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'Saura(s)'.

Carlos Saura: "Me pone enfermo cuando la gente habla a tumba abierta de sus sentimientos"

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Félix Viscarret intenta en vano ‘sonsacar’ una confesión sentimental y familiar a Carlos Saura, pero con su tenaz empeño y ante la diversión del cineasta aragonés consigue reabrir el debate de la legítima o no exposición pública personal de los artistas

Culturas

Es el más grande cineasta vivo español y uno de los mejores del mundo. Autor de más de 40 películas, entre ellas unas cuantas obras maestras. A punto de cumplir 86 años, sigue mirando el futuro y preparando nuevos proyectos. Aragonés y “con una parte vasca” defiende con uñas y dientes su intimidad, no porque se crea el único dueño de ella –seguramente, lo es-, sino porque le ‘abochorna’ hablar y oír hablar de sentimientos. Y eso, al fin y al cabo, “ya está en mi cine”.

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Félix Viscarret, en su deseo de ofrecer una nueva mirada hacia el cineasta, ha intentado en la película documental Saura(s) sonsacar una especie de confesión sentimental con la complicidad de los siete hijos del artista. El empeño ha sido completamente inútil. Pero en su tenacidad por conseguirlo ha logrado reabrir el debate sobre si es o no legítimo indagar en ese territorio íntimo de los creadores. ¿No es, a fin de cuentas, la obra el acto máximo de impudicia de un autor? Presentada en el Festival de Cine de San Sebastián, en Zabaltegi-Tabakalera, la película presenta, en palabras del director, “al ser humano más antinostálgico y antisentimental que me podía imaginar”. 

Ha sido usted muy resistente ante las preguntas de Félix Viscarret.

Pero, acaso, ¿no es verdad que las preguntas sin contestar son preguntas ya respondidas? 

¿Por qué rechaza de esta manera hablar de sus sentimientos?

Me pone enfermo cuando la gente habla a tumba abierta de sus sentimientos. Además, no me lo creo. Lo que yo he hecho siempre ha sido modificar eso a través de la imaginación, soy cineasta. Todo el mundo tiene una vida que no cuenta. 

Ese rechazo ¿de dónde le viene? ¿es pudor, humildad?

Yo creo que me viene de Aragón y de mi parte vasca. De ahí viene el respeto a la intimidad. Se cuenta lo que se debe y no más.  

¿Nunca ha tenido de necesidad de contar sus sentimientos fuera del cine?

El psicoanálisis es para la gente que lo necesite. ¿Confesión? ¿Por qué? ¿Por qué tengo que confesar yo nada sobre mí? A no ser que necesites contar para liberarte, como dices. Yo no lo necesito. 

¿O es que ya lo hace en el cine?

Claro, lo hago con imaginación en el cine. El cine en este mundo sigue siendo el mismo en ese terreno. Pero hoy en la televisión hay muchos programas que hablan de la intimidad que a mí me abochornan. 

Sus hijos dicen más que usted. Le quieren, pero están de acuerdo en que ha sido un padre demasiado ausente…

Yo a los niños solo los quiero creciditos y en el cine. Cuando son bebés, como padre, los coges y no sabes qué hacer con ellos. Una madre sí lo sabe. Es algo que pertenece a la feminidad. Un día estuve a punto de sentarme encima de un hijo mío y caso lo mato. Los hombres no tenemos nada parecido a ese sentido de la maternidad. Luego, los niños crecen y empiezas a jugar con ellos y ya es otra cosa. 

Tiene seis hijos y una hija, ¿con ella es distinto?

Es que los chicos tienen una violencia innata, ves desde muy pronto al animal que hay en ellos. 

Pero…

¿No es una idea preciosa para esta película que todo sea mentira? 

Película documental 'Saura(s)'.

¿Hasta dónde se niega usted a mirar al pasado?

Puedo decirte que he hecho más de 40 películas, las olvido. Trato de no verlas, de hecho, no tengo ningún interés en volver a verlas. No tengo tiempo para recordar. 

Y ¿el futuro? ¿qué prepara?

Un musical en México, El rey de todo el mundo, que es argumental, al estilo de Tango. Además, tengo ya el nuevo guion para Picasso, para hacerlo con Antonio Banderas. Era absurdo hacer esta película en inglés, así que cambiamos el guion. Es la historia de cómo le encargaron hacer el Guernica, una obra para el gobierno republicano. Y se puso a dibujar y a pintar como un loco. 

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Ha hecho películas sobre Goya, Buñuel, ahora Picasso. ¿Cronista de los genios españoles?

Hay personajes españoles que me interesan muchísimo, como Felipe II, pero nadie quiere hacer esa película. Estos trabajos son una especie de ensayos personales. Me hubiera gustado hacer una película sobre Buñuel en vida de él. Hizo de verdugo en una película mía donde mataba a siete bandoleros, aunque la censura lo cortó y dejó solo a uno. Le conocí muy bien a partir de los sesenta. 

Félix Viscarret ha seguido sonriente la conversación con Carlos Saura, divertido y satisfecho al corroborar sus propias conclusiones. “El pudor y la humildad de Carlos Saura le obliga a decir que no es él el personaje de la película”, dice y subraya: “No tengo la sensación de haber dejado sin llamar a ninguna puerta, pero ahora me doy cuenta de que algunas preguntas que él deja sin respuesta adquieren cierto magnetismo”. 

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Así que, finalmente, ha conseguido uno de sus propósitos. No ha sacado ni una palabra al maestro de sus sentimientos, pero ha firmado una película diferente. “Nada se queda en blanco o negro y no hay una respuesta única al enigma. Al final hay un equilibrio entre el trabajo, la mirada hacia delante y la paternidad. Con cada ser humano se llega a una conclusión diferente”. 

“La película, además, transmite también la sensación de unidad familiar, de paternidad. De hecho, uno de los temas clave de la película es cómo compaginamos nuestras vocaciones y nuestras familias”, explica Viscarret, que después de meses preguntando, insistiendo, casi suplicando a Carlos Saura, está feliz y complacido: “Ahora tengo la sensación de que fue un rodaje facilísimo”.

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