aunque en teoría tienen capacidades todo-terreno, son vehículos urbanos, casi nunca los veréis en una trocha. Si fueran una excentricidad de unos pocos no serían un gran problema, pero resulta que son el vehículo más vendido en los últimos años. Según Anfac, casi 300.000 SUV se vendieron en España de enero a junio de este año, alrededor de un 40% del total de las ventas de turismos. Esta tendencia es mundial, y quiere decir que cada vez veremos más SUV en el tráfico urbano.

Aquí empiezan los problemas. Los todoterrenos urbanos son coches muy grandes, por lo que ocupan más espacio que un turismo medio, consumen más combustible, emiten más contaminantes y hacen más ruido. Eso se sabía, pero ahora está saliendo a la luz un dato inquietante: los SUV aumentan el número de muertos y heridos por atropello.

Los SUV son vehículos muy seguros para sus ocupantes, solucionados algunos problemas de estabilidad que dieron que hablar hace un par de décadas, pero son mortíferos para los peatones. Datos procedentes de los Estados Unidos (donde  5.987 peatones murieron atropellados en 2016) muestran una estrecha asociación entre los SUV y los atropellos mortales. Se ha estimado que un peatón tiene el doble de probabilidad de morir o de resultar muy seriamente herido si el vehículo que le embiste es un SUV.

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La letalidad de los SUV se deriva de su gran tamaño y también de su forma. Al ser tan pesados, son más difíciles de frenar en un corto espacio que un coche pequeño. Eso quiere decir que impactan con una masa mayor y a mayor velocidad sobre el peatón. El otro problema es el diseño de estos coches. En ellos prima el aspecto “agresivo”, lo que quiere decir formas angulosas y frontales verticales, todo ello a mayor altura que en un coche normal. Esto impide que la víctima pueda caer sobre el capó, lo que reduciría el daño, y aumenta la posibilidad de recibir impactos mortales en el pecho y la cabeza, además de ser literalmente aplastado.

Las estadísticas norteamericanas muestran un repunte de los muertos por atropello desde el nivel mínimo, que se alcanzó en 2009. Muchos expertos lo achacan a la proliferación de SUV y a que estos coches, en su diseño, no tienen en cuenta ninguna consideración de seguridad en relación a los peatones. Lo preocupante es que también en España parece que se empieza a notar este repunte. La DGT ha notado un  crecimiento leve de la siniestralidad general en las carreteras, aunque los datos de atropellos parecen estables. No obstante, los últimos datos disponibles en la ciudad de Madrid parecen indicar que ya se está produciendo este repunte de muertos y heridos por atropello tras años de disminución.

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A finales de la década de 1990, nada menos que 50 personas de media morían atropelladas al año en la ciudad de Madrid, con unos 1.700 heridos de toda consideración. Dos décadas después, en 2014 alcanzó su punto más bajo, 10 muertos, pero desde entonces ha comenzado a aumentar de nuevo. Este aumento reciente de víctimas es mucho más acusado si contamos todos los heridos.

No se puede asegurar todavía que este repunte de víctimas por atropello, si se confirma, esté relacionado de alguna manera con la creciente proliferación de los SUV en la ciudad capital. Lo que sí es muy mala noticia es que la siniestralidad peatonal comience a crecer de nuevo. A estas alturas debería ser cero, y no es algo muy difícil de conseguir: la medida principal es reducir la velocidad a 30 km/h o menos en todas las vías urbanas, con tramos de 20 km/h o menos. El caso es que tenemos un creciente número de vehículos de gran tamaño y peso, con frontales “agresivos”, moviéndose por las calles de las ciudades a 50 o 60 km/h. Habrá que hacer algo: prohibirles la entrada en la ciudad o reducir la velocidad, o ambas cosas.

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Jesús Alonso

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