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Bashkim Shehu

Bashkim Shehu “La izquierda europea no ha entendido lo que pasó en Europa del Este, lo ven utópico”

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El escritor de origen albanés Bashkim Shehu, que vive desde hace dos décadas en Barcelona, publica 'Angelus Novus' (Editorial Siruela, prólogo de Bernardo Atxaga), un libro sobre la Albania de la dictadura de Enver Hoxha, donde relata su vida como preso político durante más de siete años en las cárceles del antiguo régimen.

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“No te puedes fiar ni de tu camisa, de nadie”, se decía en la Albania del dictador Enver Hoxha. Tampoco se podía salir del país, y quien se empeñaba en escapar de la felicidad obligatoria de un estado que se hacía llamar comunista, corría el riesgo de sufrir los disparos del ejército del régimen. “Si intentabas abandonar Albania, te acusaban de alta traición a la patria, un delito previsto en el Código Penal, y te caían como mínimo diez anos de cárcel, y como máximo la pena de muerte. En los años ochenta se multiplicaron los casos de gente que quería huir y los guardias de la frontera recibieron la orden de disparar, incluso cuando podían capturar a la persona; luego, exponían los cuerpos fusilados en los pueblos de donde procedían las víctimas, para que nadie intentara abandonar del país”.

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De que todo eso ocurrió de verdad da testimonio Bashkim Shehu, que salió de aquel paraíso forzoso cuando el régimen ya se había desmoronado. Aterrizó en Barcelona en 1997, “cuando nadie hablaba de los inmigrantes. Me sentía inmigrante solo cuando tenía que ir a la Subdelegación del Gobierno para renovar los papeles de residencia”. Años más tarde, se dio cuenta de que mucha gente dialogaba con la inmigración solo a través de la pantalla del televisor. “Hice un estudio sobre la percepción de la inmigración de Europa del Este en Catalunya y era lo que decían las estadísticas, la gente se relacionaba con la inmigración solo a través de los medios de comunicación”.

Pasados más de veinte años desde la caída de los regímenes llamados socialistas o comunistas en Europa del Este, y a miles de kilómetros de distancia del penal de Burrel, donde permaneció detenido más de siete años, recuerda aquel mundo del pasado, que nunca ha dejado de existir. “No es que de repente haya decidido regresar a este período de mi vida, sino que él ha continuado existiendo en mi vida y en mi escritura. ¿Por qué después de tantos años sale un libro tan exhaustivo sobre aquello?¿He tenido una visión más completa de todo? Bueno, tal vez sí, porque era algo que necesitaba filtrarse dentro de mí”. La incubación ha durado cuatro años. No se trataba solo de trasladar de un país a otro vivencias que no podían ser compartidas, sino de hablar de un sistema con los pies puestos ya en otro sistema. “En aquella dictadura realmente se creó lo que llamaban el hombre nuevo, simplemente que de eso nos dimos cuenta luego. La relación que uno tenía consigo mismo y con los demás era diferente, y era consecuencia de aquel régimen del terror, de las redes de informadores y delatores”, explica Shehu. Páginas enteras redibujan los escasos metros cuadrados físicos y mentales en los que se desarrollaba el día a día de los presos de la cárcel de Burrel. “Te acostumbrabas. Y te acabas convenciendo de que aquello, a la postre, era el universo. Algunos presos llamaban a sus sueños la televisión privada, y en lugar de decir 'Me voy a dormir', decían 'Voy a encender el televisor'. (Angelus Novus)

"¿Por qué después de tantos años sale un libro tan exhaustivo sobre aquello? [...] Era algo que necesitaba filtrarse dentro de mí”

Shehu acabó en la cárcel tras la caída en desgracia de su padre, Mehmet Shehu, Primer Ministro de la Albania comunista entre 1954 y 1981. “Todo aquello fue absurdo. Uno de mis hermanos quería casarse con una chica cuyos familiares habían emigrado a Estados Unidos. Hoxha utilizó este hecho para acusar a mi padre de violar la línea del Partido. Fue el primer paso. Luego llegaron las insinuaciones de que era un infiltrado de los servicios de espionaje extranjero, hasta que lo pusieron contra las cuerdas en una reunión del Politburó y mi padre se quitó la vida. Después de su suicidio, como era habitual en aquella época, fue declarado enemigo del país”. Su padre fue acusado de ser un agente múltiple: de los estadounidenses, los británicos, los yugoslavos, etc.; y, siguiendo la senda del absurdo, de haber empezado su carrera de “agente imperialista” en España, donde había participado como brigadista durante la Guerra Civil.

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Su caída arrastró a toda la familia. Su mujer fue condenada a 25 años de cárcel. El hijo que había pretendido casarse, fue acusado de colaborar con la CIA y condenado a 15 años. Y otro de sus hijos se suicidó bajo la presión de la policía secreta. “A mí me arrestaron y me condenaron por propaganda subversiva. Diez años. Mi madre falleció en la cárcel, yo salí en 1989. Todo se hacía sin que mediara un juicio, era una decisión administrativa, bastaba con una firma. Un año después me volvieron a detener porque había escrito una carta dirigida al líder del régimen denunciando la situación de los derechos humanos en Albania y, sobre todo, en las cárceles, y me condenaron a otros ocho años”.

En aquella época, los reclusos estaban en celdas de aislamiento y solo podían hablar entre ellos de forma clandestina. En su libro, el autor conversa con un preso ficticio, Mark Gjoka o Mark Shpendi. “No llegué a conocerlo personalmente, pero me habían hablado de él”. Sostuvo un diálogo parecido con otro compañero a través de las cartas. “Con la complicidad de un detenido que era responsable de un almacén de alimentos de donde podíamos llevarnos poca cosas, mantuvimos una correspondencia de unas 300 páginas.”

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El consumismo actual está ayudando a la supervivencia de los atavismos de aquel entonces

Hoy en día casi todos sus guardianes han fallecido, así como los representantes del régimen. Pero aquel pasado sigue en pie, trasmutado en nuevas formas. “Hubo juicios. Primero los acusaron de crímenes económicos. Luego, pasados unos años, a mediados de los noventa, empezaron los juicios contra los dirigentes del partido y de la policía secreta por genocidio. No era un intento de acabar con el pasado, era un intento de reciclar el pasado”. Shehu dibuja precisamente la continuidad de este laberinto, los disidentes de la Albania del antiguo régimen y su presencia en la Albania de ahora, bajo la mirada del Angelus Novus, descrito por Walter Benjamin, a quien se recuerda en el texto: el ángel de la historia, empujado siempre hacia arriba …y mirando a sus pies el cumulo de ruinas de tiempos antiguos o recientes que se van amontonando.

Muchos de los representantes de la antigua nomenklatura se colocaron posteriormente en los nuevo partidos, “pero la elite económica en Albania es bastante heterogénea, hay de todo. La nueva elite tenía que parecer creíble a los interlocutores internos y externos. Sin embargo, el pasado ha sido reciclado más en otros aspectos, en la cultura política digamos, en la intolerancia hacia los adversarios políticos”, comenta Shehu.

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'Angelus Novus" (2017) de Bashkim Shehu

El autoritarismo de la dictadura ha sido heredado y transformado en lo que se llegó a llamar un “capitalismo salvaje”, comportamientos autoritarios aplicados en el mundo de los negocios o en las empresas. “Se difundió la idea de que en la economía de mercado no hay reglas, la única ley es enriquecerse. De hecho, esta era la idea oficial que el régimen difundía sobre el mercado. Tras la caída de la dictadura, simplemente la llevaron a la práctica. También es verdad que a partir de los años ochenta el capitalismo occidental ha respondido cada vez más a esta visión, pero en Europa del Este, podríamos decirlo así, el Rey está más desnudo, precisamente por la poca o nula resistencia surgida desde la sociedad civil. Existe una percepción acrítica y dogmática de la idea de economía de mercado, lo mismo que hubo una aceptación acrítica de la idea de socialismo. Si hablas de la desigualdad en la Albania actual, te dicen que eres un comunista, un nostálgico de la dictadura, aunque hayas sido disidente durante la dictadura. Pero la izquierda europea tampoco ha entendido a día de hoy lo que pasó en Europa del Este. Prefiere continuar viviendo una especie de ilusión utópica, para no abrir una reflexión real sobre el fracaso de aquellos regímenes”.

En Albania tampoco ha tenido lugar un debate sobre el pasado. “Los que han vivido este pasado no tienen suficiente voluntad para enfrentarse a él, al trauma de la dictadura. Y los jóvenes, los que no lo han vivido, no muestran ningún interés por conocerlo. Además, el enfoque de los medios de comunicación sobre este pasado invita a no enfrentarse a lo que ocurrió. En este sentido, el consumismo está ayudando a la supervivencia de los atavismos de entonces. Se comercializa la memoria, se descubre algún proceso político y se habla sobre ello desde la nostalgia, o como si se tratara de muestras de un museo, y no de personajes vivos. Como si se hubiera descubierto algo sensacional. Tal fenómeno va desde la crónica rosa a la crónica negra. Es el caso de las entrevistas que le hacen a la señora Hoxha, la mujer del dictador, sobre sus historias de amor. El pasado se vende como sensacionalismo. Para mí es literatura, porque aquel período está anclado en mi memoria. Cuando vuelvo a aquella época , vuelvo a un mundo familiar, que conozco bien y en el cual sé moverme bien. En mis libros siempre hablo de los años que pasé en la cárcel del régimen, pero evito banalizarlos. Mis amigos de la cárcel son los que una y otra vez regresan a mi memoria. Aunque vivo en Barcelona, rodeado de otros idiomas, hablo con mi pasado en albanés, porque aquel pasado nunca concluirá”.

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