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Anxela Baltar y Violeta Mosquera son Bala. / FOTO: LEO LÓPEZ GARCÍA

Música La edad de oro del pop gallego

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Quien dice pop, dice noise, rock, punk, industrial, dance, neofolk, bossa, grunge, shoegaze... Sus protagonistas analizan las causas del 'boom' musical de la escena 'underground' en Galicia, de Triángulo de Amor Bizarro a Novedades Carminha.

Culturas


Algo pasa en la tierra de las orquestas. Más allá del campo de la fiesta, una nueva generación ha subvertido el recetario musical para ofrecer un menú variado que trasciende el pop y el rock, se adentra en el monte bajo de los subgéneros espurios y ofrece estilos exóticos que se le resisten al corrector del Word. “Los grupos gallegos tienen una intención deliberada de querer ser peculiares. Antes iban del mismo palo, como sucedió con las bandas de revival, mientras que ahora pretenden ser originales. Ya no en el sentido de hacer algo nuevo, sino de que no haya dos bandas iguales”, explica el periodista Javi Becerra, quien se atreve a asegurar que “esta escena tan rica y potente sólo existe en Galicia”.

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Hablamos de la década prodigiosa del underground gallego, que comenzó con el álbum homónimo de Triángulo de Amor Bizarro (TAB). Editado por Mushroom Pillow en 2007, el disco fue un fogonazo ruidista que sacó del letargo a la parroquia local, comparable al despertar shoegazer que supuso en España el Super 8 de Los Planetas. “Había gente que ya estaba haciendo cosas, pero ellos le dieron visibilidad”, afirma el crítico David Saavedra, quien señala con el dedo acusador a Rafa Anido. Definir al artista más camaleónico de la subcultura patria es harto complicado, aunque sus grupos podrían indicar por dónde van los tiros: Travesti Afgano, Los Iribarnes, Jiménez del Oso o Metralletas Lecheras.

El showman compostelano fue quien prendió la mecha del Galician Bizarre, un contenedor de lo que se venía haciendo en la periferia de la periferia. Dos discos para el recuerdo: el primero, en 2010, con Telephones Rouges, Indómitos, Noise Project, srasrsra o Novedades Carminha, que con el tiempo rompería el techo indie y se convertiría en la banda más popular junto a TAB; el segundo, en 2012, con Carrero Bianco, Fantasmage, Mano De Obra, Wild Balbina o Trajano! Había más, tanto en los recopilatorios como en los palcos, pero valgan estos como referencia. Cada uno era de su padre y de su madre, aunque en la mayoría había cierta querencia por el ruido, del punk al noise. Compartían otra característica: más allá de Vigo, A Coruña y otras capitales, también había rollo.

Novedades Carminha: "En el rocanrol no hay clase media"


Hasta aquí, nada nuevo: había sucedido algo parecido a principios de los noventa con el bravú (Heredeiros da Crus eran de Riveira; Yellow Pixoliñas, de Monforte; Rastreros, de Chantada…), si bien aquel estilo se circunscribía a un rock sin capar, deliberadamente rural, con posos de humor y comprometido con la lengua propia. El Galician Bizarre, más heterodoxo, también brotaba en los pueblos, caso de Los Televisores, Lobishome, Los Justicieros, Franc3s, Los Thyssen o Terbutalina. Es más, muchos estaban formados por miembros que vivían en diferentes localidades, aunque para burlar la distancia ya estaba internet. “Ellos labraron la tierra e hicieron el trabajo sucio para que recogieran el fruto otros, que se encontraron con el camino desbrozado”, explica el periodista Xavier Valiño. Hoy puede parecer baladí, pero tanto la red como el abaratamiento del material permitieron la proliferación de estudios caseros y la grabación de discos a costes razonables. Ya no hacía falta un productor ni una discográfica.

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“Podías vivir en una aldea y estar conectado al resto del mundo. Ese aislamiento te permite hacer las cosas a tu manera, alejado de las influencias de las escenas coruñesa y viguesa”, cree Saavedra, quien pone el ejemplo de Emilio José, cuya música es “absolutamente local y global”. El último mohicano de la bossa nova ourensana canta en brasileño de Quins, una parroquia de Melón con ínfulas de república independiente, y saca discos triples con canciones que rozan los veinte minutos de duración. “Es una anomalía, pero ya lo era Apeiron. Le gusta epatar y ser el más raro. Me desborda un poco, pero me encanta”, confiesa Becerra. El autor del blog Perdiendo Mi Eje va más allá y lo incluye en la santísima trinidad de la escena contemporánea junto a Triángulo y Chicharrón, que resurgió de las cenizas de Franc3s, una hipnótica propuesta decididamente amateur que pasaba por el shoegaze, el romanticismo y lo macabro. Alberto Vecino, cantante y guitarrista del extinto trío, le quitaba importancia a la cuestión geográfica en esta entrevista: “Estamos muy orgullosos de vivir en nuestros pueblos, pero no creemos que sea tan importante como el hecho de tener algo que decir”.

Triángulo de Amor Bizarro, liderados por Isa Cea y Rodrigo Caamaño.

Desde hace una década, las bandas se han multiplicado como Gremlins. ¿Pero cómo se gestó todo? Algunas de las condiciones que contribuyeron a la riqueza musical son aplicables a otros territorios (léase internet, como fuente y como medio), si bien aquí se dieron todas juntas. Entre otras, el desempleo (que concedió tiempo libre a los jóvenes), la crisis (que alentó la creatividad), la rabia (motivada por la falta de perspectivas laborales y un futuro incierto), la climatología ("El 90% del tiempo está lloviendo, así que encerrarte en un local y hacer ruido tampoco es una mala opción", le respondió Vecino a Saavedra en un reportaje publicado en la revista Metrópoli), los nuevos espacios (centros sociales y autogestionados que dieron cabida a estilos que no encajaban o se les escapaban a los programadores de salas) y el trabajo en red (los responsables de esos proyectos están conectados y colaboran entre sí para generar un circuito). Habría que matizar algunos aspectos, aunque mejor que lo expliquen los protagonistas.

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“La crisis da hambre, pero también horas libres. Mucha gente que estaba en el paro se volcó en la música. Puede parecer un tópico, pero el talento y la creación nacen de ahí y de un estado general de desánimo. Los actores de este boom pertenecen a una generación muy preparada que ha tenido todos los medios a su alcance y que, de repente, decide expresarse a través del sonido”, cree Teresa Cuíñas, periodista de la TVG y colaboradora de la revista Rockdelux. Valiño también alude a la falta de oportunidades como catalizadora de la escena y apunta que el salto a la creación se produce sin red. O sea, que no sólo se trata de componer canciones, sino también de componer lo que a uno le viene en gana, pues hay poco que ganar y nada que perder. “Al no haber curro, las personas con inquietudes se lanzaron hasta las últimas consecuencias, aunque supiesen que no era rentable y que quizás tendrían que poner dinero de su bolsillo”. Conscientes de la dificultad de sacar la cabeza y poder vivir de ello, muchos se echaron al monte, demostrando que no todo es orégano pop.

TAB: "Más que a la depresión, tendemos al encierro"

Xoel López e Iván Ferreiro pillaron el último tren del gran público, mientras que Triángulo llegó justo a tiempo para rascar algo. Sin ignorar que llegar arriba es muy complicado, las bandas compusieron música menos asequible, pues no tenían que responder ante nadie y carecían de exigencias externas”, apunta Valiño. El caso de Chicharrón es sintomático: tras debutar con un disco en español y presentarlo fuera de Galicia, se pasan al gallego en su segundo trabajo. “Un camino anticomercial que nadie recorrió con anterioridad”. Aunque su letrista había escrito hasta entonces en castellano, en el cambio resulta decisivo el bajista Rubén Domínguez, defensor del uso de la lengua propia en todos sus proyectos: Telephone Rouges, ya desaparecidos, y Pantis, donde despliega su krautrock onírico. Aunque algunos músicos se han atrevido puntualmente con la lengua vernácula, no es un rasgo que defina la nueva ola, por lo que combos como Os Amigos dos Músicos, Das Kapital, Familia Caamagno, Musel o Apenino suponen unas excepciones entre el español y, en menor medida, el inglés.

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"Antes los grupos esperaban a que alguien de fuera se fijase en ellos, hasta que se quitaron los complejos y empezaron a cantar en gallego. Nos sacudimos el prejuicio de cantar en castellano para llegar a más público y, aunque en algunas bandas no hay raíces gallegas, sí se da una reivindicación de lo propio", cree Fernando Fernández Rego, quien ha dado cuenta de la evolución musical en Galicia a través de La Fonoteca. Aun así, el crítico considera que la geografía también ayuda. "Los grupos de Madrid y Barcelona están muy inflados, aunque sean buenos, porque los grandes medios están allí. Telephone Rouges, si fueran de otro sitio, hubieran tenido mayor repercusión. La ventaja es que, como las discográficas ya no tienen tanto peso ni efectúan grandes inversiones, las bandas hacen lo que quieren. Hoy el idioma ya no condiciona tu carrera, lo que importa es que lo hagas bien", añade el autor de 50 anos de pop, rock e malditismo na música galega (Toxosoutos). Vecino, cuando militaba en Franc3s, dejaba claro que la estación de destino era lo de menos: “El tránsito es lo más importante. La culminación sólo trae decepción, así que lo único que queremos es seguir adelante”.

Javi Álvarez, en una foto prehistórica que nos hará cambiar cuando la vea.

La escena es promiscua. Las bandas son el público, y viceversa. Algunos se ganan el pan con trabajos relacionados con la música (bares, festivales, montajes de escenarios, técnicos de sonido…). Es el caso de Hevi, MC y cabeza visible de Juanito Broders y Malandrómeda, quien produjo el último disco de Novedades Carminha. Su media naranja en Fluzo, Javi Álvarez, graba videoclips, pincha como DJ de la Muerte y crea piezas para el Museo Reina Sofía. Apenas le sobra tiempo para sacar adelante sus otros proyectos: Néboa, Dúo Cobra y, recientemente, Sr. Anido y Sra. Álvarez, cuyo disco, 18, también ha producido. "La sociedad tiene una imagen del artista simplificada, banalizada y basada en tópicos románticos que son una utopía. Currar es imprescindible, si no las iniciativas se quedan en ocurrencias. Hay que choiar como hay Dios, esto no cae del cielo", aseguraba en esta charla el artista santiagués, al frente de la factoría doméstica La Follable. Su faceta de hombre orquesta no es única: Rubén Domínguez y Mar Catarina están detrás de Prenom, un laboratorio de luz que ilumina videoclips, portadas, fotografías y carteles. No hay nada que les haga sombra: también ejercen de discográfica y sus responsables tienen capacidad de desdoblarse. Entre sus últimos trabajos, Mar Catarina le ha puesto imágenes a Papá borracho, de Ataque Escampe, y presta su teclado a Esposa, que debutan en marzo con Xardín interior.

Son dos ejemplos, pero la nómina también alcanza a los encargados de levantar acta del boom. Becerra, redactor de La Voz de Galicia, organiza en A Coruña el ciclo Los Conciertos de Retroalimentación, por el que se ha pasado lo más granado del panorama. “Antes, muchos estaban pendientes de una subvención, pero con el paro y el tiempo libre, el fan tomó el poder. Han proliferado los programas de radio dirigidos por plumillas desempleados, al tiempo que el público participaba en crowdfundings para sacar adelante diversas iniciativas. En mi caso, lo hago por amor al arte y no me llevo un duro”, explica el periodista del diario coruñés. También hay musicómanos que recurren a curros alimenticios para poder realizarse con su pasión. José Antonio Deus, responsable del festival Sereas e Piratas junto a Beatriz Fernández, lleva trabajando años como pastelero, un oficio que ha alternado con la gerencia de bares donde organizaba conciertos. Ambos han destacado por su buen ojo para fichar a grupos a punto de despegar (entre los gallegos, TAB y Novedades Carminha), de modo de que la cita se ha convertido en un draft de la música alternativa.

El festival carballés le dedicaba la edición del 2008 a la Galicia Bizarra, descrita así por su organizador: “No es una escena como la de los movimientos endogámicos y cerrados que, en las ciudades, impiden que las bandas adquieran esa independencia necesaria para adquirir una personalidad propia, y que hacen que acaben todos haciéndose la pelota unos a otros. Son un montón de grupos provenientes de diferentes pueblos y cuyo rasgo más significativo es la originalidad”. Deus, quien desde la comisión de fiestas también impulsó el Rockin’ Carballo, señalaba otras señas de identidad en un texto que presentaba el festival en la revista San Xoán: “Muchos de los grupos se han conocido entre sí por internet, otros en los conciertos tanto de otros grupos como de los suyos; y han hablado de música, del asco que les daba la industria, de lo poco que les importaba el éxito comercial y de hacer millones de proyectos, porque todos conservan aún la inocencia y la ilusión”.

Chicharrón son Rubén Domínguez, Xurxo Meis, Mar Catarina, Diego Gende y Alberto M. Vecino. / PRENOM

Becerra abunda en la idea: “No hay una rivalidad entre ellos, pero sí una especie de contagio”. Y esa pandemia underground encontró cobijo no sólo en garitos y salas, sino también en espacios autogestionados que les evitaban tener que afrontar un alquiler. “Se ha tejido una red colaborativa que va desde La Nave 1839 hasta el Liceo Mutante, a lo que habría que sumar una mayor conexión entre los locales de conciertos de A Coruña, Santiago y Vigo”, afirma Saavedra. La mejora de las comunicaciones ha vertebrado el eje atlántico y la movilidad de los espectadores ha aumentado, si bien el préstamo de público entre poblaciones a veces resulta necesario para que el bolo sea un éxito. “Al fin y al cabo, hablamos de ciudades pequeñas con una capacidad limitada para generar un movimiento cultural, por lo que es difícil conformar una masa crítica”, explica Sara Roca, una de las coordinadoras de La Nave, quien aporta otro ingrediente para el despegue de la escena: los emigrantes retornados.

“Yo llevaba quince años viviendo en Euskadi, Barcelona y Estados Unidos, donde me encontré con una tradición de centros cívicos y de autogestión muy arraigada. Cuando regresé a Coruña, aquí no había nada. Esto era el horror, un coñazo. Y cuando montaban algo, era el-con-cier-to”, recuerda Roca. En 2011, varios jóvenes que habían estudiado en la capital catalana y en otras latitudes inauguran en Pontevedra el Liceo Mutante. Dos años después, en A Coruña abre sus puertas la Casa Tomada (que recoge el testigo de las okupas Casa das Atochas, la Cúpula del Trueno y Las Ruinas), reconvertida desde 2015 en La Nave. “Ampliamos la oferta de conciertos tanto para el público como para las bandas, porque las salas convencionales dejan fuera a todo un espectro cultural”.

Ubicada en un almacén de la estación ferroviaria, por el que pagan un alquiler, la entrada cuesta cinco euros y va destinada íntegramente a los grupos. La asociación subsiste gracias a las aportaciones de los socios y ninguno de sus miembros cobra por su labor. “Bandas como Nueva Vulcano o Za!, que podrían haber tocado en salas grandes, prefirieron hacerlo allí porque les mola el proyecto. Una manera de apoyar una iniciativa que ha permitido a los combos girar por la región y a nosotros ver a grupos no sólo autóctonos, sino también nacionales e internacionales. De otra manera, difícilmente se habrían pasado por aquí”, explica Rosalía Martínez, exsocia de La Nave y asidua a conciertos. “Era imposible que las bandas no tuviesen que pagar por tocar en salas convencionales, mientras que ahora se ahorran el alquiler y pueden viajar por un módico precio, puesto que sus miembros dormían en nuestras casas y se aseguraban al menos un par de bolos”.

Sara Roca califica este momento como la “edad de oro de los centros sociales”, pues en su ciudad han abierto otros dos: A Comuna y A Insumisa. La red se extiende hasta Vigo, donde ha cerrado Charentón y resiste Distrito 9. En Ourense también programa asiduamente El Pueblo, aunque en realidad es un café cultural con solera; y en Lugo, el gastronómico O Mercado, que abrió sus oídos a la gran esperanza blanca del galician-disco, Alex Casanova, sin tilde y con gomina. “En definitiva, te vas a vivir fuera, terminas de estudiar o te quedas sin curro, decides regresar y montas algo”, añade la coordinadora de La Nave. “Antes no había nada, pero hemos llegado a la situación paradójica de que involuntariamente nos contraprogramamos, tanto aquí como entre las urbes. ¡Parece que estamos en Nueva York!”, ironiza entre risas. “Ahora mismo es donde están ocurriendo las cosas más emocionantes, porque los músicos pueden ser lo que realmente querían ser”, cree la periodista Teresa Cuíñas, quien destaca que en las bandas “prima la ilusión y la autenticidad”.

Xavi, Carlos y Jarri: batería, voz (y guitarra) y bajo de Novedades Carminha.

El listón está demasiado alto. La cota alcanzada por Iván Ferreiro (antes al frente de Los Piratas) y Xoel López (Deluxe) es insuperable, aunque Triángulo ha logrado ganarse las habichuelas con la música y Novedades Carminha todavía hace pie en el mundo laboral. “Somos peña con vicios caros. Falta mucho tiempo para que podamos vivir a lo papichulo, ahora sobrevivimos”, bromeaba Carlangas en esta entrevista. “La música es nuestra actividad principal, aunque durante el año hacemos otras cosas”, añadía Jarri. “En todo caso, es muy difícil compaginar esto con un trabajo estable. Resulta imposible tener un curro de oficina. Todos somos autónomos y trabajamos en la farándula, donde resulta más fácil pirarse un jueves para tocar en no sé dónde”, explicaba Xavi. La clave la tenía el cantante del ahora cuarteto santiagués: “En el rocanrol no hay clase media. Están los que viven de puta madre y todos los demás”.

Triángulo decidió dar el salto al vacío. Pertrechados en Abanqueiro, una parroquia de Boiro, Isa Cea y Rodrigo Caamaño componen y graban allí sus trabajos. Cinco álbumes después, han conseguido mantener alto el nivel, como demuestra Salve Discordia, publicado también en vinilo. “Deberían tener más público, porque si fueran londinenses tocarían en grandes recintos. Aunque, si lo piensas bien, es un milagro que involucren a quinientas personas en su zafarrancho ruidoso, como sucedió en el Playa Club de A Coruña. Porque, aunque tengan un par de canciones pop en cada disco, sus planteamientos son muy radicales”, afirma Javier Becerra, quien lo considera el mejor grupo de España. El autor del blog Retroalimentación valora no sólo el trabajo que hay detrás, sino también los trabajos que dejaron atrás: “Apostaron por tratar de vivir de la música, como antes habían hecho Xoel y Ferreiro, mientras que otras bandas, como Nadadora, no se atrevieron a mandarlo todo a la mierda. En realidad, el 95% de la gente monta grupos para un fin de semana, no para vivir de ello”.

Rodrigo Caamaño recuerda cuando plegaron velas, dejaron A Coruña y se instalaron en Boiro. Allí acondicionaron un local de ensayo y un estudio de grabación, la Casa de Abanqueiro. Aún no se habían popularizado las redes sociales y contactaban con otros grupos a través de MySpace (una reliquia digital que comparte baúl de los recuerdos con artefactos como Fotolog). “No había dónde grabar una maqueta y la música en vivo estaba copada por las orquestas, pero la aparición de cierta escena permitió que los grupos se desarrollasen. En Galicia siempre ha habido mucho talento, pero el reto es sacarlo al exterior”, explica el cantante y guitarrista, quien cree que existe un intangible inexplicable que los diferencia. “Por ahí adelante también abundan las bandas, pero aquí hay algo que nos hace especiales: quizás el intento de tener cierta personalidad, de hacer las cosas a nuestra manera y de darle otra vuelta de tuerca, porque somos muy cabezotas”.

Lo que falta, según él, es “nivelar el campo de juego” con otras regiones. “En otras comunidades, como Euskadi, la música está más normalizada: desde los centros sociales hasta las instituciones. Los ayuntamientos tienen locales de ensayo, las administraciones organizan festivales y los grupos giran todo el año. Aquí falta eso, porque todo el dinero va a parar a las orquestas, cuando deberían dedicar el 20% del presupuesto a otros grupos”, afirma Rodrigo, convertido junto a Isa, pese a su insultante juventud, en unos veteranos de la escena y en un referente para los que se van incorporando. “Es un halago que nos consideren los padrinos o la cabeza más visible, pero nosotros no lo vemos así”, concluye el también productor de Pizza​(​Niobio​)​/​Surfeta​(​Tántalo), flamante disco de Elvis Negro, el grupo de Marcos Romero y María Costa.

Anxela Baltar y Violeta Mosquera son Bala. / FOTO: LEO LÓPEZ GARCÍA

Tras ellos se oculta Blas Silva, otro ideólogo del underground gallego, pues formó parte de TAB y de otros combos como Carrero Bianco. La promiscuidad, como otra seña de identidad, no tanto por el tamaño del ecosistema como por la estrecha colaboración entre los seres que lo habitan. Por ejemplo, la batería María Costa formó parte de Franc3s, integró el dúo Tabaco junto a Christ Andrade (guitarrista, a su vez, de Arabian Evils) y flirteó con una banda exclusivamente femenina que no llegó a cuajar. Si aquella idea se quedó en intento, el combo de Ánxela Baltar y Violeta Mosquera va como un tiro: después de tocar en Reino Unido y Portugal, Bala hará lo propio en Japón (cuatro conciertos en abril) y dará el salto a Australia (seis, en mayo). “Son fuerza, energía, rabia, actitud y explosión creativa. Un ejemplo para las mujeres, por lo que me transmiten mucha esperanza. No tanto porque sean chicas, sino porque han abierto un camino musical”, afirma Cuíñas, quien también cita entre sus preferencias a Diola (“son más sofisticados, unos exploradores del sonido”) y Chicharrón (“me tienen subyugada y adoro su concepto de factoría creativa: un do it yourself con clase”). La periodista de la TVG está de enhorabuena: los de Carballo y O Grove presentan la semana que viene el sencillo Contra acantilados, que vendrá acompañado de un videoclip dirigido por el cineasta Alfonso Zarauza.

Las componentes de Bala ensayan en Santiago, si bien Ánxela (también vicepresidenta de La Nave) es de A Coruña y Violeta, de Lugo, aunque vive en Pontevedra. “Es muy habitual que los miembros de un grupo residan en sitios distintos, caso de Guerrera”. Incluso puede mediar un océano: Selvática tiene un pie en Pontevedra y otro en Río de Janeiro. “Todos somos amigos, aunque destaca la heterogeneidad de las bandas y el hecho de que cada vez haya más chicas haciendo todo tipo de estilos. La gente de fuera alucina con la música de aquí”, explica la guitarrista. Bala pisan el acelerador, suben el volumen y tiran la casa por la ventana. Parece que tocan acompañadas de una legión de orcos, pero son sólo dos personas, una batería y una guitarra. La próxima semana publican su segundo trabajo, Lume (fuego, en español), donde insisten en su fórmula magistral: un adoquinazo grunge en la cabeza. “Aunque algo está cambiando, seguimos viendo que en los festivales hay poca presencia femenina, pese a que hay muchos grupos. También nos seguimos encontrando con demasiados prejuicios: han pensado que, por ser mujeres, hacíamos pop; o, peor todavía, nos han confundido con las novias de los músicos”.

Es una de las tres debilidades de Javi Becerra, junto a TAB y Xoel López. “Estoy enamorado de ellas. Las veo en directo y me hacen sentir esa electricidad que me transmitían Los Eskizos cuando era un adolescente”, afirma el crítico coruñés, a quien le ha sorprendido el viraje latino del exlíder de Deluxe. “Estoy maravillado con lo que está haciendo ahora. Es el mejor artista de pop español. Atlántico desborda talento y buenas vibraciones. En Deluxe le costaba hacer letras decentes y en la última época se había vuelto taciturno, pero se ha convertido en un artista luminoso con letras bonitas”. Becerra insiste en la rareza (de raro: extraordinario, poco común o frecuente) de las bandas gallegas y en su esfuerzo por alcanzar la singularidad. Por ejemplo, Bifannah (cuya genealogía remite a Wild Balbina, Mvnich o Avispa) cantan en portugués y se hacen llamar como un bocadillo de carne de cerdo típico del país vecino. “También me flipó Grecia, un disco de talla internacional publicado por Das Kapital en 2013. Fue una banda deliberadamente efímera que daba pocos conciertos y comparable a los franceses Programme”.

Selvática, con un pie en Pontevedra y otro en Río de Janeiro.

Formado por el poeta Daniel Salgado, el productor Tomás Ageitos (Grampoder, Chicharrón, Caxade…), el agitador sociomusical O Leo y el instrumentista Marcos Payno, la banda puso fin a su existencia hace dos años. Quizás alguno de los grupos citados ya haya desaparecido (como Unicornibot, que ha mutado en Diola) y otro ha venido a ocupar su lugar. Manu Eirín y sus colegas formaron Aula 11 cuando tenían catorce años. Hoy, alguno todavía no ha superado la mayoría de edad, por lo que han tenido que viajar acompañados de sus padres para tocar en Madrid o Zaragoza. Beben de las birras de Novedades Carminha o, como dicen ellos, hacen garage-punk bailongo y “chupan sangre” del combo santiagués. “Cuando empezamos, éramos tres matados que no dejábamos de ir a todos los conciertos que podíamos y de escuchar a Terbutalina, Familia Caamagno, Kings of the Beach o Nave Nodriza”, explica el guitarrista de la banda, cuyo nombre remite a la sala de ensayo del Ayuntamiento de Carballo donde practican. Antes tocaban en un garaje, pero el ruido y los municipales provocaron que diesen con sus huesos en el Pazo da Cultura, donde comparten espacio con otros grupos. “Hace falta gente que monte conciertos en bares y que apoye a los músicos. No que los trate como si fuesen mierda, porque en alguna ocasión no nos han dado ni agua”, se queja Eirín, a punto de publicar un disco tras ser uno de los tres finalistas de Proyecto Demo 2016, el concurso de bandas emergentes de Radio 3 y el FIB. “En función del dinero, lo sacamos en cedé o lo subimos a Bandcamp”. Las redes sociales, con suerte, harán el resto.

¿Qué diferencia entonces a la nueva hornada de lo que se venía haciendo en Galicia hasta hace una década? Fernández Rego deja claro que, tanto aquí como en otras regiones, se ha producido un cambio de ciclo: "En los ochenta había más ventas de discos y una mayor visibilidad en los medios (había menos y la música estaba más presente en ellos), por lo que las bandas tenían más repercusión y eran más grandes". Ahora, el impacto de los grupos en la sociedad es menor, según el autor de Saudade, una biografía de Andrés Dobarro publicada por La Fonoteca, por lo que según él es difícil encontrarse con bandas tan populares como Os Resentidos o Siniestro Total. "Sería conveniente hablar de una explosión silenciada, porque fuera de los conciertos financiados por las cerveceras y de eventos multitudinarios, en los garitos sigue habiendo poca gente. Es un signo de los tiempos, pero el indie actualmente está denostado y casi todo se centra en cuatro o cinco grupos estatales". Más allá de los números, Fernández Rego valora la pegada roquera de Grabaciones de Impacto (The Allnight Workers, Thee Blind Crows, Nave Nodriza), la impronta punkarra de Lixo Urbano (Samesugas, Fame Neghra, Fulsomes), la factoría compostelana de A Casa Xurásica (Mato Grosso, L'Uomo di Gomma, The Lorchas, Dirty Barriguitas y The Homens) y a combos guitarreros como The Soul Jacket, Fogbound o Hell Buckets. Y, como filias confesables, cita a Triángulo ("que apostaron por la carretera sin traicionarse nunca a sí mismos") y a las criaturas de Rubén Domínguez: "El nivel poético de Chicharrón es muy alto, mientras que Telephone Rouges encarna al grupo fundacional que nos cambió la vida y la concepción de la música: unos tipos de O Grove que editaban sus discos en Cataluña y se atrevían a cantar con gheada en Albacete".

Hasta aquí, un somero repaso a la nueva ola de la nueva ola gallega, que inevitablemente se queda corto. La nómina es ingente, del punk rock de la chicas de Agoraphobia hasta los Furious Monkey House, una banda integrada por niños y niñas. Xavier Valiño señala tres referencias obligadas (TAB, la saga Selvática-Indómitos-Fantasmage y la bicefalia de Malandrómeda-Fluzo), sin olvidarse de dar otras pistas a los neófitos. Si hubiesen nacido en otra época, según él, habrían llegado a un público masivo Novedades Carminha, David Quinzán, Luis Moro, Eladio, Juan Rivas, Abraham Boba y Músculo! También considera interesantes a Nadadora, Apenino, Combo Dinamo, Linda Guilala, Jane Joyd (Elba Fernández en la pila bautismal, sacará disco en otoño bajo el nombre de Mordem), Sevigny y Burgas Beat (veterana banda ourensana de pop delicatessen que hunde sus raíces en Cosecha Roja).

La lista puede ser completada en los comentarios (de la Orquesta Metamovida a Cró!, pasando por Ocre, Monstruo, Pardo, Sen Senra, Perpetuo Socorro, Mequetrefe, Tímperis, Lady Leño, Bento Veloso, Puma Pumku, Thee Boas, Los Árboles, Uzumaki​​/​​Terremoto Sí, Diadermin, Aries, Dois, Jay, Linda Guilala, Pablo Seijas, Loe Lof Lon, Jhonander, Gold & Colt, Tractor Troy, Onion Smile, Lendrone, Colectivo Oruga, Esquelas, A Veces Ciclón, When Nalda Became Punk, Matto Grosso, Volonté, Igloo, Vale Tudo, Triquinoise, Los High Sierras, Niño y Pistola, WolRuS, Félix Arias, Maryland, Holywater, Disco las Palmeras! y toda la escudería de Matapadre). “Siendo justos, no hay que olvidarse de Dar Ful Ful/Apenino, Apeiron y Nadadora, porque fueron unos pioneros, incluso antes del Galician Bizarre”, concluye Saavedra. Son todos los que están, pero indudablemente no están todos los que son.

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