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El agente Javi Peña (Pedro Pascal) en 'Narcos'.

'Narcos' vuelve a Netflix ‘Narcos’ se juega su reinvención a una única carta, la del agente Peña

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El agente Peña (Pedro Pascal) se adueña de la narración y los caballeros de Cali recogen el testigo de Pablo Escobar en una temporada que arranca, como las anteriores, alternando la clave criminal, política e institucional con la acción. La serie, que se estrena este viernes en Netflix, tiene la difícil tarea de demostrar que hay vida después de Escobar.

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A Narcos le ha tocado reinventarse sobre los cimientos del mito seriéfilo creado en torno a la figura de Pablo Escobar. La serie de Chris Brancato, Eric Newman y Carlo Bernard nació con la idea de adentrarse en el mundo del narcotráfico usando al conocido capo colombiano como puerta de entrada. El reto para la tercera temporada que este viernes estrena Netflix, visto el tirón y el carisma que de su anterior protagonista criminal, era sobreponerse a la muerte del mito y mantener el interés del espectador. Lo consigue, pero sólo a intervalos.

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Narcos nunca ha sido una serie fácil de ver. Su primera temporada fue irregular en exceso. Falta de ritmo en sus primeros compases, agujeros de guion destacables y un batiburrillo de acentos que, en ocasiones, sacaban por completo de la historia fueron algunos de sus errores más destacables. Al final acabó por cuajar merced a un Wagner Moura sobresaliente en el papel de un Escobar que se convirtió en un personaje tan icónico como polémico. Sabidas son las declaraciones en contra de la ficción de Netflix del hijo del capo y de las acusaciones de idealizar a un delincuente como este.

La segunda temporada mejoró notablemente al introducir una dosis mayor de acción y relegar, casi a un segundo plano, al que era el protagonista principal en el bando de la DEA. Steve Murphy (Boyd Holbrook) siguió siendo el narrador de la historia pero su compañero de patrulla, el agente Javi Peña (Pedro Pascal), sacó a relucir su carisma dándole una vuelta a su dilema moral y gozando de un mayor protagonismo, cosa que la serie agradeció enormemente preparando el terreno para la tercera temporada que ahora llega.

Esta, tras ver los cuatro primeros episodios a los que ha dado acceso Netflix antes del estreno, intenta sobreponerse a la pérdida del mito sosteniendo el peso de la trama sobre Peña y sobre un cártel de Cali compuesto por cuatro personajes ya conocidos en los que se ahonda (sin demasiada precisión) un poco más. El final de la segunda temporada avisaba de por dónde irían los tiros en la siguiente y del ascenso de Peña. Un acierto que funciona, pero no siempre.

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El personaje interpretado por Pedro Pascal comienza dando tumbos sin tener muy claro cuál es su objetivo ahora y sabiendo que sus acciones del pasado –haberse aliado con Los Pepes para derrocar a Escobar– no es algo que su entorno olvide fácilmente. Obligado a llevar más tiempo traje y corbata que chaleco antibalas, carga con un pesado lastre a sus espaldas y se da una y otra vez contra el mismo muro: el de las instituciones políticas, empresariales y policiales que protegen al cártel de Cali.

Peña, contra el mito

De eso trata, parece, la tercera temporada de Narcos. Su principal problema es saber si Peña será suficiente para hacer olvidar al mito. La tercera temporada arranca con varios capítulos (sobre todo el primero y el segundo) que abusan del tono didáctico y la narración de una manera en ocasiones algo atropellada para situar en el mapa a los nuevos personajes. El contable, el encargado del blanqueo, el tipo que se encarga de la distribución en Nueva York, el responsable del dispositivo de seguridad del cártel… Como forma de contextualizar es práctica, pero sóflo si se usa en su justa medida.

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La serie no despega hasta el tercer episodio, cuando empieza a soltar ese lastre de explicarlo todo y comienza la acción. Alguna persecución, disparos, registros, carreras… Eso que funcionaba en la segunda temporada y hacía olvidar lo que no. El principal problema con el que se tropieza Narcos en su regreso es Escobar. Se nota su ausencia. Es cierto que Peña es mucho Peña y que se introducen nuevos personajes como el de Matías Varela (jefe de seguridad del cártel), el de Javier Cámara (el contable de la organización) y el de Miguel Ángel Silvestre (encargado del lavado de dinero) que pueden dar mucho juego –aunque las apariciones de los dos últimos son escasas de momento–.

Falta el carisma que desprendía Escobar/Moura. Su egocentrismo desmesurado, su populismo extremo, su violencia verbal, sus monumentales enfados, sus singulares expresiones lingüísticas… De eso no hay nada en la tercera temporada. La narración de Peña (Murphy ha sido borrado de un plumazo) insiste en lo peligrosos que son los caballeros de Cali, en que son mucho peores que Escobar porque tienen comprado a todo el mundo y actúan en la sombra que les proporcionan políticos y policías corruptos. Y sí, todo eso se ve.

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Tercera temporada de 'Narcos'.

Sin embargo, el colorido que tenía Escobar no lo tienen un Gilberto Rodríguez (Damián Alcázar) que actúa más como un playboy que quiere caer bien a todo el mundo, un Miguel Rodríguez (Francisco Denis) siempre a la sombra de su hermano, un Pacho Herrera (Alberto Ammann) desatado sexualmente y un Chepe Santacruz (Pêpê Rapazote) colgado del teléfono para recibir instrucciones. Ellos son los caballeros de Cali, las cuatro cabezas del cártel.

Narcos se lo juega todo en su tercera temporada a una sola carta, la del agente Peña. Y puede que esta no sea suficiente. Quizá la trama del blanqueo de dinero y la persecución del mismo que se apunta en sus primeros episodios de algo más de juego. Está por ver. Lo que no ha cambiado es la Torre de Babel que es esta serie, con sus acentos que no encajan y que ya son parte de su universo propio que en esta temporada es aún más notable dadas las escasas líneas de guion en inglés. Al final, eso es lo de menos. Lo más difícil para la serie de Netflix será demostrar que puede sobrevivir a la muerte de Escobar.

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