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Interior de la Librería 'SinTarima Libros', en Madrid.- JAIRO VARGAS

Librerías de barrio en peligro de extinción

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Pese a que el número de establecimientos de este tipo creció el 3,7% en 2016, sus cuentas no auguran nada bueno. Estos comercios son los que más pérdidas tuvieron en 2016, frente a las grandes cadenas que aumentaron sus beneficios.

Culturas

La polarización del mercado del libro está haciendo mella en los pequeños establecimientos encargados de proveer al personal de dicho artefacto. Las llamadas “librerías de proximidad”, también conocidas como librerías de barrio —según datos del reciente informe Observatorio de las Librerías realizado por expertos de la Universidad de Zaragoza— son las que más dinero han perdido en 2016. Sus ventas anuales están por debajo de los 150.000 euros y sus beneficios han descendido un 15% respecto al año anterior.

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La razón, de tan obvia, resulta casi una boutade, a saber; las grandes venden cada vez más y las pequeñas cada vez menos. Un proceso de atomización y concentración que —curiosamente— no ha impedido que se sigan abriendo. Según dicho estudio, amparado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y el Gremio de Libreros de Madrid, el número de librerías en España aumentó en 2016 un 3,7% respecto a 2015, hasta alcanzar la cifra de 3.967, frente a las 3.824 del ejercicio anterior.

Una tímida proliferación que, en palabras de los profesionales del sector, convendrían matizar. “Sí, es posible que haya habido un incremento, pero la mitad de las librerías que abren no tienen apenas fondo”, explica el librero Santiago Palacios, al frente —entre otras— de SinTarima Libros de Madrid. “Por lo general esto se debe o bien a que no tienen capacidad de compra o bien a que han decidido hacer una apuesta muy reducida”.

Santiago Palacios en su librería SinTarima Libros, en la calle Magdalena de Madrid.- JAIRO VARGAS

Sea como fuere, lo cierto es que se hace necesario acotar qué entendemos por “librería de proximidad”. El Observatorio de las Librerías dibuja un panorama muy poco alentador: la mitad del censo librero factura menos de 90.000 euros al año, y un 23,6% menos de 30.000 euros. Las que facturan más de 1.500.000 euros son solo el 1,6%, 42 establecimientos del total. Dicho en plata —y en palabras de Pino, de Enclave Libros—, “se considera librería a espacios de venta que apenas tienen libros y que parece que esconden la cama tras la estantería”. Un modelo de negocio minúsculo, casi unipersonal, que da pie a emprender una aventura de futuro incierto.

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En ese sentido, Pino aboga por un análisis más fiable: “Hace falta una segmentación mejor en este tipo de estudios porque eso permitiría una imagen más precisa de las necesidades y recursos del sector. Lo que ocurre es que se tiende a externalizar este tipo de investigaciones porque a nivel institucional no son más que asignaturas políticas que han de cumplir. Esto hace que nos encontremos con resultados poco equitativos y no muy útiles”.

Pino, en su librería, Enclave Libros, en la calle Relatores de Madrid.- JAIRO VARGAS

Cuestión de márgenes (y de presentaciones)

"Creemos que uno de los motivos por los que las pequeñas y medianas librerías están pasando más apuros es que tienen menos capacidad de organizar actos, y especialmente si están en poblaciones más pequeñas, tienen un margen de maniobra menor", manifestaba Juancho Pons, presidente de Cegal, durante la presentación del informe. De hecho, el Observatorio de las Librerías refleja que es en las presentaciones de libros o firmas el momento en el que estos comercios más ventaja consiguen.

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Unos datos que explican, solo en parte, ese incremento de librerías y algo más. Cafetería, sala de exposiciones, servicios enológicos… Una reinvención que complementa el clásico tridente librero-libro-lector con aderezos varios y que requieren de un espacio con unas prestaciones mínimas. En ese sentido, como apunta Palacios, “la presión de los alquileres es brutal y lo va a seguir siendo. O tienes un local en propiedad o cuentas con unos caseros magníficos que te dan cuartelillo”.

Añadan al desaforado mercado del alquiler y los traspasos, un negocio cuyos márgenes son más bien exiguos. Difícil —casi mágico— hacer frente a las desorbitadas mensualidades de la ciudad a través de la venta de libros. “Creo que en París las librerías reciben algún tipo de ayuda con respecto a los alquileres… Esto sería una muy buena medida en una ciudad como Madrid, si pudiéramos contar con ayudas de ese tipo quizá librerías ilustres como Fuentetaja seguirían funcionando”.

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