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Zaragoza fue, junto con Pamplona, una de las ciudades en las que más visible fue la represión del movimiento insumiso entre 1989 y 2002.

Documental "Desobedientes. La insumisión presa” "Había trece puertas desde mi celda hasta la calle, y era imposible pasarlas"

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El documental “Desobedientes. La insumisión presa” recupera la memoria del movimiento insumiso, perseguido durante casi dos décadas por su lucha antimilitarista y cuya resistencia fue clave en la supresión del servicio militar obligatorio.

Culturas

“Es una lucha que ha quedado un poco en el olvido. Muchos jóvenes no saben que tenías que entregar un año al ejército”, recuerda Javier Estella, coordinador del documental Desobedientes. La insumisión presa, que se estrena este sábado en la plaza de la Memoria del barrio zaragozano de Torrero.

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Decenas de antimilitaristas fueron encarcelados en las dos últimas décadas del siglo pasado en la prisión que se levantaba sobre esa plaza, cuyo edificio de oficinas es desde el otoño de 2010 el Centro Social Okupado Kike Mur, denominado así en recuerdo al joven insumiso fallecido en el centro abierto del penal la madrugada del 2 de septiembre de 1997 y a cuyo recuerdo rinde también homenaje la convocatoria.

“Las trece puertas que una vez conté que había desde mi celda hasta la calle te pesaban especialmente. Era imposible pasar por trece puertas”, recuerda uno de aquellos insumisos en el documental. “Sufrimos para vencer el sufrimiento, decía una canción. Pues un poco de eso se trataba”, anota otro.

Zaragoza fue, junto con Pamplona, una de las ciudades españolas en las que más visible fue la represión de la insumisión, un movimiento de rechazo al servicio militar obligatorio que generó en España unas 50.000 condenas y el encarcelamiento de más de 1.600 jóvenes entre 1989 y 2002. “Recuerdo asambleas en el patio de la cárcel en las que participábamos más de veinte personas”, apunta Chabier Nogueras, insumiso preso en su día, como Estella, y miembro del colectivo antimilitarista Mambrú y de la librería La Pantera Rossa, entidades que, junto con la Campaña de Objeción Fiscal, han colaborado en la conclusión de este trabajo iniciado hace ocho años.

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Recuperar la memoria

El documental, de 110 minutos y que será completado con un libro que incluirá un análisis sociológico de aquella lucha, recoge entrevistas a insumisos, a miembros de los grupos de apoyo y a activistas de otros colectivos, como los abogados de Asapa, la Asociación de Seguimiento y Apoyo a los Presos de Aragón, entre los que se encontraba el actual alcalde de la capital aragonesa, Pedro Santisteve.

La implicación de colectivos como Mambrú y de entidades como La Pantera Rossa ha permitido finalizar ocho años después el rodaje del documental.

“La idea era recuperar la memoria de la insumisión presa en Aragón y homenajear a todos los que participaron en aquel movimiento, desde las cárceles y desde otros lugares. Es un patrimonio que puede resultar muy útil a los nuevos movimientos sociales”, explica Nogueras.

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“Nuestro objetivo principal es eliminar las causas de la injusticia y fomentar una cultura de la paz”

La represión penal de la insumisión antimilitarista (casi 300 testigos de Jehová fueron encarcelados en la segunda mitad del franquismo, y después amnistiados, por negarse a empuñar armas por motivos religiosos) comenzó en 1989, en lo que fue un síntoma de la fallida regulación de la objeción de conciencia de 1984, y se mantuvo hasta que, entrado 2002, casi un año después de que el Gobierno de José María Aznar aboliera el servicio militar obligatorio, el Congreso la despenalizó.

Entre esas dos fechas se habían sucedido una serie de movimientos tácticos de los ejecutivos de Felipe González para tratar de invisibilizar el movimiento insumiso con el objetivo de evitar el desgaste que les provocaba. No obstante, medidas como la reducción de las penas de prisión iban acompañadas de otras como la llamada “pena de muerte civil”, impulsada por Juan Alberto Belloch desde el Ministerio de Justicia e Interior y que prácticamente impedía que un insumiso pudiera acceder a cualquier tipo de fondo público.

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La tradición pacifista y antimilitarista de Zaragoza

“Era como una partida de ajedrez, en la que el Gobierno tomaba decisiones para invisibilizarnos y los insumisos le daban la vuelta”, explica Estella, que recuerda el avance del pacifismo y el antimilitarismo en aquella época. “Estaba claro que el ejército iba a ser profesionalizado, y eso tenía que hacerlo un partido de derechas porque uno de izquierdas no iba a meter mano ahí”, recuerda.

“El movimiento insumiso fue clave en esa decisión, les habíamos hecho mucho daño al lograr que la gente llegara a plantearse cosas como el gasto militar”, añade, mientras recuerda cómo el Ministerio de Defensa tuvo serios problemas para cubrir los primeros llamamientos de voluntarios.

¿Desde qué raíces creció el movimiento insumiso en Zaragoza? Estella y Nogueras coinciden en destacar la potencia de los sectores pacifistas y antimilitaristas locales.

Los restos de la antigua cárcel de Torrero acogen hoy el Centro Social Okupado Kike Mur, bautizado así en recuerdo del insumiso fallecido en prisión el 2 de septiembre de 1997.

“Ha sido un lugar clave”, señalan, con una tradición en la que confluyen la oposición a la base aérea estadounidense, a las maniobras aéreas en el cercano polígono tiro de Bardenas, en plena reserva de la biosfera, y a la actividad del ejército en el campo de maniobras de San Gregorio, donde los ejercicios castrenses siguen provocando incendios forestales. “Veníamos de una tradición muy potente en la que destacaba la lucha contra la base aérea, que aunaba el sentimiento antiimperialista y el antimilitarista”, añade Estella.

De hecho, el Colectivo por la Paz y el Desarme de la capital aragonesa resultó, a principios de los años 80, clave para fraguar el movimiento estatal que impulsó la campaña de rechazo a la presencia española en la Otan. “Aquí ha habido una sensibilidad para agrupar gente que ha funcionado. Hacíamos el esfuerzo de aglutinar, y eso era algo modélico”, anota Nogueras, para quien “el antimilitarismo sigue siendo imprescindible hoy”.

“Eran cárceles medievales”

El documental será proyectado este sábado en la plaza sobre la que se levantaba la cárcel zaragozana de Torrero.

Otro colectivo, como Mambrú, fundado en los años 80 por los insumisos, sigue trabajando, entre otras líneas, en el apoyo a los refugiados de la guerra de Siria y en las campañas de sensibilización contra el belicismo. “Nuestro objetivo principal es eliminar las causas de la injusticia y fomentar una cultura de la paz”, apunta. “Se trata de conectar aquella experiencia con el presente, con la vigencia del antimilitarismo y con la utilidad de la desobediencia civil”, añade.

Sin embargo, la lucha de los insumisos no se limitó al plano pacifista y antimilitarista. La llegada las prisiones de jóvenes ajenos al mundo de la delincuencia común, fuertemente conectado con el consumo de heroína en aquellos años, ayudó a difundir esa realidad y llamar la atención sobre ella.

“Eran cárceles medievales, en las que el 30% de los internos tenía sida y en la que circulaba la heroína y se compartían las jeringuillas. Se sabía lo que ocurría pero nadie hacía nada”, recuerda Estella.

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