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'The Looming Tower' tiene como protagonista a John O'Neill, al que interpreta Jeff Daniels.

La rivalidad entre la CIA y el FBI llevada a las series: ¿Quién tiene las mejores?

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Amazon Prime Video estrena este viernes 'The Looming Tower', serie de diez episodios ambientada en los noventa que refleja la rivalidad entre la CIA y el FBI en los años previos al ataque contra las Torres Gemelas. Dos agencias que rivalizan en la realidad y que cuentan con un buen número de series por separado.

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The Looming Tower aborda un polémico planteamiento que ya planteó el libro homónimo de Lawrence Wright en el que se basa y que esgrime la teoría de que la rivalidad entre dos de las agencias más poderosas de Estados Unidos, la CIA y el FBI, pudo favorecer que se cometiesen los atentados del 11S contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Ambientada en los noventa, con Al-Qaeda y Bin Laden ganando terreno, la serie abre distintos frentes y todos ellos igual de sucios y complejos. El FBI está representado en la figura de John O'Neill, al que interpreta un Jeff Daniels experto a la hora de retratar personajes soberbios y desagradables en el trato. Frente a él y en la CIA, Martin Schimdt (Peter Sarsgaard), igual de prepotente. Ambos protagonizan los duelos verbales The Looming Tower, cada uno defendiendo su parcela y acusando al otro de no compartir información. Cada uno sacando pecho y tirando basura en el tejado contrario. Una competencia que va más allá de los despachos.

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Es algo que sorprende y se agradece, que la acción no se limite al cuartel de operaciones en Nueva York del Escuadrón I-49 y en Washington de la Estación Alec, las divisiones antiterroristas del FBI y la CIA. La cámara sigue a los agentes sobre el terreno, a las zonas de conflicto, y se intercalan imágenes reales de Bin Laden y mediáticas con las rodadas. El resultado en una serie con una premisa tan interesante como bronca y una puesta en escena que recuerda, inevitablemente, a Homeland.

En The Looming Tower se plasma un enfrentamiento existente entre el FBI y la CIA que no suelen compartir plano en la pequeña pantalla

En The Looming Tower se plasma un enfrentamiento existente entre estas dos agencias que no suelen compartir plano en la pequeña pantalla. Son, como O'Neill y Schimdt, más de marcar su terreno y que cada una tenga sus propios títulos. Así, mientras en The Looming Tower CIA y FBI se enfrentan a cara de perro y al final quienes pierden son los ciudadanos, si se traslada su rivalidad al mundo seriéfilo, quien gana es el espectador, que puede disfrutar por partida doble. También es cierto que algunas producciones sería mejor que nunca hubiesen existido y que no todas se ven reflejadas en este texto.

En volumen, la cosa está repartida. Aunque el FBI goza de más tirón, quizá por las cazadoras y las gorras marca de la casa, lo cierto es que la CIA tiene algunas producciones interesantes. The Agency (2001-2003) existió aunque no la recuerda todo el mundo. La que más ampollas y pasiones ha levantado en las últimas temporadas es, claro, Homeland. Sin polemizar tanto en su planteamiento como The Looming Tower, el hecho de convertir a un héroe de guerra estadounidense en un terrorista dispuesto a inmolarse en un búnker para llevarse por delante a la plana mayor del Gobierno y a la mejor agente de la CIA en una mujer con problemas mentales fue bastante rompedor en su día. La idea original la tomaron prestada de una serie israelí y la americanizaron con acierto. Siete temporadas después mantiene niveles muy altos pese a perder tras la tercera tanda de episodios a uno de sus puntales básicos, Nicholas Brody (Damian Lewis).

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Carrie Mathison protagoniza la serie 'Homeland'.

Con mucha menos repercusión pero de alta calidad es también Berlin Station, que puede verse en HBO España y que sigue las peripecias y traumas de espía de Daniel Miller, un agente de la CIA destinado a la estación de la agencia en Berlín al que interpreta Richard Armitage. Hay más, como Alias, memorable también en su estilo. O las incursiones de MacGyver al servicio de la CIA, que no cuentan como serie sobre esta agencia, pero que merecen al menos una mención.

En la CIA hay buen material y ese rollo de espía, misterio, dobles identidades y secretos de Estados tiene mucho gancho a la hora de generar drama. En su contra juega el haber servido de excusa argumental para series como aquel disparate llamado Undercovers con un matrimonio de agentes producida por J.J. Abrams, Covert Affairs y Allegiance, que tenía buenas intenciones pero poco más. Por suerte para su reputación seriéfila, siempre le quedarán ex agentes reciclados de la talla de John Reese (Jim Caviezel) en Person of Interest y Jack Bauer (Kieffer Sutherland), que el protagonista de 24 también tiene un pasado en Langley.

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El reciente y sobresaliente tirón del FBI

Sobre la CIA hay buen material seriéfilo. No muchas, es cierto. Sin embargo, en este apartado, en el de calidad, el FBI se impone gracias a su mayor diversificación, a las posibilidades que ofrece y al hecho de que dos de las mejores series de la pasada temporada abordasen casos reales tratados por el FBI con muy buenos resultados. Mindhunter y Manhunt: Unabomber tienen parte de la culpa de que el FBI se imponga. La primera, original de Netflix, es David Fincher en estado puro. Su protagonista, Holden Ford (Jonathan Groff), completa uno de los arcos evolutivos de descenso a los infiernos más interesantes que se han visto en el panorama televisivo reciente. Además de estar rodeado por unos secundarios de nivel, algunas de sus mejores escenas las compartía con un Edmund Kemper (Cameron Britton), que se convirtió en la revelación del año.

Mindhunter se ambienta en los años setenta, en ese momento en el que empieza a acuñarse el término asesino en serie y dos chiflados del FBI consiguen financiación y recursos para desarrollar una investigación de campo consistente en entrevistar a los asesinos más sádicos del país para entender cómo piensan. Algunos de los que se citan y aparecen, como Kemper, son reales. Algo que comparte con Unabomber, terrorista aficionado a enviar bombas a través del sistema de correo postal estadounidense que tuvo a los agentes en jaque durante dos décadas. Hasta que uno de ellos, Jim Fiztgerald (Sam Worthington), puso en práctica un novedoso método de estudio de la escritura y el lenguaje con el que logró cercarle y capturarle a costa de su propia salud mental y su vida familiar.

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El duelo entre el agente Holden Ford y el asesino Edmund Kemper en 'Mindhunter' es de altura.

Esas son recientes, pero pensar en series del FBI es pensar en títulos como Fringe y Expediente X. Dos series de ciencia ficción con divisiones inventadas para estudiar casos extraordinarios que no por no ambientarse en el mundo real son menos buenas. De hecho, las dos son las mejores series con agentes del FBI como protagonistas que se han filmado en muchos sentidos. La primera, obra de J.J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci acoge a una de las grandes heroínas de la televisión, la agente Olivia Dunham (Anna Torv), y a uno de los mejores científicos locos, el doctor Walter Bishop (Jonh Noble). La otra, la mítica serie de Chris Carter renacida recientemente, es un legado televisivo digno de estudio y veneración, con sus altos y sus bajos, que tiene muchos. Pero Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson) son historia viva da la televisión y eso merece un respeto.

Icónico es también el agente Cooper de Twin Peaks aunque la serie no gire en torno al FBI. Luego están otros títulos que se han mantenido a lo largo de los años como The Blacklist, Mentes criminales, The Following o Bones. Algunas con mayor fortuna y seguidores que otras, pero todas longevas salvo la protagonizada por Kevin Bacon, que desbarró nada más arrancar la segunda temporada. Lo cierto es que los procedimentales gustan mucho al otro lado del charco y si entre los protagonistas hay tensión sexual o chispas románticas, el público se mantiene fiel, como en el caso de Bones, con 12 temporadas. Ocurre con los agentes en general, no solo con los del FBI.

Fuera de cualquier marco en el que se pueda colocar a las mencionadas antes se encontraría Quantico. Lo que hizo en 2015 su creador, Joshua Safran, fue, básicamente, seleccionar a un reparto altamente cualificado para la pasarela, encerrarle en el centro de formación de los agentes del FBI y darle una trama terrorista que resolver sin casi despeinarse. Así era su primera temporada. Después se liaron algo más porque en algún momento había que graduarles y convertirles en agentes con placa y pistola. Lo que funciona en Quantino va más allá del empuje que pueda tener el FBI. Lo suyo es otra cosa y en abril estrenará su tercera temporada.

A los 'raritos' los ficha el FBI

Es un hecho. Cierto es que los agentes de la CIA suelen ser un tanto especiales. No solo Carrie Mathison (Claire Danes). Tiene que ver con le hecho de vivir en las sombras, sin poder contarle ni a sus parejas qué hacen o con estar obsesionados con teorías sobre conspiraciones capítulo tras capítulo. Sin embargo, a la hora de la verdad, a los más 'raritos' los ficha el FBI. O, mejor dicho, los convierte en agentes o en sus consultores. Olivia Dunham tiene lo suyo, poderes vía experimentación con niños. Mulder se prodiga en las teorías locas y Scully tiene ADN extraterrestre. No están solos. ¿Qué se puede decir, por ejemplo, de Will Graham (Huhg Dancy) en Hannibal? Y el agente Cooper es inclasificable.

Eso en cuanto agentes, que lo de poner como compañero para la resolución de casos a alguien externo con habilidades o aficiones extravagantes es muy del FBI también. Por mencionar a algunos, el ladrón de guante blanco de Matt Bomer, el mentalista que resuelve casos, el adicto a las pastillas que le hacen superinteligente en Sin límites, el neuropsiquiatra de Perception y así unos cuanto más. Por no hablar de que el asesor de Graham era el mismísimo Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen), reconocido psiquiátrica, asesino y caníbal sibarita.

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