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Rehenes, una película basada en hechos reales y dirigida por el cineasta Rezo Gigineishvili

Unión Soviética Pan y libertad

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Rezo Gigineishvili recupera en la película Rehenes el caso de los chicos del avión, el trágico secuestro de un avión por unos jóvenes en busca de libertad, en la URSS de 1983, y se pregunta por la inocencia y la culpa, al tiempo que reabre el debate sobre la histórica trampa de pan o libertad.

Culturas

Mohammad, un adolescente sirio de diecisiete años, relata en una campaña de Save The Children cómo a muchos niños de su pueblo les encerraron en una antigua escuela después de una manifestación. "Les arrancaron las uñas. Muchos tenían solo seis años. No teníamos armas, no pudimos hacer nada".

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Si este joven conociera hoy 'el caso de los chicos del avión', probablemente, no lo entendería. Un grupo de jóvenes soviéticos de clase acomodada secuestró un avión en 1983 para huir a Turquía. Eran estudiantes, artistas… vivían en buenas casas y tenían rublos suficientes para comprar música y tabaco en el mercado negro, pero no tenían libertad y soñaban con el modelo de vida Occidental, el que hoy encierra en campos a los refugiados. El cineasta Rezo Gigineishvili juega con estas muy diferentes sensibilidades del tiempo en Rehenes, donde cuenta este episodio triste, uno de los más desconcertantes de la historia reciente del bloque comunista.

Estrenada en el Festival de Berlín, la película es inevitablemente una mirada hacia los disidentes de la última etapa de la URSS desde este siglo XXI, en el que vivimos con un número monstruoso de desplazados en el mundo –63,5 millones de personas, más de la mitad niños-, muchos de ellos expulsados de sus países por una violencia y destrucción atroces. Y desde esta distancia, el filme se pregunta si Georgia está preparada hoy para "re-visitar esta parcela de nuestro pasado que puede darnos cierta vergüenza recordar" y si han pasado suficientes años para denunciar la cruel reacción que tuvo entonces el gobierno y reparar el silencio. Al mismo tiempo, Rehenes es una reivindicación de la libertad contra la opresión.

Una libertad conocida solo de oídas

Era 1983. Unos jóvenes se bañan en las aguas del Mar Negro, mientras uno de ellos rueda en súper 8. Son felices. Al menos hasta que llega la policía y les obliga a salir. Está prohibido bañarse después de las 11. "¿Le da miedo que naden hasta Turquía?" bromea uno de ellos mientras regala tres cigarrillos americanos a uno de los agentes. Este incidente, aparentemente nimio, despertó las suspicacias de la KGB sobre los chicos, un grupo al que, sin faltarle nada, le faltaba el aire.

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Protegidos por sus padres, habían crecido casi en la ingenuidad total, pero en ellos habían calado las constantes quejas que escuchaban en sus casas sobre la situación del país. Animados por el entusiasmo, la rebeldía y los sueños de juventud, planearon escapar hacia una libertad que solo conocían de oídas.

Nika y Ana comienzan los preparativos de su boda, primer paso de su plan de fuga. Con algunos amigos, subirán a un avión destino a Batumi, en la frontera turca. En pleno vuelo, sacarán las armas que han comprado y obligarán al piloto a cambiar la ruta hasta Turquía. Los nervios se desatan, hay tiros, muertos. Una tragedia. El avión vuelve a Tiflis. Los jóvenes son juzgados y condenados a muerte. Sus familiares todavía hoy, 34 años después, no saben dónde están enterrados sus cuerpos.

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Rehenes cuenta la historia real del 'caso de los chicos del avión'

Idea distorsionada del mundo

"¿Cómo era posible que estos jóvenes, pertenecientes a la élite social soviética, y con unas vidas que muchos otros envidiaban, encontraran restricciones artificiales tan opresivas que les empujaran a cometer un crimen?" se pregunta ahora Rezo Gigineishvili. Hacía mucho que se había superado el terror stalinista y su horrenda lista de víctimas, y aunque las persecuciones, prohibiciones y condenas continuaron, la URSS estaba a solo dos años de la llegada de Gorbachov al Comité Central del Partido Comunista y al borde de vivir los cambios radicales que se iban a producir en el país. Ni ellos ni nadie sospechaban lo que vendría.

"Su incesante deseo de una vida mejor en un mundo libre, en contraposición al proyecto de vida dentro de la Unión Soviética, bajo un régimen opresivo, les empujó a hacer lo impensable", explica el cineasta, que recuerda cómo una gran amiga suya, mayor que él, soñaba con probar un 'cappuccino'. Se casó con un francés y tomó tantos cafés como quiso. "Pero el sueño, una vez cumplido, la desilusionó tanto que acabó suicidándose. Las restricciones artificiales dan a la gente una idea distorsionada del mundo".

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"Es una especie de tragedia clásica en la que nadie tiene razón y nadie es culpable" dice el director de la película, Rezo Gigineishvili

Nadie tiene razón, nadie es culpable

"Haciendo la película sentí pena por todos ellos, por los miembros de las Fuerzas Especiales que intentaron poner a salvo a los rehenes, por los tripulantes que perecieron, por los pasajeros, por los terroristas amateur que secuestraron el avión porque sentían que les faltaba la libertad" confiesa Rezo Gigineishvili. "En realidad sus acciones no se pueden justificar pero si podemos intentar comprenderlos. Es una especie de tragedia clásica en la que nadie tiene razón y nadie es culpable", continúa el director.

Hoy "cada tres segundos, una persona tiene que huir para salvar su vida", es uno de los titulares destacados en la web y los folletos de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados. Iraquíes, palestinos, libios, sirios, afganos, pero también turcos, cubanos, sudaneses… Civiles asesinados en la guerra, homosexuales perseguidos, mujeres esclavizadas, niños explotados, personas perseguidas por su ideología… En 1983, aquellos jóvenes vivían sin libertad. Tal vez no peligraban sus vidas, desde luego no carecían de nada, pero la cuestión nunca ha sido 'pan o libertad'.

"Si alguien os retira el pan, suprime al mismo tiempo vuestra libertad. Pero si alguien os arrebata vuestra libertad, tened la seguridad de que vuestro pan está amenazado, pues ya no depende de vosotros y de vuestra lucha, sino de la buena voluntad de un amo (…) Los oprimidos no sólo quieren librarse del hambre, también quiere librarse de sus amos" (Albert Camus).

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