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El escritor Diego Ameixeiras. / PAULA GÓMEZ DEL VALLE

Diego Ameixeiras La gran esperanza blanca de la novela negra

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El escritor ourensano Diego Ameixeiras, referente del género en Galicia, publica la traducción al español de ‘Conduce rápido’

Culturas

Samuel y Érika son dos perdedores que trampean en Santiago de Compostela, donde nunca pasa nada. Pero bajo el manto de turistas, y de curas, y de políticos rumia un submundo donde sí pasan cosas: hay un narco gay con un novio depresivo; un matón que arranca las uñas a un frutero para que pague su deuda; un capo que lo tiene todo, hasta que pierde algo… También hay timbas ilegales y un chico de los recados que ya no es tan chico y se enamora de Érika, quien da tirones en las sombras de la catedral mientras su hermano Samuel se acuesta con alguna ricachona para tratar de salir de una vida miserable.

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Éste es el escenario donde transcurre Conduce rápido, una urbe donde no pasaba nada hasta que alguien robó el Códice Calixtino, la corporación municipal terminó en el banquillo y el cuerpo sin vida de la niña Asunta apareció en una pista a las afueras de la capital gallega. Diego Ameixeiras (Lausana, 1976) introduce en esa realidad circunstancialmente atípica, de ciudad de provincias sobresaltada, otros temores e inquietudes que turban lo cotidiano; muestra la cara B de una Compostela mafiosa, humeante y lumpen, donde el brillo de los metales ciega el sueño de los biempensantes.


No es el primer autor de novela negra que hace de Santiago la capital de su obra. En 1984, Carlos Reigosa inauguró el Premio Xerais, convirtiéndose en el pionero del género en lengua gallega, con Crime en Compostela. Desde entonces, el noir galaico ha sufrido un viraje producto de tres décadas de evolución en las que ha mamado de Europa y Estados Unidos. “La novela negra se modernizó, se actualizó, observó otros modelos y vehiculó un componente tan necesario hoy en día: mirar hacia nuestro presente. Actualmente, son obras de inequívoca intervención social”, explica el ensayista y crítico Ramón Nicolás, autor del blog Caderno da crítica, donde recoge sus reseñas publicadas en La Voz de Galicia.


Ameixeiras debutó en Xerais con Baixo mínimos (2004) y se llevó el galardón que concede la editorial viguesa con Tres segundos de memoria (2006), en la que traiciona el género por la crónica generacional, aunque pronto volvería a la carga con Dime algo sucio (2009), que le valió el premio especial del director de la Semana Negra de Gijón. “Es quien mejor y más profundo conocimiento tiene de la novela negra extranjera”, abunda Nicolás. “Quizás ni se dé cuenta, pero ha agilizado la tradición foránea aplicándola a Galicia con mucho éxito”. También homenajeó a Vázquez Montalbán —y, de paso, agitó el avispero nacionalista— al asesinar a un diputado del BNG en Asasinato no Consello Nacional (2010).

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El escritor ourensano, hijo de la emigración a Suiza, parodió en sus inicios la novela pulp y esculpió un detective crápula a imagen del Philip Marlowe de Raymond Chandler. También bebió de Dashiell Hammett, a quien le tradujo al gallego su Colleita vermella (Hugin e Munin). Entonces, la acción transcurría en Oregón, trasunto de Ourense, cuna de la banda de pop exquisito Cosecha Roja, que debe su nombre a la novela de Hammett. Tras su extinción a comienzos de siglo, el grupo continúa adelante como Burgas Beat, pero ése es otro cantar. Ameixeiras, fan declarado de la banda de Carlos Rego, hiperbolizó la novela clásica para sacudirse los clichés y, con el tiempo, abrazar un verbo más contenido, casi pelado. “Todos los escritores buscan fijar su voz, así como una forma de contar más útil y eficiente”, afirma.


“Mis primeros libros eran más paródicos, pues buscaba liberarme de los tópicos que había leído en las novelas norteamericanas. Tras esa liberación, apareció una manera propia de narrar: la más directa y clara posible”. El autor de Conduce rápido, que acaba de ser traducida al castellano por Akal, trató entonces de perfilar a los personajes con un par de brochazos y pisó el acelerador para que las historias circulasen a la mayor velocidad posible. Como si enredar al lector, haciéndole pasar páginas y páginas hasta llegar a la acción, fuese una falta de respeto por la pérdida de tiempo causada.

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“Entiendo que haya tramas que necesiten ser contadas de otra forma, pero el género pide, por su posicionamiento ético, que se vaya al grano. Aunque, ojo, ese consumo rápido no significa que sea una lectura banal”, insiste el también guionista de cine, televisión y teatro. El refinamiento de la narrativa —o, si se prefiere, su depuración— nos guía hasta Conduce rápido. “Su estilo es ágil y directo, de absoluta economía expresiva”, describe el crítico, ensayista y autor del blog CriticaliaArmando Requeixo, quien destaca la “dosificación de la información para crear estructuras transparentes en las que las vidas de sus personajes van encajando en tramas cruzadas que teselan la realidad que los circunda, en la que abundan las historias de delincuentes y las atmósferas opresivas y violentas”.


La principal está protagonizada por dos hermanos escupidos por el sistema al barranco de la marginalidad, Samuel y Érika, quienes se encuentran en una playa con un fardo de cocaína. El temporal ha abortado un desembarco de droga en la costa gallega y las olas les sirven en bandeja la posibilidad de una nueva vida. Todo gracias a un golpe de mar, que no de suerte.

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Un clásico de la novela negra gallega: el narcotráfico. Aunque en esta ocasión, más que de peligrosos capos, habla de incautos trapicheos.

Cuando ideaba la trama de la novela, surgió la posibilidad de que todo girase en torno a un paquete de farlopa que aparece en la costa. No me apetecía introducirme en mundos trillados, sino en una frontera donde la marginalidad y el delito son muy difusos. La lucha por seguir adelante obliga a sus protagonistas a cometer delitos. Pero, en el fondo, son chavales de barrio que, ante una opción que les brinda la vida —o sea, sacar pasta—, deciden tirar hacia delante. La premisa me sirvió para explicar que, cuando la gente intenta sobrevivir, el instinto te impulsa a agarrarte a lo que sea, aun de forma equivocada.


¿Hay un Santiago oculto más allá de la Xunta, la Universidad y la Iglesia?

Santiago tiene una cara muy visible: la turística y la política, pues es el destino del Camino y la capital de Galicia. Ahora bien, todas las ciudades tienen una cara oculta apetecible para un escritor de novela negra. Esa cara oculta tiene que ver con el delito y con una serie de personajes que actúan al margen de lo legalmente establecido. Pese a que Compostela ofrece una fachada muy amable, sobre todo a los que vienen de fuera, yo me permití hurgar en su lado oculto. Y lo hice a partir de noticias publicadas en los medios, aunque ficcionadas y llevadas al extremo para sacarles un provecho dramático. No estamos acostumbrados a que nos cuenten esa otra realidad que se esconde detrás del turismo, de la religión y de la política, pero existe.


¿Intenta contar Galicia desde sus novelas negras? ¿Podría entenderse Galicia con su lectura?

No tengo un plan premeditado. No quiero ser el fotógrafo de mi tierra, pero al usar material contemporáneo se te van colando en las tramas muchos aspectos de la Galicia de nuestros días. No rehúyo hablar del presente, es decir, de lo que tengo delante de mis ojos. Por eso hay personajes e historias muy reconocibles. Sin embargo, no están escritas por alguien que quiera dar una visión edulcorada o utópica del país. Es mi visión, aunque como mi vocación de escribir tiene que ver con ese presente y con esa realidad, al final es inevitable que vaya sacando fotos.


¿Qué le falta contar a los novelistas, en clave negra, de Galicia?

Mucho. De hecho, creo que la mayoría de las historias está por contar. Por ejemplo, la relación entre la política y el narcotráfico. O el apocalipsis dosificado que sufrimos cada verano con los incendios forestales, que asuelan nuestra tierra. La relación de los gallegos con el medio rural es muy destructiva. Actualmente, estamos asistiendo a la extinción de una parte del territorio, concretamente el interior de Lugo y Ourense.

Diego Ameixeiras. / ÓSCAR CORRAL - SELIC


Ameixeiras escribe despojado de adjetivos superfluos y descripciones copiosas para que el ojo del lector se centre en la trama, aunque aplica el berbiquí en el cráneo de los personajes para ahondar en su psicología en apenas un par de vueltas. Si bien sienta en el banquillo a la sociedad de su época —quizás habría que decir al sistema—, no criminaliza a dos desgraciados que se ganan la vida dándole el palo a turistas, pues entre la planta baja de la clase media y el sótano apenas median unas escaleras que la crisis económica se ha empeñado en llevarse por delante.


“Escribe como si fueran disparos. Obvia lo secundario y pone al servicio de las ideas que quiere desenvolver un lenguaje rápido, conciso y punzante”. La descripción es del crítico Ramón Nicolás, quien destaca su economía de medios para “reflejar tanto nuestra idiosincrasia como lo que nos ocurre, desde las preferentes hasta el narcotráfico, pasando por la corrupción urbanística”. Precisamente, deja que los estafados por la banca se tomen la justicia por su mano en Matarte lentamente, publicada originalmente en gallego por Xerais —al igual que el resto de su obra— y traducida al castellano por Akal en 2015, un salto que ya se había producido cuatro años antes, cuando Pulp Books tradujo Dime algo sucio no sólo al español, sino también al alemán, al italiano y al catalán.


Aníbal Malvar, que escribió la novela negra del fraguismo y hoy comparte editorial con Ameixeiras, considera que su colega supone un punto y aparte en la novela negra en lengua gallega. “Es muy distinto a toda la literatura que hacíamos los demás. Él ha introducido una experimentación muy consciente sobre ciertos límites del género. Por ejemplo, trabaja la empatía de los personajes de forma distinta a otros autores e impone una distancia muy grande. Digamos que es una empatía antipática, porque no quiere ser un escritor amable con el lector”. Tampoco juzga a los protagonistas: simplemente, los presenta.


El autor de La balada de los miserables también subraya la modernización emprendida por el novelista ourensano, “influida por los autores franceses de polar”, y su constancia desde que se estrenó en 2004 de la mano del detective Horacio Dopico. En este trecho, le ha dado tiempo a escribir diez novelas y a sacarse de la manga a otro detective, Alberte Cudeiro, menos dado a los excesos, de confesión budista y con un pasado okupa y antiglobalizador. “Escribe mucho y no le importa equivocarse, pero cada ciertos libros llega adonde quería llegar. Da gusto estudiar cómo avanza, destripar su estrategia y su disciplina. Busca un lenguaje y, cuando lo encuentra, cambia y da un giro a su narrativa”, concluye Malvar, quien considera Conduce rápido “un libro punta en su carrera y el fin de un ciclo”.


Ameixeiras avanza que tiene entre manos una nueva novela, aunque se lo está tomando con calma. Cuando recibió el Premio Xerais en 2006 y le atizaron los flashes, necesitó tomarse tres años sin publicar para resituarse. Quería escribir, mas no ser escritor. Pasará el mismo tiempo entre su último libro —A noite enriba, un ejercicio metaliterario en el que homenajea al olvidado David Goodis— y el próximo. “Mantendré un pie en el género negro, pero intentando buscar un estilo diferente respecto a las novelas anteriores”, confiesa. “Ser un poco más lírico y poético”. Ya lo decía Malvar...


Nicolás también va más allá al catalogarlo como “una de las voces más interesantes” no sólo de la novela negra, sino también de la narrativa gallega. “Sobresale por su visión crítica de la realidad en la que vivimos, que sabe retratar con transparencia”. El propio Ameixeiras no entiende el género de otra manera. “Cualquiera que haga una descripción de lo que pasa en las calles lo hace desde un punto de vista crítico. No puede ser neutral, todos tomamos partido. Porque la novela negra trata de mostrar al lector que la sociedad esconde bajo la alfombra una gran polvareda de corrupción”.

Diego Ameixeiras. / ÓSCAR CORRAL - SELIC

La evolución de la novela negra, por Armando Requeixo


"La novela negra en gallego, desde Crime en Compostela hasta hoy, ha cambiado mucho, como no podía ser de otra manera más de tres décadas después de la publicación del libro de Reigosa.


Han cambiado los emisores (hay muchos más autores que practican el género, tienen una formación diferente, lecturas distintas...); han cambiado los receptores (el público que demanda este tipo de obras en gallego es mayor y más versado en la materia); mudaron los mensajes (son más elaborados; han hecho más complejos los escenarios, los tiempos, los móviles narrativos, el diseño de personajes; mestizaron la novela negra con otras fórmulas narrativas e incluso parateatrales, de prosa lírica o periodísticas); mudó el código (los registros empleados son mayores en número y más plurales, desde los tecnolectos —policiales, médicos, jurídicos— hasta el argot caliente, la germanía, etcétera); mudó el canal (la edición convencional en papel alterna con la oferta digital en e-pub y otros formatos); y mudó el contexto (la Galicia de la segunda década del XXI es una sociedad mucho más urbana y tercerizada que la de 1986, con toda la reordenación social que eso supone y que se refleja en los textos).


De todos estos cambios participa la novelística de Ameixeiras: como un emisor de su tiempo que cultiva el género adaptándolo a los contextos en los que se produce; contando con unos receptores fidelizados que siguen sus historias intertextualizadas (por ejemplo, en el recurso compartido de un detective común, Horacio Dopico); con unos mensajes que procuran espejar la Galicia (y el mundo) actual y sus problemáticas; con un código sensible a la variabilidad de lenguajes que, por profesión, clase social o edad, conviven en nuestro espacio; con un uso versátil de los diversos canales de difusión de su escritura (tanto en libro y prensa en papel como en internet y formatos para lectura en e-reader); y con una obra atenta a los contextos del día a día y la sociedade de los que se nutre".

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