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Joaquin Phoenix en 'En realidad nunca estuviste aquí'

Lynne Ramsay: "La impotencia masculina me parece fascinante"

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La cineasta escocesa pone del revés el cine negro en ‘En realidad, nunca estuviste aquí’ con un sobrecogedor retrato de la “crisis de la virilidad masculina” protagonizado por un inmenso Joaquin Phoenix. Premios al Mejor Guion y al Mejor Actor en el Festival de Cine de Cannes

Culturas

Violencia y venganza a martillazos. Explotación sexual y pederastia. Personaje atormentado en el papel de vengador y muchacha joven, en el de víctima. Dolor y muerte. Lynne Ramsay utiliza las piezas recurrentes del cine negro para construir una película que por fin pone del revés el género. En realidad, nunca estuviste aquí es la mirada de una mujer. La violencia es más brutal por lo que no se ve de ella —los cortes de plano son la clave—, los abusos se intuyen fuera de campo, el vengador no salva a nadie, la víctima se vale por sí misma. La cineasta escocesa ha firmado aquí un impresionante y escalofriante relato de “la crisis de la virilidad”.

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“Joe representa la impotencia de la masculinidad”, sentencia Ramsey, que no prescinde de su antihéroe en casi ninguna escena de la película, provocando así que asome la bestia. Joaquin Phoenix es un ser atormentado en un mundo castigado, un individuo lanzado a una demente venganza como único rescate de una vida que se desmorona. Y es, ¡otra vez! un estremecedor, portentoso, trabajo de este actor. Ganador del Premio al Mejor Actor en Cannes, donde Lynne Ramsay se alzó con el de Mejor Guion.

Las críticas se hartaron de mencionar el clásico de Scorsese Taxi Driver cuando vieron la película de Ramsey, sin embargo, hay en su antihéroe y en su odisea hacia la liberación de la joven víctima mucho más del Ethan de John Ford (Centauros del desierto), de su oscuro pasado después de la guerra, de su obsesión, de su odio y también de su ternura.

Con esta película, usted pone del revés muchas convenciones. El héroe no es tal, la víctima es una mujer, pero se salva a sí misma…

Sí. Leí la novela de Jonathan Ames, que es serie B, y lo mejor en ella era el personaje de Joe y su suicidio consecuencia de un trauma. No era el típico héroe de las películas, era más bien el jorobado de Notre Dame. El personaje falla en su misión, porque no consigue salvar a la niña, no es caballero que salva a la princesa. La chica se salva a sí misma, él cree que es capaz, pero no lo es.

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¿Se ha concentrado en el retrato de lo masculino?

Joe refleja, o más bien representa, la impotencia de la masculinidad, es un hombre que ha encallado por la violencia que le rodea. Es un personaje que encarna una crisis de la virilidad. La impotencia masculina me parece fascinante.

El trauma ya estaba presente en su anterior película, ¿por qué le interesa tanto?

Los cineastas que me gustan están interesados en la condición humana y el trauma es parte de eso. Y este momento que vivimos es muy traumático.

Volviendo a la ruptura de las reglas, usted es una directora mujer que ha rodado una película sobre la violencia…

Mi idea con la película era mostrar que las mujeres en este mundo son a menudo tratadas como objetos y con mucha violencia. Por eso es una película violenta. Y en toda la historia se revela la existencia de ese ciclo de violencia en el tiempo, del que no se salva nadie. La película es más sobre las secuelas de la violencia que sobre la violencia en sí, es casi la post violencia. Me gusta mucho la poética de la violencia en el cine, disfruto con Tarantino, pero también me aburre a veces, yo prefiero dar humanidad a la violencia. Por otro lado, las mujeres somos capaces de rodar acción y violencia igual y mejor que los tíos.

Han dicho que Joe es el nuevo Travis del cine (‘Taxi Driver’) y otros que ésta es la película de un samurái, ¿qué le parece?

Me gusta esa película mucho, claro, es un clásico, y las de samuráis, pero nunca busco referencias. En realidad lo que más veo son películas documentales. Me río un poco de esto, no lo tuve jamás como referencia. Es verdad que aquí hay cosas que no te esperas y está el toque de que el personaje de miedo.

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Algunos han querido sacar conclusiones oscuras de la relación, muy tierna, del personaje con su madre, ¿no le irrita que intenten culpabilizar a las madres?

Sí. Empecé a hablar con la actriz que interpreta a la madre (Judith Roberts) y rodando la escena de la vuelta a casa veía a mi propia madre, que también ve la televisión con un volumen muy alto y no está sorda, solo que es así como le gusta. Ella fue la que me dio la clave. En esa relación entre un psicópata y su madre hay mucho de humor negro. La verdad es que podríamos haber hecho una película solo de eso.

La virilidad masculina en plena crisis en 'En realidad, nunca estuviste aquí'

¿Nota mucho que es una mujer en el mundo del cine?

Lo cierto es que nunca he tenido problema con mis equipos por ser mujer, tengo muy buena relación con todo el mundo. Es verdad que si eres hombre y propones un cambio, te dice: “Sí, tío, qué guay”. Y si eres mujer, lo que dicen es: “Qué neurótica, qué histérica”. Pero a mí misma me veo como una cineasta, no pienso si soy mujer o escocesa, pero la realidad es la que es. Así que sí, no puedes dejar de notarlo.

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Ha apostado por una historia contada visualmente, casi sin diálogos, ¿por qué?

Soy fan del cine mudo, los mejores directores hacen películas que puedes ver sin sonido y, sin embargo, sigues perfectamente la historia. Me vi Chinatown en bucle sin sonido y funcionaba. Yo escribo así, también los cineastas que más me gustan. Pienso en imágenes. Estudié fotografía en la Escuela de Cine y estoy bastante segura de las imágenes. Además, lo que no pude hacer con este presupuesto en 35mm sí he podido hacerlo en digital, que ha sido mi primera vez. Aunque antes hice un test en el laboratorio para ver cómo el digital trataba la imagen. Me gustó. Además, tuve que arrancar más de veinte páginas de guion.

Por lo visto Joaquin Phoenix fue quien la llamó a usted y no al contrario, ¿es así?

Sí. Y es la primera vez que hago una película sin conocer al actor antes. Me dijeron que Joaquin Phoenix lo haría pero que solo tenía seis semanas para la preparación y el rodaje. Todavía nos quedaba buscar algunas localizaciones y lo hicimos todo rapidísimo. Mientras escribía tenía una foto suya delante del ordenador. No ensayamos, pero hablamos mucho del personaje. Tuve que arrancar veinte páginas del guion e iba cambiando cosas a medida que hablaba con él. Me cuestionaba algunas cosas y me decía, por ejemplo, “¿y esta tontería?” y casi siempre tenía razón.

Tiene fama de difícil…

No lo es y en este rodaje nos reímos mucho, hablamos mucho de música. No fue instantáneo, pero llegamos a tener una confianza y una conexión. Ahora podríamos hacer una comedia.

Antes de esta película, abandonó usted el primer día de rodaje ‘La venganza de Jane’. ¿Es posible que haya aprovechado la rabia que eso le provocó para ésta?

Lo abandoné y fue una decisión muy difícil porque pensé que podría ser un gran proyecto, pero tuve clarísimo que los productores querían otra película completamente diferente y entonces ya no tenía sentido. Yo ya tenía la película hecha en mi cabeza, pero… Aprendí mucho para el siguiente proyecto y sí, también me quedé con mucha furia dentro que se refleja en En realidad, nunca estuviste aquí. Me quedé con una sensación de enfado porque pensaba que se podía hacer algo muy especial y me dio pena porque era un muy buen equipo. Pero ¡me echaron de mi propio guion! buscando que fuera una película más comercial.

La han tentado alguna vez desde Hollywood, ¿lo tiene en cuenta?

Cuando esté despedido el director de Star Wars, seguro que no me llaman a mí. Pero me gusta leer los proyectos que me envían. Ahora estoy valorando uno con Cassey Affleck, pero tienes que estar muy segura porque al final son dos o tres años de tu vida. Además, una película en Hollywood económicamente tiene que funcionar, tiene que ser muy excitante para el público.

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