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Cristina de Middel, buscándole las vueltas a la fotografía.

Premio Nacional de Fotografía Cristina de Middel, una mirada excéntrica para un tiempo convulso

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La joven alicantina acaba de recibir el Premio Nacional de Fotografía. Su obra reflexiona sobre esa fina línea que separa la realidad de la ficción en la imagen, un documento "portador de verdad" al que se aproxima desde lo lúdico y lo irónico.

Culturas

Hay llamadas que te cambian la vida. La de Cristina de Middel se produjo hace apenas unos días mientras conducía por Copacabana ultimando los preparativos de su boda en Río. Sonó su teléfono y el manos libres dejó escapar una escueta presentación: “Soy Luis, del Ministerio”. Un breve silencio dio paso al motivo de la llamada. “La voz se disculpó en nombre del ministro de Cultura —explica con sorna De Middel—, él no podía llamarme porque justo ese día se proclamaba la independencia de Catalunya y al parecer estaba un poco ocupado”.

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“Es cuando menos irónico que te den el Premio Nacional de Fotografía el día en que esa nación se está cuestionando gravemente”, incide la galardonada. Lo es, sin duda. Como también lo es el acercamiento de esta fotógrafa a la realidad. Un modo de entender su arte que trata de llamar la atención sobre esa fina línea que separa la realidad de la ficción. “La imagen es una herramienta portadora de verdad, lo que sucede es que la manipulación y la propaganda han ido difuminando dicha verdad, para mí es muy necesario evidenciar eso y que la gente sea consciente de lo que está pasando por su retina”.

Quizá el mejor ejemplo de esa búsqueda artística es su primer fotolibro publicado —Afronautas—, experimento con el que analizaba el trinomio fotografía-realidad-verdad, además del papel de los medios en su consecución. El artefacto fue un éxito y De Middel no tuvo tiempo de arrepentirse de haber dejado atrás un empleo fijo como fotógrafa en un diario local. “Probé suerte, me lancé a la piscina y salió bien”. El atrevimiento recreaba desde la ficción la carrera espacial africana; el sueño del profesor Edward Makuka Nkoloso de enviar a diez personas y un gato al espacio. Un fotolibro en el que criticaba la estigmatización de África por parte de los medios y, de paso, le situaba en el mapa de la vanguardia fotográfica mundial.

“Si tuviera que hacer otro Afronautas no me lo pensaría”, confiesa la autora. Si bien De Middel no ha dejado de buscar nuevas vías expresivas, simultaneando procesos creativos fiel a su formación como fotoperiodista. “Aprendí del trabajo en una redacción a hacer muchas cosas a la vez; a primera hora un retrato, luego te enviaban a un incendio y por la tarde a la presentación de la Bellea del Foc”. Un ritmo frenético que terminó por aburrirle: “La información no deja de ser algo cíclico, creo que terminó saciando mi curiosidad y me incapacitaba para experimentar, necesitaba contar las cosas de otra manera”.

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A su debut —e imprevista consagración— le siguieron otros títulos como Man Jayen, proyecto en el que fabula sobre la aventura de unos exploradores que intentaron en 1911 descubrir una isla en el Ártico. De nuevo la mirada satírica y lúdica de De Middel poniendo a prueba los límites entre realidad y ficción. De nuevo una hazaña delirante como coartada para indagar en la verdad de las imágenes y en cómo se puede llegar a manipular dicha verdad. “Me interesa despertar una visión crítica de la realidad, mostrar los peligros y el potencial que tiene trabajar con algo tan valioso como es la imagen”.

Una renovación del lenguaje fotográfico que le ha valido convertirse en la quinta mujer que logra alzarse con el Premio Nacional de Fotografía desde que empezara a otorgarse en 1994, ahí es nada. Se une a nombres como los de Cristina García Rodero (1996), Ouka Leele (2005), María Bleda (2008) e Isabel Muñoz (2016). Lo hace innovando e ironizando, pero también con la capacidad de combinar —tal y como reza el comunicado del jurado—  "sus trabajos documentales con otros personales donde cuestiona el lenguaje y la veracidad de la fotografía como documento, y juega con reconstrucciones o arquetipos que difuminan la frontera entre la realidad y la ficción".

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