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Imagen de Ada Lovelace.- FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Ada Lovelace, la mujer que se inventó la informática

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La Fundación Telefónica dedica una muestra a la vida de la hija de Lord Byron, precursora de la programación.

Culturas

Solían decir de ella sus contemporáneos que era “demasiado matemática”. Ada Lovelace (Londres, 1815-1852) tuvo fama de analítica pero lo cierto es que la mente de la que es considerada como la primera programadora de la historia se nutrió toda su vida de poesía. Hija legítima del poeta lord Byron, su madre Annabella puso pies en polvorosa y abandonó al bardo tras sus reiteradas infidelidades. El desengaño era tal que quiso desterrar la poesía de su vida. Fue así como ideó un plan de estudio para la joven Ada en la que además de historia o música, aprendiera ciencias y matemáticas.

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Los esfuerzos de su madre por reprimir su sentido de la poesía fueron en vano. Su extraordinario talento posibilitó que predijera el impacto de una innovación tecnológica que ni siquiera había sido construida. En una carta a su madre, Lovelace escribe: “No me concediste la poesía filosófica. ¡Invierte el orden! ¿Me concedes la filosofía poética, la ciencia poética?” Lady Ada Lovelace supo ver en una máquina de calcular la futura era de la computación.

No tardó en dejar atrás a su madre y a sus primeros profesores en conocimientos matemáticos. Junto a la ilustre Mary Somerville, prestigiosa científica de la época con la que mantuvo una fecunda correspondencia, quizá la persona que más influiría en Ada fue el acaudalado inventor Charles Babbage, con quien mantuvo una intensa amistad y colaboración a lo largo de su vida. Según revelan algunas cartas de aquella época, algo cambió cuando en una de las míticas cenas que organizaba Babbage —con comensales ilustres de la talla de Darwin, Faraday o Dickens— este mostró su invención más reciente: la Máquina de las Diferencias.
Aquel artilugio turbó a Ada y de forma instantánea sintió un notable interés por él.

Fue el preludio de la Máquina Analítica, un invento ideado para realizar cualquier cálculo matemático. Ella se encargaría de traducir al inglés el único documento acerca de este invento, que bautizaría como Esquema de la Máquina Analítica. Sobra decir que fue más allá de una mera relación de instrucciones sobre el artefacto, expuso el algoritmo que evidenciaba cómo podía utilizarse la máquina para computar una secuencia de números complejos. Y así fue como Ada Lovelace sentó las bases de la programación.

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Un cerebro privilegiado

Un cerebro únicoAda Lovelace tuvo una salud delicada. De pequeña sugrió una extraña parálisis que fue achacada a “los nervios”. Su actividad investigadora fue una permanente fuente de preocupación entre sus allegados debido a la creencia de la época de que la constitución femenina era demasiado débil para soportar tanta “tensión mental” a la que Ada se sometía con sus estudios matemáticos. Según su profesor, Augustus De Morgan, necesitaría de “toda la fuerza de la constitución de un hombre para sobrellevar la fatiga de pensamiento que sin duda acabaría padeciendo”.

Sin embargo, no fue el esfuerzo intelectual lo que finalmente acabó con su vida. Tratada con opiáceos y sangrías para calmar esos “nervios” que la enfermaban, finalmente murió a causa de un cáncer de útero que sufrió durante dos años. La famosa enfermera británica Florence Nightingale escribió sobre su enfermedad: “Decían que nadie podía haber vivido tanto tiempo si no fuera por la tremenda vitalidad de su cerebro, que parecía nunca iba a fallecer”. Murió a los 36 años, a la misma edad que su padre. Cumpliendo su último deseo fue enterrada junto al padre que nunca conoció.

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