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Eric Jiménez, batería de Los Planetas y de Lagartija Nick, se estrena como literato con la autobiografía 'Cuatro millones de golpes'.- EFE

Eric Jiménez "España está llena de músicos de izquierda que luego votan a la derecha"

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"El indie es una expresión de románticos o un deporte de niños pijos". Eric Jiménez, batería de bandas ilustres como Lagartija Nick o Los Planetas, publica 'Cuatro millones de golpes', unas memorias en las que no deja títere con cabeza.

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"Con seis años mi padre me encañonó con una pistola. Con diez ingresé en Falange porque quería tocar el tambor. Mis mayores influencias musicales han sido la Semana Santa y mi primera hostia, la que me dieron al nacer, quizá la más artística y la menos dolorosa. Me casé con dieciséis. Más tarde empecé a consumir drogas para evadirme. Debería haber muerto antes de los treinta".

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Drogas, enfermedades y problemas familiares protagonizan Cuatro millones de golpes, unas memorias en las que Eric Jiménez, mítico batería de bandas como Lagartija Nick y Los Planetas, repasa una vida de sinsabores en las que la música ha sido su particular tabla de salvación. "Si mi vida ha servido para emocionar en plan dramático y también en plan divertido, algo habré conseguido", zanja este superviviente del rock.

¿Mejor hablar uno mismo que de un disco?

Como es la historia de mi vida me la sé al dedillo. Es más divertido hablar de lo que me ha sucedido que promocionar discos y giras, sin duda.

¿Hasta qué punto es terapéutico escribir lo vivido?

Yo tengo una idea de lo que ha sido mi vida pero necesitaba plasmarla en un papel para hacer una reflexión ordenada, algo que en el día a día me resulta imposible. En ese sentido, este ejercicio es como estar en las puertas del cielo —o del infierno— y que te pasen todas las imágenes de lo que te ha ido sucediendo. Creo que es útil empalabrar...

¿Te ha ayudado quizá a relativizar?

O a verme de otro modo. Yo siempre exagero la pegada de la batería en los estudios de grabación porque luego se queda en menos. Algo que también les sucede a los actores de cine mudo, que exageran el gesto porque luego se queda en mucho menos... Escribir todo esto me ha servido para poner un poco de orden en todo el caos que ha sido mi vida, quedarme con la esencia.

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¿Te has tenido que censurar mucho?

Me he censurado a la hora de hablar de enemigos o de gente que ha intentado joder la vida. Quería que fuera un libro honesto y carente de rencor. Tampoco he querido hablar de sexo, me parece que es algo que se tiene que quedar en los sitios en los que se hace. Sí que he hablado de aquellas personas que me han jodido a nivel emocional, como es el caso de mi padre. Entendí que era fundamental saber qué pasa en mi infancia para entender muchos comportamientos míos posteriores. 

No estamos entonces ante un ajuste de cuentas...

No, para nada. Quería abrirme, contar lo que me ha ido jodiendo a lo largo de mi vida. Evidentemente como no tengo 115 años, todavía es pronto para publicar la autobiografía definitiva y poder cagarme en la puta madre de muchísima gente... No lo descarto, máxime siendo de Granada y contando con la malafollá que nos caracteriza, algo que con el paso del tiempo te convierte en un gran hijo de puta.

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De modo que esto es solo el principio...

Sí, por el momento estoy en mi faceta malafollá, pero no alcanzo a ser un profesional de la hijoputez, para entonces espero tenerlo todo anotado y en mi último suspiro enviarlo y mandar al carajo a todo el mundo.

¿Cuál es el germen de 'Cuatro millones de golpes'?

Durante toda mi vida he sido el centro de atención contando anécdotas de mi infancia... Yo era algo que veía como normal, pero cuando observaba sus caras mientras les confesaba según qué vivencias me fui dando cuenta de que tan normal no debía ser. Yo en realidad quería hacer una peli, lo que pasa es que he empezado la casa por la venta y he publicado antes el libro. 

¿Te ha salvado la música?

No, me ha salvado el público. Yo creo que la música te puede salvar la vida pero también te la puede arruinar. Es algo tan poderoso que si tu estado anímico no es el mejor —esto pasa también con las drogas— puede hacerte mucho daño. La música para mí ha sido siempre un factor de riesgo, pero gracias a mi amor por ella he podido saber qué es lo que yo sé hace bien, y en ese sentido mi fortín ha sido la batería. Con el tiempo, todas esas carencias e inseguridades que iba arrastrando he podido afrontarlas a través del aplauso de la gente. El público es el que me ha salvado. La música ha sido el medio y la batería el hilo conductor, una burbuja donde a veces entro en trance y otras, en cambio, estoy pensando en la marca de yogurt que comparé en Mercadona.

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Este libro, según se mire, es también la memoria de una generación indie. ¿Cree que se ha mitificado?

Yo creo que son los despachos los que se han ido nutriendo de todo este tipo de corrientes. Por otra parte, creo también que los grupos terminan por transformarse en maquinas; ensayamos, grabamos, nos vamos de gira y descansamos. Es un ciclo que se repite una y otra vez, y eso para mí le quita toda el alma, es como producir en serie. 

Creo que el indie es ese sonido un tanto naíf que hace un grupo de amigos sin grandes pretensiones por canales no preestablecidos. Lo que ocurre es que en ciertos momentos tiene tanta demanda que no se puede controlar. Ahora sucede que con el boom de los festivales todo el mundo es indie... Y vivan los flamencos, los jipis, los punkis y el buen rollito. Yo creo que un jipi y un punki se tienen que dar de hostias toda la vida, me asusta ver todo ese buen rollo, ¿hasta dónde vamos a llegar?

¿No cree que el indie ha pecado en ocasiones de evasivo?

Yo es que creo que el indie tanto de los 80 como de los 90 viene de buena familia, es una manera de querer ser underground y luchar contra lo establecido porque ya tienes todas las comodidades cubiertas. Creo también que España está llena de músicos de izquierda que luego votan a la derecha, muchos venden una militancia de izquierda, pero su voto no se corresponde con estos supuestos ideales. Estoy convencido que muchos luego votan a la derecha. Creo que esta música ha sido desde siempre una expresión de románticos o un deporte de niños pijos, y que conste que no tengo nada contra ninguno de los dos. Tengo amigos multimillonarios y otros al borde la ruina.

¿Y qué hay de esa fama de desfasado que te persigue?

Pues que me habrán visto en alguna fiesta fin de gira o de algún festival y piensan yo he estado así toda la vida. Pero es que si fuera así yo no podría haber trabajado tanto como lo he hecho, dando clases de batería, formando parte de tres grupos y llevando un bar. Es como si juzgáramos a la gente por lo que hace la noche de la cena de empresa. La gente que me conoce sabe que soy un osito amoroso que da hostias. Mucha gente que ha leído el libro me ha dicho que han llorado de pena y de risa. Si mi vida ha servido para emocionar en plan dramático y también en plan divertido, algo he conseguido.

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